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El nuevo 'Pla de Barris i Viles'

Illa recupera un proyecto de hace 20 años para dar vida a la Cataluña vaciada

Muchos pueblos pequeños se han sumado a la primera convocatoria de Pla de Barris i Viles 2025-2029, dotado con 1.600 millones de euros. Para los pequeños municipios es una oportunidad para frenar la despoblación

Foto: Salvador Illa. (EFE/Quique García)
Salvador Illa. (EFE/Quique García)

El Govern de la Generalitat ha recuperado una de las políticas urbanas más emblemáticas de las últimas décadas: la antigua Ley de Barrios, que entre 2004 y 2010 permitió financiar proyectos de regeneración urbana en 140 localidades de toda Cataluña. Ahora, bajo el nombre de Pla de Barris i Viles 2025-2029, el Ejecutivo de Salvador Illa retoma esa iniciativa.

En esta nueva etapa, el programa cuenta con una dotación total de 1.600 millones de euros —1.000 aportados por la Generalitat y unos 600 por los ayuntamientos—, destinada a impulsar aproximadamente 120 proyectos de transformación urbana, transición ecológica y acción comunitaria. Hace apenas unas semanas se cerró la primera de las cinco convocatorias previstas, con 83 municipios de 30 comarcas que ya han presentado sus propuestas.

Para poder acceder a estas ayudas, los municipios deben cumplir ciertos requisitos que garanticen que los recursos se destinan a los territorios más vulnerables. Entre ellos, tener una renta media inferior a la del conjunto de Cataluña y una dimensión poblacional adecuada que permita aplicar las actuaciones de forma efectiva.

En este contexto, muchos municipios rurales han visto en este plan una oportunidad para frenar la despoblación y revitalizar su tejido urbano y social. En su caso, más que una inversión, el programa se percibe como una apuesta por la supervivencia y el futuro de sus comunidades.

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El territorio rural en la encrucijada

"En el mundo rural tenemos un problema grave: se pierde población, y el pueblo que no haga nada al respecto verá comprometido su futuro". Así lo resume Joaquim Paladella (UPTA-CP), alcalde de Batea (Terra Alta), un municipio de unos 1.900 habitantes que se ha sumado a la primera convocatoria del nuevo Pla de Barris i Viles. Según explica, el programa "encaja a la perfección con lo que necesitan los pueblos pequeños: herramientas para frenar la despoblación, modernizar los servicios y mejorar la calidad de vida de los vecinos".

En esta ocasión, Batea ha presentado un proyecto integral que abarca prácticamente todo el municipio. La propuesta incluye la rehabilitación del casco antiguo, con intervenciones en viviendas y fachadas, la creación de refugios climáticos en la escuela, y un plan de reforma de viviendas destinado especialmente a personas mayores, entre otras medidas. "Hay gente mayor que necesita que sus casas estén adaptadas. Instalar ascensores sería una mejora enorme, y es algo que no todo el mundo puede permitirse", señala Paladella.

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El alcalde insiste, además, en que no se trata solo de un proyecto urbanístico, sino también social. "Queremos un pueblo más habitable, sostenible y solidario. Pero también queremos que se nos escuche. Los pueblos tenemos que luchar por nuestro futuro", subraya. Aún queda por ver qué municipios podrán materializar sus propuestas. Las solicitudes de esta primera convocatoria siguen en fase de evaluación, y el Govern prevé resolverlas antes de que termine el año. "Veremos si realmente se apuesta por los pequeños municipios", concluye Paladella.

En una línea similar se pronuncia Francesc Roset (AE-AM), alcalde de Arbeca (Les Garrigues), un municipio de unos 2.100 habitantes que también ha presentado la candidatura. La localidad ha diseñado un proyecto que integra 37 actuaciones en materia de infraestructura, vivienda y sostenibilidad.

Entre las propuestas más destacadas figuran la construcción de una nueva biblioteca, la renovación del alumbrado público y la creación de un centro cívico pensado para dinamizar la vida local y ofrecer actividades que atraigan a los jóvenes. "Queremos que el pueblo sea sostenible para las próximas décadas, atraer población y ofrecer oportunidades a las nuevas generaciones", admite Roset.

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A pesar de que desde el consistorio intentan aprovechar todos los programas posibles para modernizar el municipio y ofrecer nuevas oportunidades a los vecinos, el alcalde de Arbeca reconoce que, desde el ámbito rural, las políticas estatales y autonómicas siguen sintiéndose "demasiado centralizadas". Considera que, "aunque desde Barcelona o Madrid se habla con frecuencia de la España vaciada, las medidas reales apenas llegan a los municipios pequeños".

Aun así, Roset destaca el importante esfuerzo técnico y administrativo que su equipo ha llevado a cabo para poder optar a la convocatoria. Se trata, asegura, de la subvención más grande que el municipio ha solicitado hasta la fecha. Por eso, si en esta ocasión Arbeca no logra materializar su propuesta, "se volverá a intentar en la siguiente edición", afirma el alcalde de este pequeño municipio de la provincia de Lleida.

La importancia de la participación

Para la arquitecta y urbanista Zaida Muxí, profesora de Urbanismo en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (UPC) y también en el Tecnológico de Monterrey, el nuevo Pla de Barris i Viles recupera un modelo que ha demostrado ser eficaz para reforzar la cohesión comunitaria. Muxí, que dirigió el área de Urbanismo, Vivienda y Espacio Público en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) entre 2015 y 2019, defiende que la participación ciudadana es clave para que los proyectos sean sostenibles y justos.

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"Debe haber un diálogo real entre gobiernos y ciudadanía, con objetivos claros y procesos transparentes", apunta. Y añade que las estrategias de participación deben adaptarse a cada territorio: "No toda la sociedad está organizada igual, pero eso no significa que no se pueda participar".

Más allá del diseño físico, la urbanista subraya que planes como este son una herramienta esencial para reducir la desigualdad territorial y fortalecer el vínculo entre comunidades y administraciones. "Antes las rehabilitaciones se centraban solo en lo físico. Ahora se combinan con la acción comunitaria y la transición ecológica. Esa es la gran diferencia", explica.

Para Muxí, estos programas solo pueden tener éxito si existe una coordinación real entre las distintas áreas que intervienen y si la administración acompaña a los municipios durante todo el proceso. "Ahí está el verdadero cambio: en entender la transformación urbana como un proyecto colectivo, que no solo mejora los espacios, sino también la vida de quienes los habitan", concluye.

Lo cierto es que el nuevo Pla de Barris i Viles llega en un momento en que el futuro de muchos municipios rurales depende precisamente de su capacidad para reinventarse. Más allá de muros, calles o fachadas, lo que está en juego es la forma de habitar y de convivir en el territorio. En este sentido, son las voces de Batea, Arbeca y tantas otras localidades que se han presentado a esta primera convocatoria las que muestran que las políticas urbanas también pueden ser un instrumento de justicia territorial.

El Govern de la Generalitat ha recuperado una de las políticas urbanas más emblemáticas de las últimas décadas: la antigua Ley de Barrios, que entre 2004 y 2010 permitió financiar proyectos de regeneración urbana en 140 localidades de toda Cataluña. Ahora, bajo el nombre de Pla de Barris i Viles 2025-2029, el Ejecutivo de Salvador Illa retoma esa iniciativa.

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