Dos viejos ultras españoles marcan el paso en la ANC: "Somos la revolución de los mayores"
Lluís Llach y Jordi Pesarrodona, encargados de las charlas patrióticas independentistas en la Asamblea Nacional Catalana, fueron militantes de Guerrilleros de Cristo Rey y de Fuerza Joven
La cúpula de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) está llevando a cabo una ingente labor de explicaciones a los ciudadanos, organizando charlas en distintas partes del territorio. Solo durante este mes de octubre habrá 11 en otras tantas localidades. Se trata de explicar a la ciudadanía cómo España subyuga a Cataluña, la explota y la atenaza, privándola de toda libertad. Los protagonistas de estas charlas son dos personajes harto conocidos de la ANC: su presidente, Lluís Llach, y el coordinador de la Comisión de Acciones en el Territorio, Jordi Pesarrodona, que el año pasado dimitió como vicepresidente (cuando la presidenta de la ANC era todavía Dolors Feliu) al estar en contra de la presentación de una lista cívica para concurrir a las elecciones.
La campaña iniciada lleva el sugerente lema de 'Reactivémonos', un último intento de insuflar vida a un mecanismo, la ANC, que languidece ante la pasividad de los activistas independentistas. Cierto es que cada día la ANC congrega a menos gente y cuando lo hace, en su inmensa mayoría son personas mayores. Conscientes de ello, los mensajes de la cúpula independentista son cada día más extremistas. Lo cierto es que la falta de juventud en la acometida independentista es clamorosa. Sus propios protagonistas lo admiten.
Hace pocos días, en una de estas charlas patrióticas, Pesarrodona explicaba que "tenemos derecho a desobedecer y desde la desobediencia, independencia. Somos la revolución de los cabellos grises. Somos la revolución de los mayores. Somos incluso la revolución de los que no tenemos pelo". Miraba de reojo a Llach, que estaba a su lado, pero también a un reguero de cabezas calvas que avistaba en el público desde el estrado. Claro que el pasado 6 de octubre, ya tenía otro nombre para su revolución. Lo dijo en una charla en Girona: "Ya no somos la revolución de las sonrisas. Somos la revolución de los cabreados. Seamos conscientes de la fuerza que tenemos. Movilicémonos y acabemos el trabajo". En eso ha quedado la revolución de las sonrisas: en muchas revoluciones, pero poco movimiento.
Militantes de la ultraderecha
Pero hay algo en común que tienen Lluís Llach y Jordi Pesarrodona, los dos protagonistas del nuevo rumbo de la ANC: ambos provienen de la ultraderecha española. Es la gran paradoja del independentismo: Llach fue, en su juventud, dirigente de los Guerrilleros de Cristo Rey y Pesarrodona perteneció a Fuerza Joven, la rama juvenil de la Fuerza Nueva que lideraba Blas Piñar, un referente que deja a la izquierda a Santiago Abascal. En otras palabras: eran franquistas hasta la médula. Solo cambiaron su discurso patriótico español por otro discurso patriótico catalán. Curiosamente, en clave interna, al procés, los independentistas le apodan El Moviment, un nombre con singulares connotaciones.
Los Guerrilleros de Cristo Rey era un grupo parapolicial muy activo a finales de los años 70 e incluso en los 80 para defender el franquismo. Su líder era Mariano Sánchez Covisa, un veterano de la División Azul. Pero tenía una penetración importante del carlismo. No hay que olvidar que el carlismo estaba muy arraigado en Cataluña, hasta el punto de que en la abadía de Montserrat existe una cripta con las tumbas de los integrantes del Tercio de Requetés Nuestra Señora de Montserrat. Además, tenía muchos puntos en común con la Fuerza Nueva de Piñar.
Llach creció en ese ambiente: su abuelo fue dirigente de la Junta Tradicionalista de Girona y su padre, jefe local del Movimiento, además de alcalde franquista de Verges entre 1950 y 1963. Su abuelo Llach Grande fue policía, con fama de defender a la patronal de aquel entonces. Su tía Pilar fue una de las fundadoras de la Falange en Tarragona y de ella heredó los viñedos del Priorato que se comercializan bajo la marca Vall Llach. Así fue cómo un abstemio se convirtió en vinatero, por herencia familiar. Fundó la bodega junto a un socio notario, al 50% cada uno. El año pasado, Llach vendió a la familia de su socio, ya fallecido, el 30% del negocio y se quedó con el 20% de las bodegas.
Fuerza Joven, por su parte, era una organización que aspiraba a hacer de Fuerza Nueva el gran partido fascista español. Un sector de la rama juvenil estaba a favor incluso de la lucha armada o de la "acción directa". Pesarrodona militó en ella entre 1977 y 1980, en su agrupación de Manresa. Según una fuente que lo conoce de su niñez y juventud, su familia era ultraespañolista y se conocía la militancia falangista de uno de sus abuelos. Su padre, según esta fuente, fue también alcalde y jefe de Falange. Con el paso de los años, inició una reconversión ideológica y llegó a hacerse muy amigo de una activista entonces desconocida: Laura Vilagrà, que en 2022 llegó a ser la mano derecha de Pere Aragonès y fue nombrada consejera de Presidencia (y más tarde, vicepresidenta) de la Generalitat tras haber sido alcaldesa de Sampedor y dirigente territorial de ERC en la comarca del Bages, de donde era Pesarrodona.
Tuvo un abuelo, Genís Pesarrodona, apodado El Matacuras, miembro del Comité Revolucionario de la CNT y responsable de varios cruentos asesinatos (a una de sus víctimas le cortó una mano con un hacha antes de asesinarla de un disparo) de rivales políticos en la comarca del Bages, hechos por los que Joan pidió perdón públicamente hace pocos años, aunque no fueron culpa suya.
El discurso antiespañol
Pese a lo que auguraban los antecedentes familiares e ideológicos de los dos protagonistas, ambos son ahora independentistas y han trocado la estructura de Estado que defendían hace unas décadas. Su visión de la sociedad es singular. Su discurso se ha vuelto antiespañolista y dista mucho del uniformado de los Guerrilleros de Cristo Rey: "Ellos [los españoles] lo tienen clarísimo: vienen a por nosotros, nos conquistan y hacen lo que hace cualquier metrópoli, que es aniquilar sus identidades y expoliar sus riquezas. Solo que nosotros no somos ni negritos ni estamos en el Caribe", aseguraba el excantautor este mes de septiembre en una de las charlas patrióticas.
Para el presidente de la ANC, "los parámetros de convivencia nacional están deshaciéndose entre los dedos de nuestras manos y aunque mucha gente tiene motivos para estar decepcionada, enfadada y encerrada en casa, lo primero que os queremos decir es que nadie os vendrá a buscar y que tal y como está la cosa, salid vosotros y haced el Estado Catalán". Pese al renovado discurso, todo rezuma viejo régimen alrededor de los protagonistas de las charlas patrióticas de la ANC.
La cúpula de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) está llevando a cabo una ingente labor de explicaciones a los ciudadanos, organizando charlas en distintas partes del territorio. Solo durante este mes de octubre habrá 11 en otras tantas localidades. Se trata de explicar a la ciudadanía cómo España subyuga a Cataluña, la explota y la atenaza, privándola de toda libertad. Los protagonistas de estas charlas son dos personajes harto conocidos de la ANC: su presidente, Lluís Llach, y el coordinador de la Comisión de Acciones en el Territorio, Jordi Pesarrodona, que el año pasado dimitió como vicepresidente (cuando la presidenta de la ANC era todavía Dolors Feliu) al estar en contra de la presentación de una lista cívica para concurrir a las elecciones.