Turull, más dura será la caída: críticos de Junts se hartan de la mano ejecutora de Puigdemont
Círculos de la formación responsabilizan al secretario general de la deriva actual, con la fallida estrategia política y el bajón en las encuestas como grandes ejemplos
Jordi Turull, junto a Carles Puigdemont, antes de fugarse por segunda vez en Barcelona. (EFE/Quique García)
Las aguas bajan revueltas dentro de Junts per Catalunya. Los sondeos que pronostican un fuerte bajón electoral, el aislamiento de la cúpula, las contradicciones estratégicas y las decisiones impuestas desde arriba están generando un creciente malestar que amenaza con hacer implosionar el partido que preside Carles Puigdemont. Una situación que ahora alcanza también a Jordi Turull, un hombre que aparece con sólidos cimientos y una trayectoria impecable desde los tiempos de CiU.
“Puigdemont está en Waterloo y sólo se comunica con la cúpula del partido. Pero es para dar órdenes, no para discutir estrategias. En realidad, en el partido se hace lo que dice el presidente. Todos obedecen sin rechistar”, se queja un alto dirigente de la formación.
El halo que rodeaba a Puigdemont como "exiliado" se ha evaporado y ahora hay una neblina que enturbia su perfil. Hacia él se dirigen las más aceradas críticas internas por la deriva de Junts, que, en palabras de este dirigente, “parece un barco sin rumbo, que va a la deriva”.
La pérdida de peso político de Puigdemont en la escena política catalana afecta ahora a su propio partido y eso es peligroso para el fugado. Las últimas encuestas del Centro de Estudios de Opinión (CEO, el CIS catalán) arrojan un dato preocupante: el expresidente es el segundo político que suscita más rechazo en Cataluña, tras el líder de Vox, Ignacio Garriga. Y ese rechazo está empezando a calar ahora en su formación, que pierde apoyos en los sondeos realizados últimamente.
Los votos se le escapan a chorro, mientras sube como la espuma el partido ultra Aliança Catalana (AC), liderado por Sílvia Orriols, diputada y alcaldesa de Ripoll. Desde algunos sectores de Junts se asegura que Aliança crece no sólo con votos de su formación, sino que también se le van desde ERC, la CUP e incluso Vox.
Pero no hay duda de que el principal caladero de AC es Junts. Por eso, el malestar interno se va extendiendo poco a poco. Este, sin embargo, ya no se concentra sólo en Puigdemont, sino que hay un clamor creciente contra el resto de miembros del sanedrín que le rodea. La principal pieza es Turull, secretario general del partido, a quien consideran la mano ejecutora de una estrategia que sólo ha dado dolores de cabeza y ha provocado un declive imparable de la formación en beneficio de AC.
“Puigdemont está en Waterloo y Turull está al frente del timón en Barcelona. Como secretario general, alguna culpa tendrá de lo que ocurre. Suya es la culpa de que no estemos en el cuadro de mando de las diputaciones. Y de que no estemos en el Ayuntamiento de Barcelona. Y de que saliésemos del Govern que compartíamos con ERC, cuando Junts tenía los mejores consellers y conselleras. Suya es también la culpa de que estemos aislados completamente y de la desastrosa política que llevamos en el Parlament”, acusan desde sectores críticos.
Algunos están convencidos de que Turull “espera agazapado esperando el relevo". "Deja que Puigdemont actúe y se hunda por sí mismo para coger él el timón en un futuro próximo. Prefiere no enfrentarse al líder porque podría salir perdiendo. Junts es una estructura al servicio de Puigdemont y el que se le enfrente no vivirá políticamente para contarlo”, afirma un veterano militante.
Pero no todos piensan lo mismo. Un sector más pragmático considera que Turull es tan culpable como Puigdemont de las pesimistas perspectivas de Junts. Y la ristra de desagravios es enorme. El secretario general, para este colectivo, es visto como un fiel escudero que ha radicalizado el partido y que no ha sabido marcar un rumbo coherente. “Como secretario general, a él le correspondía la estrategia política”, subrayan las fuentes.
En algunos círculos afirman que ha perdido la agudeza que tenía en CiU, cuando presidía el grupo parlamentario. Y también le acusan de vivir anclado en el 1 de octubre de 2017: “Sobreactúa todo el día. Su retórica y dialéctica están desfasadas”. En definitiva, “no sabe entender el momento actual y vive aún en el procés, cuando el procés está finiquitado y la gente que antes lo apoyaba ahora está desencantada y ha cambiado sus prioridades”.
Un error imperdonable
Uno de los errores que consideran imperdonable es el “haber dado la espalda a todo lo que hace el president de la Generalitat, Salvador Illa". "Junts tenía que estar ahí negociando presupuestos, pero sólo sabe quejarse de que el PSC se apoya en ERC. ¿En quién se va a apoyar si Junts le da la espalda continuamente y se niega a negociar? ¿Por qué no se le ofrece una alternativa a Illa para que no dependa de ERC? En el tema de la ampliación del aeropuerto, se perdió otra magnífica ocasión para marcar línea y aparecer como salvadores de la situación”, enfatizan.
“Junts no ha hecho los deberes. No sabemos marcar perfil ni en la calle ni en el Parlament y estamos perdiendo terreno y peso político. No hemos sabido aprovechar el escaparate que nos da el hecho de ser la primera fuerza de la oposición, a considerable distancia de la segunda. ¿De quién es la culpa? De la cúpula, evidentemente. Pero aquí nadie hace autocrítica y se siguen buscando enemigos puertas afuera”, expresa un miembro cualificado del partido.
Otro de los temas en los que Turull erró fue en los puentes tendidos con el PSOE. “Turull llevó todas las relaciones, el día a día, con Cerdán. No era Puigdemont, que, al fin y al cabo, lo veía una vez al mes. El secretario general hablaba con él casi todos los días, pero de lo que se habló nunca se consiguió apenas nada. Ha sido todo un desastre”.
La situación es alarmante, hasta el punto de que los críticos consideran que sólo puede arreglarse con un cambio profundo de la dirección. “El partido sólo conserva imagen en la labor del grupo parlamentario en Madrid, porque en Cataluña no hay proyección de gestión”.
Las aguas bajan revueltas dentro de Junts per Catalunya. Los sondeos que pronostican un fuerte bajón electoral, el aislamiento de la cúpula, las contradicciones estratégicas y las decisiones impuestas desde arriba están generando un creciente malestar que amenaza con hacer implosionar el partido que preside Carles Puigdemont. Una situación que ahora alcanza también a Jordi Turull, un hombre que aparece con sólidos cimientos y una trayectoria impecable desde los tiempos de CiU.