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El cabrero que humilló a la burguesía catalana y acabó en el fondo de un pantano
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El cabrero que humilló a la burguesía catalana y acabó en el fondo de un pantano

Catalanes: Pascual Estevill ha muerto. La épica historia del pastor que fue juez estrella en la Barcelona del 92, azote de burgueses y perpetrador de atropellos judiciales. De resentimiento de clase al latrocinio

Foto: Pascual Estevill en 2015. (EFE)
Pascual Estevill en 2015. (EFE)

1992 fue un año histórico para Cataluña. Por Barcelona 92 y por otros asuntos con escaso espíritu olímpico...

Por ejemplo, la multimillonaria quiebra de KIO España, 500.000 millones de pesetas calcinadas por el empresario barcelonés Javier de la Rosa, gestor de petrodólares kuwaitíes con vínculos sospechosos con la Casa Real y la Generalitat. Eran los meses en los que el felipismo empezaba a oler a corrupción. Con la ciudadanía asediada por los escándalos y dispuesta a rasgarse las vestiduras, surgieron figuras salvadoras dispuestas a regenerar el sistema: los jueces estrella.

Foto: Felipe González y Juan Carlos I en la Expo 92. (Fundación Felipe González)

El oasis catalán también necesitaba una catarsis. Un juez instructor de Barcelona llamado Lluís Pascual Estevill, muerto hace unos días, metió la aspiradora bajo las alfombras de la burguesía catalana.

Antiguo pastor de cabras, Estevill fue jaleado por la prensa como "azote de la burguesía" y "Garzón catalán". El hombre había dado un salto imposible: de infancia miserable a juez del pueblo/justiciero populista/Robin Hood con toga.

Todos los asuntos financieros oscuros (de la burguesía peor conectada al pujolismo) caían siempre en el juzgado de Estevill (por lo que fuera). No había paz para los burgueses.

Foto: Las trabajadoras del hogar llevan varios años luchando por su derecho al subsidio de desempleo. (EFE/Dani Caballo)

¿Un cabrero era el nuevo juez especial contra los abusos del sector más favorecido de la pirámide? ¿Era Estevill el ejemplo más depurado del buen funcionamiento del ascensor social catalán?

Eso parecía, pero el relato tenía varios trucos sórdidos. El ascenso social purificador de Estevill no iba a acabar con la podredumbre del sistema, sino a empantanarla. Mientras la prensa miraba fascinada a Estevill, y el juez correspondía con jugosas filtraciones, la burguesía catalana le bautizaba en privado como el "juez de la horca" o "el Lobo". No les faltaba razón: alguien había puesto un lobo a controlar el gallinero de la corrupción catalana. Fue una carnicería.

Un pícaro en Barcelona

Estevill nació en un pueblo perdido (Cabaces, Tarragona, 343 habitantes) de la Cataluña profunda en 1934. Sus padres eran campesinos. Según contó Félix Martínez en el imprescindible 'Estevill y el clan de los mentirosos', acabada la Guerra Civil, un Estevill de nueve años comenzó a trabajar de temporero, mozo de gallinero y cabrero. Su único paso por la escuela fue para alfabetizarse.

A los 14 años, murió su padre. Las precarias finanzas familiares entraron en barrena, la madre se endeudó, les embargaron hasta la camisa y el pequeño Estevill apretó los dientes... "Estevill se iba a cobrar venganza, más de cuatro décadas después, del ultraje infligido a su familia por los bancos. Presidentes de entidades de crédito como Alfonso Escamez o José María Amusategui iban a sufrir en sus carnes humillaciones similares a las que la familia Pascual Estevill padeció en la década de 1940. La angustia de estar en el punto de mira del Lobo", escribió Martínez, fallecido el año pasado.

"Estevill se iba a cobrar venganza, más de cuatro décadas después, del ultraje infligido a su familia por los bancos"

A los 16 años, Estevill marchó a Barcelona "determinado a triunfar", y se enredó en tribulaciones picarescas propias de la posguerra: robó, le robaron, pisó comisarías y antros infectos, mendigó, trabajó de friegaplatos y de portero de burdel en la parte alta de Barcelona, donde tejió su primera red de contactos.

Estevill moldearía luego a su antojo el relato de sus primeros años en Barcelona. El caso es que, en 1964, como por arte de magia, estudiaba primero de Derecho en la Universidad de Barcelona. Pasó a asesorar a empresas. Se presentó a procurador por las cortes franquistas y se arrimó a grandes familias burguesas del textil catalán, como los Juncadella y los Bertrand, para los que trabajó de gestor y abogado para todo durante la Transición.

¿Cómo había llegado hasta ahí sin recursos y partiendo de cero? No está claro pero, a partir de entonces todo fue escalada hasta la cima y cadáveres por el camino.

La espuma de los días

Gracias a que la familia Bertrand compró el diario 'El noticiero universal', afín a Alianza Popular, Estevill intimó con Javier de la Rosa y Joan Piqué Vidal, abogado de Jordi Pujol en el caso Banca Catalana (escándalo financiero que casi acaba con la carrera del 'president' en 1984, pero que le acabó reforzando envuelto en la estelada). Estevill, De la Rosa y Piqué Vidal, futuro socio de tropelías judiciales del magistrado, hicieron buenas migas en los años en los que, según el ministro Solchaga, España era "el país europeo" donde era "más fácil hacerse rico".

Aunque se dejó querer sucesivamente por el CDS, el PP y CiU, Estevill nunca entraría directamente en política. Se dedicó en cuerpo y alma a lo que mejor sabía hacer: forrarse retorciendo la ley.

El magistrado empezó a ganar dinero (sucio) de verdad como abogado experto en suspensiones de pagos, en un momento en el que las empresas industriales catalanas caían como moscas, y si uno no tenía demasiados miramientos, podía convertir una quiebra en un negocio redondo. Ejemplo: en 1983, Estevill cobró una comisión de 150 millones de pesetas (más de un millón de euros al cambio actual) por gestionar la quiebra de la textil Viladomiu, que tras recibir fuertes subvenciones gubernamentales, declaró el impago.

Foto: El periodista Alfons Quintà. (TVE)

Tras su fulgurante carrera como abogado desahogado de empresas en apuros, en 1990, se convirtió en juez por el cuarto turno (para secretarios judiciales, fiscales y abogados de, ejem, reconocido prestigio).

En 1988, había declarado un patrimonio de 540 millones de pesetas para pedir un préstamo bancario. El Lobo iba a entrar a la judicatura con su futuro y el de sus hijos asegurado, pero quería mucho más.

En sus dos primeros años de juez, en Terrassa, experimentó un heterodoxo método judicial (que luego se demostró delictivo). Ahora tocaba expandirlo por Barcelona.

Foto: La exasesora de Podemos Dina Bousselham (i) en la Audiencia Nacional en marzo. (EFE/J. J. Guillén)

En las últimas semanas de 1991, desembarcó en la Barcelona preolímpica dispuesto a quitar el sueño a las grandes familias burguesas. Era el nuevo sheriff del juzgado de instrucción número 26 de Barcelona. El Lobo había llegado a la ciudad. ¡Auuuuu!

En una ciudad donde el poder se ejercía con discreción, Estevill irrumpió vistiendo carísimos trajes a medida y corbatas de seda italiana, fumando puros Montecristo (incluso cuando asistía al levantamiento de un cadáver en plena calle) y conducía un Daimler Jaguar. Era el nuevo juez mediático intocable y lo aprovechó a fondo. Nadie le tosía. Él era La Justicia.

Foto:  Lluís Pascual Estevill durante una comparecencia en el Parlament. (Canal del Parlament)

Bajo el aura de juez estrella, instruyó algunas de las causas financieras más mediáticas de Cataluña (BFP, Macosa, Grupo Cor).

En abril de 1993, un perfil en 'La Vanguardia' le calificó de "juez hecho a sí mismo". Desde luego, él se lo cocía y él se lo guisaba en los juzgados. Su modus operandi era sencillo y poco sofisticado: matonismo judicial. Estevill detectaba grandes empresas de la burguesía con alguna irregularidad, escribía un auto hiperbólico y metía a los directivos en prisión preventiva. Con los altavoces mediáticos a todo trapo, el magistrado apretaba las clavijas a los detenidos. Decía buscar confesiones, pero lo que buscaba era dinero. Para él... y para otros.

"Estando detenido vino Estevill a los calabozos, acercó su rostro al mío, me echó el humo a la cara y me dijo que no creía mi declaración"

Los burgueses aterrorizados acudían entonces al único abogado que, según deslizaban en el juzgado, era capaz de parar los pies a Estevill: Joan Piqué Vidal, uno de los letrados más cotizados de Barcelona. Piqué Vidal comunicaba a los acusados de Estevill que, en efecto, la cosa estaba muy malita, pero una 'modesta' aportación económica al juez quizá sirviera para evitar la cárcel, el oprobio social y la destrucción familiar. Casi todos los burgueses aflojaban la pasta. El abogado les había salvado el cuello, pero Piqué Vidal tenía su propia agenda oculta...

"Yo he visto cosas increíbles con sobres y jueces en el despacho de Piqué Vidal", recuerda un ex trabajador del bufete en los años locos.

El dinero de los sobornos se repartía, en efecto, entre Estevill y Piqué Vidal. Los grados de cinismo del letrado serían insuperables de no ser porque la relación entre Estevill y la prensa había roto el cinismómetro hacía tiempo...

Los chicos de la prensa

"Estevill fue el primer juez mediático. Salía en la prensa un día sí, y al otro, también. Se publicaban cosas que solo conocíamos los que habíamos estado presentes en las declaraciones de los acusados. Tenía a varios periodistas de su cuerda y estaba protegido políticamente. Se sentía intocable", cuenta un letrado que colisionó con Estevill aquella época.

Solo a un guionista desmadrado de 'Los Simpson' se le ocurriría que un juez corrupto despachara sus 'bisnes' en un restaurante llamado La Puñalada. En este antiguo local barcelonés, en el que Estevill tenía mesa fija reservada, el magistrado se reunía con, entre otros, lo más granado de la prensa económica y judicial barcelonesa:

"En 1992, ya era tradicional que un día antes de que ejecutara una diligencia espectacular citara a alguno de sus periodistas de cámara a comer en La Puñalada. Los platos llenos de virutas de jamón de Jabugo finamente cortadas y acompañadas de apio, marca de la casa, precedían a los arroces de verduras, de pescado, o al bacalao con 'xamfaina', siempre regados con caldos de Rioja. Con los cafés, la copa —en el caso del juez, copas— y el inevitable Montecristo del número 1, llegaban las confidencias del magistrado: citaciones de personajes públicos en calidad de inculpados que iban a acabar en encarcelamiento; informes sobre el patrimonio de los principales acusados… Si el magistrado estaba de humor, el periodista le seguía, tras el almuerzo, hasta su despacho, donde Estevill le entregaba copias de la documentación que corroboraba las confidencias que le había hecho entre copa y copa", según Martínez.

"Estaba protegido políticamente. Estevill se sentía intocable"

El día después de la cuchipanda, los periódicos publicaban tremendas revelaciones sobre un turbio caso que afectaba a un (hasta entonces) honorable ciudadano burgués. ¡Sabía dios cómo había llegado esa información a la prensa! Desvelado el secreto de sumario, Estevill activaba el ventilador del cinismo extremo en los juzgados:

"Blandiendo el periódico en el que aparecía la información como evidencia de un delito de lesa tradición, Estevill sometía a los abogados de la defensa a sus temibles estallidos de cólera. Dispensándoles un trato humillante, les acusaba de ser los responsables de la filtración periodística, a pesar de que las informaciones fueran absolutamente contrarias a los intereses de sus clientes. Gritaba, golpeaba la mesa con sus puños… y llegaba a amenazarles con iniciar un procedimiento penal contra ellos por revelación de secreto. La diatriba, con interrogatorios incluidos, podía durar horas", cuenta Martínez.

Los periodistas celebraban luego con Estevill sus gamberradas filtradoras, al tiempo que escribían perfiles sobre el juez del pueblo que estaba limpiando la ciudad de financieros corruptos. "El magistrado volvía a citar a los periodistas en cuestión. Quería celebrar con ellos y detallarles su puesta en escena para ocultar que había sido él quien les había entregado la información. Estevill disfrutaba especialmente de estos almuerzos evocadores en los que ponía de manifiesto tanto sus cualidades interpretativas como su instinto periodístico. En esos encuentros el magistrado rememoraba con una fijación obsesiva sus orígenes humildes y la miseria que acompañó los primeros años de su vida. Los periodistas, motu propio, o a sugerencia del magistrado, solían publicar, a los pocos días, reportajes en los que se destacaba la clase social de la que procedía Estevill y la 'justicia poética' que había en el hecho de que precisamente él fuera el encargado de procesar a burgueses y capitalistas", zanja Martínez.

El hermanísimo

En mayo de 1994, apareció muerto en un banco de las Ramblas Pau Malvido, hermano del alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, y brillante cronista de la contracultura barcelonesa setentera. Muerte por sobredosis de heroína.

La familia Maragall intentó maquillar la muerte trasladando el cadáver al centro médico donde Malvido recibía tratamiento de desintoxicación, y donde un psiquiatra firmó un certificado maquillado de defunción: "Intoxicación farmacológica".

"La burguesía catalana nunca ha sido valiente. Bastaba con que Estevill amenazara con mandarles a la cárcel para que se derrumbaran"

Pero Estevill estaba de guardia ese día y tenía cuentas pendientes con el alcalde Maragall, que había mediado para que el magistrado no siguiera ascendiendo en el escalafón judicial, y tampoco estaba a buenas con Javier de la Rosa, que buscaba desesperadamente un rescate político tras la fraudulenta quiebra de KIO España.

Estevill mandó trasladar el cuerpo de Malvido al Instituto Anatómico Forense, detuvo a su psiquiatra y filtró la muerte a la prensa. El alcalde Maragall envió un fax al juez: "Déjenos enterrar a un hermano en paz". El sheriff Estevill estaba ya tan empoderado que hasta se permitía amedrentar al alcalde de la ciudad. El cielo era el límite; Barcelona, la nueva Gotham; y Estevill, el Joker judicial.

Incapaz de frenar al juez, Maragall recurrió a Miquel Roca, portavoz de Convergència y Unió (CiU) en el Congreso y equivalente catalán al Señor Lobo 'arreglalotodo' de 'Pulp Fiction'. Roca llamó a Estevill. En el transcurso de la llamada, según Martínez, Roca le prometió impulsar su candidatura al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) si dejaba de enredar con el cadáver del hermano de Maragall. Todo muy edificante.

Crimen y castigo

Pese a que solía utilizar un tono judicial arrogante cuando se dirigía a los abogados defensores, Estevill no sabía armar una simple orden de búsqueda o un auto, según contaron jueces que compartieron trabajo con el Lobo.

Pero "la fragilidad de los conocimientos procesales de Estevill no fue insalvable para él. Era rico y poderoso", resume Martínez.

En efecto, como tonto no era, hizo de la necesidad virtud: sus decenas de autos de prisión contra la burguesía consistían en el mismo folio ("que fotocopiaba sin cesar") donde se alegaba "alarma social" y "riesgo de fuga". No hacía falta más entonces -que lo pidiera alguna de las partes o el fiscal- para que un juez mandará a alguien al trullo.

"Sus decenas de autos de prisión contra la burguesía consistían en el mismo folio donde se alegaba alarma social y riesgo de fuga"

Como se demostró luego en sede judicial, Estevill extorsionó a altos directivos de Nutrexpa, que pagaron 150.000 euros a Estevill y 36.000 a Piqué Vidal para no entrar en prisión. "Estando detenido vino Estevill a los calabozos, acercó su rostro al mío, me echó el humo a la cara y me dijo que no creía lo que acabada de declarar", contó en el juicio el director financiero de Nutrexpa. Fue solo uno de las decenas de directivos y propietarios desplumados por su señoría.

"En algunas ocasiones había irregularidades económicas detrás de las empresas acosadas por Estevill, pero claro, no justificaban ni el abuso de poder, ni la extorsión, ni el chantaje", cuenta un letrado vinculado a los casos contra el juez.

"Varios empresarios confesaron en sede judicial que le pagaron sobornos. Pero siempre se caía un cero de la cifra. Por aquello de no declarar más dinero negro de la cuenta, admitieron cantidades más bajas de las que en realidad abonaron. Donde decían 30 millones de pesetas pagados a Estevill igual eran 300", añade.

Foto: Algunos de los objetos subastados.

Dos años después de su llegada a la Barcelona olímpica, Estevill dejó los juzgados tras ser nombrado, a instancias de CiU, miembro del Consejo General del Poder Judicial, el gobierno de los jueces.

Estevill había tocado techo... e iniciado su caída. Pese a la protección política del pujolismo, en cuanto dejó el puesto de juez de hierro y pisó moqueta en Madrid, estalló la tormenta de mierda en Barcelona. Estevill ya no tenía el martillo de magistrado para aplacar la rebelión. Error de cálculo.

"Antes de que se abrieran los casos judiciales contra él, era vox pópuli en Barcelona que había un problema serio con Pascual Estevill", cuenta José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo e instructor de una de las causas contra Estevill.

"La mayor parte de los chantajeados se acojonaban, no querían líos"

"La mayor parte de los chantajeados por Estevill se acojonaban, ni querían ir a la cárcel ni querían líos. Hasta que alguien decidió denunciar", recuerda Martín Pallín.

El pequeño sector de la burguesía catalana que prefirió cárcel antes que soborno inició un contraataque instigado por el empresario Enrique Marugán. En unos meses frenéticos, pues nunca es fácil crujir a un juez, Estevill fue acusado de delito fiscal, extorsión, soborno y prevaricación.

Con los años recibió sucesivas condenas de cárcel (siete por delito fiscal y nueve por cohecho; Piqué Vidal también fue condenado a siete años por cohecho).

Los grandes señores de Barcelona

La madre de todos los jueces corruptos había caído. Los burgueses podían por fin dormir tranquilos. Era hora de reflexionar cómo una clase social con dinero, contactos y abogados se había dejado amedrentar así por un juez asilvestrado.

"La burguesía catalana nunca ha sido valiente. Bastaba con que Estevill amenazara con mandarles a la cárcel para que se derrumbaran. Hasta que un par de empresarios burgueses valientes decidieron poner pie en pared, la rueda no se detuvo", cuenta el letrado implicado en los casos contra Estevill.

"Ahora aquellos burgueses pueden dormir tranquilos y hacer con sus fortunas lo que siempre han hecho: lo que les da la gana"

Martínez resume así cómo la burguesía catalana cayó en las redes mafiosas de Estevill y cómo acabó rompiendo la red:

1) "La escasa implicación de la más alta burguesía barcelonesa en la política de la transición a la democracia, su desapego por la figura de Jordi Pujol y su convencimiento de que serían capaces de lograr más cosas del poder político en Madrid actuando como lobbies convirtieron a sus miembros en víctimas propiciatorias de Estevill. Eran inmensamente ricos y temían más que cualquier otro la mácula de haber pasado por la cárcel, pero no tenían manera de llegar al president".

2) "Aunque Estevill era un delincuente, lo que convirtió en urgente que se le quitara de en medio fue que la flor y nata catalana vio amenazada su posición por un molesto personaje, no la necesidad de sanear el sistema. Las cosas han vuelto a su lugar. Ahora aquellos burgueses pueden dormir tranquilos y hacer con sus fortunas lo que siempre han hecho: lo que les da la gana".

Perfil psicológico

¿Exageró Estevill a los medios sus penurias juveniles? Sí, pero los relatos también hacen realidad: Estevill acabó devorado por el personaje del cabrero rencoroso dispuesto a tomarse la justicia de clase por su mano.

La atemorizada burguesía catalana también compró el relato de que Estevill actuaba por "resentimiento social" y se "estaba vengando de los niños bien que habían logrado sin esfuerzo alguno lo que a él le había costado un mundo conseguir", según comprobó Martínez tras sondear a destacados miembros de la burguesía empresarial. El miedo que transmitía el relato del cabrero vengativo era real.

Con todo, hay datos que relativizan el mito del pastor de cabras contra la alta burguesía. En sus dos años de magistrado en Terrassa, Estevill perpetró 44 intentos de chantaje (que se dice pronto), pero la mayoría fueron a pequeños empresarios con comercios de barrio (un Robin Hood de la vida nunca haría eso). El resentimiento social está muy bien, en efecto, pero la pela era la pela y Estevill nunca perdonaba una oportunidad de hacer caja. Es cierto que en los juzgados de Barcelona se dedicó a cazar grandes fortunas, pero más que el juez del pueblo era un oportunista sin escrúpulos.

"Puede que fuera el juez más corrupto, pero no era el único juez corrupto"

Si uno quiere cargar las tintas psicológicas sobre el personaje, podríamos hablar de la deriva psicópata de Estevill, una máquina de maltratar psicológicamente a los acusados y a los abogados que tenía enfrente.

Pero no hay chalado sin ecosistema.

"Lo de Estevill fue una mezcla de borrachera de poder y hacer caja como un loco, pero el sistema judicial esa época era como era: prisiones preventivas interminables, herramienta que Estevill usó hasta el sadismo, favores políticos y conchabeo entre magistrados y bufetes con dinero", cuenta un destacado miembro de la judicatura catalana noventera. "Puede que Estevill fuera el juez más corrupto, pero no era el único juez corrupto", añade.

Aunque Estevill venía de pastorear cabras, Martínez le atribuye dotes clásicas para el poder de otros tiranos venidos de la nada: "Crueldad ilimitada y capacidad para la demagogia".

"Lo de Estevill fue una mezcla de borrachera de poder y hacer caja como un loco"

La otra pieza del contexto es la turbo Barcelona anterior y posterior al 92. Estevill fue "uno de los grandes mentirosos que hicieron fortuna en la Barcelona especulativa de esos años", según Martínez. Un megalómano con la prensa de su lado y acceso directo al 'president' Pujol.

Ser magistrado tampoco ayudó, dada la infalibilidad que la sociedad concede a sus togados: Estevill no hubiera podido desplegar su maldad con tanto desparpajo si en vez de juez hubiese gestionado una mercería.

¿Estaba Estevill mal de la azotea? Digamos que tenía una personalidad dada al abuso, a la humillación y al lucro indecente; por todo ello, convertirle en juez y parte de la Barcelona de los pelotazos quizá no fue la mejor idea.

O dicho en esclarecedoras palabras del grupo mexicano Molotov: "Si le das más poder al poder, más duro te van a venir a joder".

Increíble pero cierto

Si usted propusiera a un productor rodar una película sobre un cabrero que llega a juez, se convierte en el azote de la burguesía, la prensa le bautiza como el nuevo Robin Hood y acaba en la cárcel por corrupción pavorosa… el productor le diría: "¿Estás tonto o qué te pasa? Eso no se lo cree nadie".

Al productor no le faltaría razón pero, oye, nadie tiene la culpa de que los noventa fueran como fueron.

1992 fue un año histórico para Cataluña. Por Barcelona 92 y por otros asuntos con escaso espíritu olímpico...

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