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¿Cinco euros por entrar a un mercado? La Boquería muestra el futuro del comercio
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"¿QUÉ SOMOS, BUFONES?"

¿Cinco euros por entrar a un mercado? La Boquería muestra el futuro del comercio

La posibilidad de cobrar entrada en el popular mercado barcelonés ha levantado ampollas entre los comerciantes y señala cuál puede ser la dirección a seguir: ¿comercio o atracción turística?

Foto: Un lugar fotografiable. (Foto: C.F.)
Un lugar fotografiable. (Foto: C.F.)
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Casi al mismo tiempo en que La Boquería recibió el reconocimiento de la revista Food & Wine al mejor mercado del mundo, el historiador estadounidense Paul Freedman dijo que está en proceso de destrucción. Estas visiones opuestas sintetizan la actualidad de un sitio que parece haber adoptado el espíritu del doctor Jekyll y el señor Hyde.

¿Merecería la pena pagar cinco euros por ingresar al mercado más antiguo de Barcelona? Ese es el debate que hace semanas se ha instalado cuando el gerente del Instituto Municipal de Mercados, Màxim López, planteó que era una posibilidad. Su lógica indicaba que limitar la afluencia de visitantes permitiría recuperar la esencia. La idea no tuvo demasiados adeptos.

“¿Van a pagar un ticket para vernos? ¿Qué somos? ¿Bufones? Esto es un mercado”, dice un comerciante al que no le gustó nada la idea. “Es una paparruchada”, responde otro. “Esas son fake news, no se puede hacer”, se indigna una de las señoras con más historia allí.

Entre los visitantes, la respuesta es parecida: una pareja de italianos dice que no pagaría: “me ha gustado, pero es demasiado turístico”, dice a El Confidencial al salir por el acceso hacia Las Ramblas. Una madre alemana con dos jóvenes adolescentes dice que le gustó, pero solo para dar una vuelta. “La gente no pagaría por entrar, no merece la pena”, afirma. Nadie sale disgustado, pero simplemente lo consideran un paseo callejero más. La excepción son cuatro señoras italianas de Trentino que salen fascinadas y dos jóvenes canadienses que dicen que es “un lugar muy valioso”.

Ya no se venden solo productos frescos, sino la comida para llevar se ha multiplicado

Las hordas de gente que caminan por la calle más turistificada de Barcelona ahora deben rodear unas rejas de la calle en construcción para ingresar. Inaugurado de manera informal en el siglo XII, su fama mundial de productos frescos y de la más alta calidad lo transformó en un emblema de la ciudad. Los vecinos recuerdan que hace años hacían una hora de fila para comprar el mejor pescado de Cataluña. La recomendación se fue extendiendo y llegó a oídos de los visitantes. Y como todo lo que toca el turismo… cambia.

Ya no se venden sólo productos frescos tradicionales. Las pescaderías son muchas menos y los sitios de comida al paso se han multiplicado. Zumos, papas fritas con ketchup, turrones y hasta souvenirs son algunos de los bestsellers, donde los horarios de mayor afluencia no coinciden con los de un mercado barrial.

placeholder Las visitantes italianas en la Boquería. (Foto: C.F.)
Las visitantes italianas en la Boquería. (Foto: C.F.)

El modelo de negocio funciona: con miles de visitantes todos los días, los puestos se han vuelto espacios cotizados. Con el paso de los años, los comerciantes vieron que lo verdaderamente rentable ya no era vender lo autóctono, sino baratijas para turistas. El proceso comenzó hace algunos años y en ese cambio muchos creen -incluso los administradores- que se perdió la esencia.

Escena dantesca en el mercado

El 26 de septiembre, el Ayuntamiento de Barcelona, a través del Instituto Municipal de Mercados, anunció que se había aprobado por mayoría una reforma para “revitalizar el mercado, con el objetivo principal de mantener su esencia como mercado alimentario y su carácter singular”. La nueva regulación busca limitar la venta de productos elaborados, exigiendo que los vendedores tengan, al menos, un 40% de productos tradicionales. También se anunció una inversión de 12 millones de euros para reformas de infraestructura, que los comerciantes deberán abonar según los metros cuadrados que le corresponden.

La votación asamblearia fue una escena dantesca, cuentan algunos de los que estuvieron allí. No recibieron copias del documento y, como en la época medieval, se hizo a voz alzada. El nuevo reglamento aún no se ha hecho público y no se conoce el proyecto de las obras anunciadas para el verano de 2026. Mediante esta aprobación, a los vendedores se les garantizó una renovación para conservar su espacio durante los próximos 50 años.

placeholder Uno de los puestos de comida asiática del mercado. (Foto: C.F.)
Uno de los puestos de comida asiática del mercado. (Foto: C.F.)

Exactamente medio siglo es el que cumple en 2025 Bolets Petras en La Boquería. El negocio familiar vendió setas a granel durante décadas y en el último tiempo añadieron pequeñas bolsas para que también puedan llevar los turistas. Pero su producto de propio cultivo y de máxima calidad por el que los chefs más renombrados de Barcelona siguen yendo a La Boquería, no es lo más atractivo para los visitantes ocasionales. Por eso, en sus bodas de oro decidieron cerrar temporalmente.

Xavi, tercera generación de Petras al cargo del negocio familiar, cuenta a El Confidencial: "Estamos pendientes de que nos aprueben el proyecto en los próximos días. No tiene sentido seguir como hasta ahora. Yo vendo a restaurantes y allí dentro no puedo mover tanto volumen. Desde el COVID-19 lo tenía pensado y si en La Boquería no me aprueban el proyecto, me voy definitivamente porque yo no venderé manzanas".

PREGUNTA. ¿Qué opina de la opción que se mencionó de cobrar el acceso a cinco euros?

RESPUESTA. Es una mentira flagrante, pero yo lo haría, pese a que no me conviene. Me parece bien que hagan tipo un Mercado de San Miguel de degustación, pero de buena calidad. Pero puede ser insostenible porque un día baja el turismo, ¿y qué haces?

P. ¿Y respecto a la normativa de limitar la venta de productos elaborados?

R. La veo bien, pero el público local no va a volver. La clientela de toda la vida se ha perdido hace tiempo y si no ponen reglas para regular al turismo, por más normativa que haya es un contrasentido.

El cotilleo de La Boquería dice que si ese espacio estuviera a la venta sería un negocio millonario

Xavi dice que el 20 o el 25% de La Boquería continúa siendo de calidad. No quiere nombrar a todos porque dice que se olvidará alguno, pero sí menciona a Vidal Pons. Esta frutería la inició una humilde señora hace 47 años y hoy es sinónimo de las mejores cerezas, fresas, manzanas y mangos de toda España. Además, está en una ubicación estratégica: justo al inicio del pasillo central del ingreso por Las Ramblas. Millones de turistas pasan por allí todos los años, lo que llevó a actualizar su escaparate con chocolates con pistacho, zumos y otros productos elaborados. Considerando que ahora tiene seis puestos, mal no le va.

El cotilleo de La Boquería dice que si ese espacio estuviera a la venta sería un negocio millonario. Pero Vidal Pons no piensa vender porque además de sus frutas y los productos de su oferta actualizada, también ese espacio tiene las raíces de la historia familiar.

Las últimas veces que hubo puestos en venta, apareció un interesado dispuesto a todo. Algunos traspasos, dicen, se pagaron con millones de euros. En los pasillos de La Boquería se comenta que hay un propietario de aproximadamente el 40% de los negocios, incluyendo los bares principales, charcuterías, tiendas de turrones y otros sobre Las Ramblas. Pocos serían capaces de identificarlo entre la multitud. Elharrar Mardochee Maki prefiere el anonimato mientras acumula balances millonarios vendiendo productos que no guardan ninguna vinculación con lo autóctono. Para él, La Boquería es un negocio más y si las fresas con chocolate, los conos de papas fritas y el pescado en freidora de aire se venden, no hay mucho por discutir. La reglamentación del Instituto Municipal de Mercados que exige productos frescos podría afectar su modelo de negocio.

placeholder Las frutas de Vidal Pons. (Foto: C.F.)
Las frutas de Vidal Pons. (Foto: C.F.)

El chef Arnau Muñío visitó durante más de una década La Boquería para seleccionar lo mejor del mercado hasta que en 2018 abrió Direkte, un restaurante allí mismo. El 90% de sus ingredientes los conseguía a pocos metros, pero este año ha mudado su propuesta de cocina de autor a un local más grande sobre la calle París, en el barrio del Eixample. Sin embargo, continúa yendo para elaborar los platos de su sofisticada carta.

"La Boquería es un sitio maravilloso. Hay gente muy apasionada por lo suyo y con unos valores muy grandes, pero luchan a contracorriente. Está claro que no es la tendencia habitual. No hay una demanda grande por parte de la población de ir a comprar. Son hábitos sociales. No hay un culpable único como tampoco una solución única", explica.

P. ¿Cuál piensa que sería el escenario ideal?

R. Lo ideal sería que La Boquería fuera especializada en productos de calidad, de proximidad y un referente a nivel mundial de ello, pero esto es soñar mucho. Yo creo que sería una solución muy bonita y muy positiva para la ciudad porque al final sería un mercado que la gente visitaría porque sería único en el mundo, tendría una calidad estupenda y estaría defendiendo a los pequeños productores de la zona, que yo creo que es lo que debería hacer un mercado municipal.

"En muchos mercados de Japón pasa lo mismo: hay más gente de visita que comprando"

P. ¿Ha empeorado la calidad de los productos?

R. Esto se ha ido transformando cada vez más. Resulta que la persona que vendía fruta, empezó a venderla cortada y luego en lugar de tirarla cuando se había puesto madura, la cogía, compraba una licuadora y hacía un zumo para vender al turismo. Me parece super digno, pero el problema es si el zumo no es de ese día o la imagen que estamos dando. No lo sé de primera mano, pero creo que ha habido una falta de control.

P. ¿Se podría regular?

R. Me encantaría que hubiera un sello de calidad. Pero es imposible. Es como decir, me encantaría que en Barcelona no se vendan croquetas congeladas, pero no hay un Órgano Regulador de Croquetas. Hay muchos puestos que no se dedican a la calidad ni a la venta local, sino sencillamente hacen venta ambulante de una calidad cuestionable. Déjame decir que estos son 60 u 80 comercios y es muchísimo. Pero quedan muchos muy buenas. Hay dos caras de la moneda. Creo que hay que decir lo que está mal, pero hay que apreciar a los que están sobreviviendo.

P. ¿Es comprensible que los traspasos de las paradas sean a precios astronómicos?

R. Si es un sitio que van a pasar tantos potenciales clientes por delante, yo entiendo que los precios sean altos. Si quieres montar un restaurante en Paseo de Gracia va a ser caro. Al final, Barcelona es una ciudad pequeña e igual que hay problemas de vivienda, hay problemas de traspasos, hay problemas de pocas licencias y sí, claro, los precios son altos.

P. ¿Vería mal que La Boquería se vuelque por completo a ser un mercado turístico?

R. Mira, este verano he estado en Japón y en muchos mercados pasa exactamente lo mismo: hay más gente de visita que de compra. Han encontrado otro tipo de soluciones. Las pescaderías venden pescado, mariscos y lo dejan preparadito para la gente que pueda comprar. Y no hay ningún problema porque es de calidad. Hace 20 años eran mercados y hoy son sitios de degustación, pero lo que creo que no puede convivir es el mercado con la baja calidad.

P. ¿Piensa que se podría cobrar 5 euros el ingreso?

R. Dudo que eso sea bueno y dudo que se haga. La Boquería es el sitio turístico más visitado de Barcelona, pero porque es gratis.

Según la Asociación de Comerciantes de La Boquería, el mercado emplea a más de 1.300 trabajadores y recibe más de 25 millones de personas por año. Popularmente se dice que si el dueño del puesto no está a la vista es posible que algo de la esencia se haya perdido. Muchos de los que atienden son latinoamericanos o asiáticos que al unísono repiten “Hola”, “Hi”, “¿Quieres probar?” Do you want to try?”.

"Si tienes buen pescado es donde vas a comprar y vienen a verme a mí con la fruta, van al embutido, compran la carne, la patata"

Entre las reformas anunciadas por el Ayuntamiento, una de las pocas especificadas es la renovación integral de la icónica isla de la pescadería. Este sector es uno de los más afectados por el cambio del público. A un costado del pescado fresco, los empleados tienen una freidora de aire para en dos minutos ofrecer un bocadillo para llevar. Aunque está prohibido, los controles parecen hacer la vista gorda a este recurso para paliar la crisis.

A pocos metros atiende Marc Besora, cuarta generación de una frutería, que no está dispuesto a vender ni un zumo. Con un cigarrillo en la boca está detrás de un ordenador, donde lleva la contabilidad del día. "Hay una cosa que nadie ha dicho y lo voy a decir para que la gente me oiga: generalmente el corazón de un mercado es el pescado. Si tú tienes buen pescado es donde vas a comprar y vienen a verme a mí con la fruta, van al embutido, compran la carne, la patata y listo", explica.

Tras las declaraciones de Màxim López, las fuentes oficiales bajaron el tono respecto a la posibilidad de cobrar entrada. Sin embargo, nada está resuelto y hasta que la nueva disposición no se haga pública, todo puede suceder en La Boquería.

Casi al mismo tiempo en que La Boquería recibió el reconocimiento de la revista Food & Wine al mejor mercado del mundo, el historiador estadounidense Paul Freedman dijo que está en proceso de destrucción. Estas visiones opuestas sintetizan la actualidad de un sitio que parece haber adoptado el espíritu del doctor Jekyll y el señor Hyde.

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