Puigdemont, en la telaraña de Sánchez: sin poder decidir en Madrid ni en Barcelona
Junts va perdiendo espacio político: ni oposición en Cataluña ni capacidad para derribar a Pedro Sánchez en Madrid. Con las manos atadas, en Waterloo van aplazando su respuesta
Carles Puigdemont reivindicando desde Waterloo la delegación de competencias de inmigración. (EFE)
Carles Puigdemont y la cúpula de su partido empiezan a ser conscientes de que están atrapados en la telaraña de Pedro Sánchez. La principal conclusión de la reunión con José Luis Rodríguez Zapatero es que no pueden derribar al presidente del Gobierno español y que el único recurso que les queda es ir dosificando una teatralización de la indignación durante los próximos meses. Por eso, no han informado de la reunión de la permanente del partido el lunes en Waterloo; por eso, hace tres semanas que no hay una rueda de prensa de Junts y, por eso, llevan eludiendo la cuestión más de una semana. No pueden derribar a Pedro Sánchez y tampoco son capaces de reconocerlo ante sus bases.
Eso sí, la representación de su enfado con el PSOE será muy lenta. Para intentar que case con las pocas ganas que tiene Sánchez de convocar elecciones. Ayer, ni el secretario general del partido, Jordi Turull en un acto en Barcelona, ni la portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, centraron sus críticas en el PSOE. Al contrario. Silencio total. Todas las críticas para Podemos, Vox y el PP, los tres partidos que iban a votar en contra de la proposición de ley de Junts para delegar competencias de inmigración a Cataluña.
Los discursos de ambos se centraron en que la preocupación de su partido era la inmigración, los problemas que genera la población extranjera –1,5 millones en Cataluña– y cómo estaban dificultando que los catalanes de clase baja recibieran ayudas sociales. Argumentos muy similares sobre los que pivota la acción política de Silvia Orriols y su Aliança Catalana, a los que los sondeos dan ya 19 diputados, a punto de empatar con Junts.
La lentitud fue tal que Turull, la semana pasada, decía en tono amenazante que "este otoño pasarían cosas" y ahora ya es "antes de los turrone". Poco a poco los plazos se van dilatando, intentando que sus votantes no lo noten.
Fuentes de Junts aseguran que en el partido no saben qué hacer. O de otra manera; son muy conscientes de lo que no quieren hacer: una moción de censura junto al PP y Vox, la única fórmula que podría acabar con la estancia de Sánchez en la Moncloa. A partir de ahí, solo queda el bloqueo que afecta a todas las áreas del partido, no sólo a la de los pactos con el PSOE.
Mientras todas las decisiones sobre las municipales se encuentran bloqueadas,Turull optó ayer por presentar al alcalde de Olot, Agustí Arbós, como bandera del municipalismo del partido. Cuando el riesgo está en desaparecer en la primera y la segunda corona de Barcelona y hay cuestiones clave pendientes, como los candidatos de Junts a la capital catalana, y en Girona, ambos aún por designar.
Junts, sin salida
Con Salvador Illa de presidente de la Generalitat, Puigdemont optó por centrar todos los esfuerzos de su formación en el Congreso, donde sus siete votos parecían determinantes. Tampoco ha habido rendimientos políticos más allá de la amnistía, de la cual Puigdemont y el resto de altos cargos del partido no han podido beneficiarse. Para evitar reconocer estas obviedades, Junts intenta introducir otros debates en la opinión pública, como ha hecho Turull esta semana con los supuestos agravios fiscales a los catalanes por parte de los andaluces.
La reunión Puigdemont-Zapatero fue mal, pero no se quiere reconocer en público
En conclusión, la reunión entre Puigdemont y José Luis Rodríguez Zapatero fue mal. Junts, con este escenario, no puede dar luz verde a unos Presupuestos Generales del Estado para 2026. La otra alternativa es instalarse en el “no” a todo. Pero también en eso hay dudas. Qué hacer con la ley Bolaños, es la principal. Si buena parte de sus votantes no entienden que no hayan apoyado la reducción de la jornada laboral, más complicado será esto, y más después de meses con Jordi Turull y el resto de altos cargos del partido cargando contra la judicatura española y llamándoles “la toga nostra”.
Sin papel definido
Junts se ha quedado sin un papel definido. No ejerce la oposición en Cataluña, ni en el Parlament ni el Ayuntamiento de Barcelona. Sus negociaciones con el PSOE en Madrid han acabado en nada y, por ahora, Puigdemont no puede volver. Dijeron que serían decisivos en Madrid pero no lo son para lo fundamental: acabar con el sanchismo, algo que no se encuentra a su alcance, a menos que pacten con PP y Vox.
Tras esta semana también se han quedado sin estrategia. De manera literal, no saben qué hacer. No quieren derribar a Sánchez a través de una moción de censura, pero no quieren seguir apuntalando al PSOE al no haber conseguido nada de lo que habían prometido a sus electores. Y tampoco saben cómo parar la ofensiva de Aliança Catalana, un invitado imprevisto a la fiesta, pero que ahora ha olido la sangre y reclama su porción de pastel. Una porción nada pequeña, según las encuestas.
Carles Puigdemont y la cúpula de su partido empiezan a ser conscientes de que están atrapados en la telaraña de Pedro Sánchez. La principal conclusión de la reunión con José Luis Rodríguez Zapatero es que no pueden derribar al presidente del Gobierno español y que el único recurso que les queda es ir dosificando una teatralización de la indignación durante los próximos meses. Por eso, no han informado de la reunión de la permanente del partido el lunes en Waterloo; por eso, hace tres semanas que no hay una rueda de prensa de Junts y, por eso, llevan eludiendo la cuestión más de una semana. No pueden derribar a Pedro Sánchez y tampoco son capaces de reconocerlo ante sus bases.