Más allá de 'El 47': esta es la heroína que hizo historia en otro barrio de Barcelona y en la que se inspira la película que ha triunfado en los Goya
Este acto audaz no solo puso de manifiesto la falta de voluntad política, sino que también encendió una chispa de unidad y determinación en una comunidad dispuesta a luchar por sus derechos
Maruja Ruiz fue la primera secuestradora de un autobús en Barcelona. (Universitat de Barcelona)
La hazaña de Manuel Vital no hubiera sido posible sin el arrojo de otra precursora, la activista nacida en Guadix (Granada) que lideró la lucha vecinal dos años antes de que lo hiciera el héroe de Torre Baró. Fue la verdadera inspiración para la películaEl 47, de Marcel Barrena, ganadora de cinco Premios Goya, entre ellos el reconocimiento ex aequo, algo inédito en estos galardones, que logró junto a La infiltrada. Ambas cintas están basadas en hechos reales.
Maruja Ruiz Martos fue la heroína que no sale en los libros de Historia ni tiene una calle a su nombre (todavía), pero que hoy debemos reivindicar por haber sido el rayo de esperanza que los barrios más olvidados de Barcelona necesitaban en un momento donde solo reinaba la oscuridad. La Ciudad Condal pasó de ser chabolista a sortear una gran oleada de emigración obrera que intentaba escapar de la miseria.
Dos anys abans de la història de Manuel Vital, també a un barri de Barcelona, els veïns i veïnes van segrestat un autobús amb el mateix objectiu, però aquest cop liderats per una dona, la Maruja Ruiz Martos, companya i camarada de @psuc_viu i @eunidacat pic.twitter.com/fCJx9JAipj
Su labor, a menudo silenciosa y oculta, era vital para mantener viva la llama de la resistencia. Con cada encuentro, no solo desafiaba los estigmas de su entorno, sino que también tejía una red de apoyo y esperanza en tiempos oscuros. Tras mudarse a Nou Barris, se convirtió en una figura clave en la movilización vecinal en los años 70. Maruja se pasó casi toda su vida luchando contra sus injusticias, por lo que el título de heroína y superviviente en cierta medida se le queda corto.
Mujeres que no pueden caer en el olvido
La lucha diaria convertía a los vecinos en guerreros del asfalto. Su cuerpo ya estaba cansado de recorrer largas distancias, con la lluvia mojando sus zapatos, o batallando con un calor asfixiante en el que las gotas de sudor cubrían su rostro. Abuelos, madres, niños. Todos, sin excepción, tenían que sobreponerse a las circunstancias, y clamar justicia. Maruja lo hizo a su manera, con el fin de dignificar la situación de sus vecinos y la suya propia.
El reconocimiento de la gente de la calle es la mejor recompensa a una época donde el suelo que pisabas estaba urdido de barracas de piedra y de barro, de condiciones infrahumanas, la historia de la Barcelona que se sublevó para tener acceso a servicios básicos como la luz y el agua. Ningún ciudadano merece tal desprecio, y cuando las instituciones se rigen por una mala praxis, solo los vecinos pueden salvar la situación al grito de "¡Basta ya!", que resuena hasta la última casa de la periferia.
El autobús número 12 se convirtió en un símbolo de resistencia en el barrio barcelonés de La Prosperitat. En una sociedad acostumbrada a asumir la robada libertad de la represión, sin barajar otra opción posible, cualquier atisbo de rebeldía era vista como un acto tiránico. Pero Maruja, con la tenacidad que solo quienes han enfrentado la adversidad pueden tener, logró reunir a 50 valientes dispuestos a hacer ruido. El secuestro se aprobó después de dos asambleas. "Se demostró que el autobús podía subir y bajar sin dar en el suelo. A raíz de ahí, fue cuando nos pusieron la línea de autobuses", dice la activista en el documental Mujeres en lucha (1976), realizado por la televisión sueca.
Llegó la hora de la verdad. Maruja propuso "secuestrar" el autobús, desviando su ruta habitual hacia lo alto del barrio. Los vecinos se unieron a su gesta, que entonces solo era vista como la única vía posible para cambiar las cosas. El vehículo avanzó sin problemas: sus motores y amortiguadores respondieron a las empinadas calles sin titubear. En ese momento, quedó claro que no era la falta de capacidad técnica lo que había fallado, sino la voluntad política de atender las necesidades de un barrio que durante años estuvo abandonado a su suerte. Maruja y sus vecinos demostraron que, a pesar de las dificultades, la voz del pueblo podía hacerse escuchar.
Su vida estuvo marcada por el esfuerzo comunitario, desde las primeras protestas vecinales en las que los habitantes del barrio lucharon por obtener servicios básicos, hasta su papel en la telaraña clandestina del PSUC. En 1976, la granadina secuestró un autobús en el barrio que, desde entonces, la tiene como referente, prendiendo la llama de la revolución vecinal, y en 2011 rechazó la Medalla de Oro de la Ciudad, propuesta por el entonces alcalde Xavier Trias, en sus propias palabras "por una cuestión de honor y coherencia". Su heroico acto no puede permanecer en los márgenes. Merece visibilidad y escucha en la prensa, en las televisiones y también en el cine. Su historia, la suya, desde luego, no puede quedar sepultada bajo el asfalto.
La hazaña de Manuel Vital no hubiera sido posible sin el arrojo de otra precursora, la activista nacida en Guadix (Granada) que lideró la lucha vecinal dos años antes de que lo hiciera el héroe de Torre Baró. Fue la verdadera inspiración para la películaEl 47, de Marcel Barrena, ganadora de cinco Premios Goya, entre ellos el reconocimiento ex aequo, algo inédito en estos galardones, que logró junto a La infiltrada. Ambas cintas están basadas en hechos reales.