La subida de la ultra Sílvia Orriols en las encuestas se ancla en el imaginario catalán
"He mort el llop!" –he matado al lobo– es quizá la frase más emblemática de la literatura catalana. La obra de teatro 'Terra Baixa' enlaza con el sentir profundo de Aliança Catalana
La presidenta de Aliança Catalana, Silvia Orriols, en la Diada de este año. (Europa Press/Kike Rincón)
"He mort el llop!" –he matado al lobo– es quizá la frase más emblemática de la literatura catalana. Es el final de la obra de teatro Terra Baixa, de Àngel Guimerà. La obra es del final del siglo XIX, pero su argumento y su mística entroncan con la Cataluña del siglo XXI. Silvia Orriols sube y sube en las encuestas, entre otras razones, porque enlaza con una de las obras de teatro romántico catalán con más tirón popular. La historia de un hombre bueno de la montaña que baja al valle corrupto, encuentra el amor y al final mata al villano. ¿Les suena? Silvia Orriols, presidenta de Aliança Catalana, baja de Ripoll a Barcelona –la Terra Baixa del título– para salvar a toda Cataluña.
Cataluña viene de este imaginario, del montañés que redime a la capitalidad de los pecados del mundo urbano. De alguna manera, Jordi Pujol también conectaba con ese simbolismo. En su biografía, tiene una gran importancia su subida al Tagamanet con... ¡nueve años! y su visión desde allí de la Cataluña vencida en Guerra Civil. Posteriormente subirá al Canigó (1986) y al Aneto (1999), desde donde convocará elecciones. La montaña redime a Cataluña, y Ripoll es esa montaña, el prepirineo catalán. La Cataluña interior, que sólo habla catalán, y que sirve de modelo al conjunto, aunque sea minoritaria.
Eso explica el tirón de Orriols, con un partido escuálido y la alcaldía de una ciudad de algo más de 10.000 habitantes. Como señaló la propia líder del partido en redes, ya hay encuestas que le dan 14 diputados si hubiera ahora autonómicas, incluso quedando por delante del Junts de Carles Puigdemont. En la calle Pallars, sede del PSC, la escalada demoscópica de Aliança Catalana se ve con inquietud. Sobre todo por el impacto que pueda tener tras las municipales en la gobernabilidad de muchas ciudades importantes.
La explicación de los politólogos de guardia es que Aliança Catalana será el partido que gestione la frustración política generada por el fracaso del procés en 2017. Pero el fenómeno es más profundo, como se vio en esta Diada.
La Aliança Catalana de Orriols contrató autocares para bajar personas de las comarcas de Cataluña esta pasada Diada. Orriols se dio un baño de masas en el Fossar de les Moreres, en el barrio gótico, históricamente un espacio reservado a mayor gloria de la izquierda radical catalana, a la CUP y más allá. Orriols se reencarna en Manelic, el protagonista de Terra Baixa, baja a la ciudad, que encuentra falsa, hipócrita y corrupta, y dicta lo que está bien y lo que está mal. La manifestación del día siguiente sólo reunió en Barcelona a 28.000 personas. Hubieran sido menos sin los cerca de mil que aportó Aliança Catalana, muy visibles por sus banderolas azules y por el cordón policial que les protegía de posibles agresiones de la extrema izquierda independentista.
Esencia pujolista
Orriols también conecta con la quintaesencia del pujolismo: Marta Ferrusola, una mujer enfadada, que siempre reñía a los catalanes y cuyo discurso destilaba un poso de racismo. Ferrusola en 2002 ya advertía: “En un bajo una mezquita, en el otro una mezquita... cuando ya no tengan suficiente, las plantarán donde esté, en Santa María del Mar, si es necesario. Ellos van cogiendo agallas y nosotros nos vamos encogiendo”. ¿Le pasó factura? Para nada. "Això és una dona!" –Esto es una mujer– le jaleaban las masas convergentes las noches electorales. Silvia Orriols se ha erigido en la heredera natural de todos ese sentimiento sociológico que va mucho más allá del fracaso del procés.
El pujolismo vivía de las mismas fuentes simbólicas que ahora alimentan a Orriols
Los puntos en común entre Silvia Orriols y Marta Ferrusola también son evidentes en el tono melodramático de sus discursos, la falta de sentido del humor, en la idea fuerza de la nación amenazada y en una mujer que riñe a los catalanes. En contra de lo que pueda parecer, eso gusta a una parte del electorado nacionalista.
En versión moderna
También las diferencias con Ferrusola son obvias. Silvia Orriols está diplomada en biblioteconomía. Tiene cinco hijos, sí. Pero llevan su apellido primero y no el del padre. Está a favor del matrimonio gay y de los derechos LGTBI. Feminista, moderna y proisraelí. La figura de Orriols es como una actualización del ferrusolismo adaptado a los tiempos modernos.
Pero su tirón entre los votantes se basa sobre todo en la conexión con el imaginario independentista. Las montañas, el mundo rural y la preocupación por la pureza. Orriols convertida en la versión de Manelic –el protagonista de Terra Baixa– en el siglo XXI. TV3 emitió en 2024 una serie documental de tres capítulos que defendía que Àngel Guimerà no había ganado el Nobel de Literatura por una conspiración de las fuerzas españolas, que en cambio lo habrían conseguido para José Echegaray. Pero con pruebas débiles y más bien circunstanciales. Sin embargo es un ejemplo del gran peso cultural de Guimerà y de su obra de teatro más emblemático.
"He mort el llop!" –he matado al lobo– es quizá la frase más emblemática de la literatura catalana. Es el final de la obra de teatro Terra Baixa, de Àngel Guimerà. La obra es del final del siglo XIX, pero su argumento y su mística entroncan con la Cataluña del siglo XXI. Silvia Orriols sube y sube en las encuestas, entre otras razones, porque enlaza con una de las obras de teatro romántico catalán con más tirón popular. La historia de un hombre bueno de la montaña que baja al valle corrupto, encuentra el amor y al final mata al villano. ¿Les suena? Silvia Orriols, presidenta de Aliança Catalana, baja de Ripoll a Barcelona –la Terra Baixa del título– para salvar a toda Cataluña.