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La CUP y JxCAT presionan a Aragonès para que rompa relaciones con Sánchez
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Caso Pegasus

La CUP y JxCAT presionan a Aragonès para que rompa relaciones con Sánchez

Las formaciones aprovechan la trama de espionaje a dirigentes independentistas y la visita del 'president' a Madrid para dinamitar la mesa de diálogo con el Gobierno. Borràs ya ha pedido la ruptura con el Estado español

Foto: El presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès, durante su reunión con representantes de los partidos presuntamente espiados. (EFE/J.J. Guillén)
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès, durante su reunión con representantes de los partidos presuntamente espiados. (EFE/J.J. Guillén)
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Los casos de presunto espionaje a dirigentes políticos soberanistas han dado a un sector del independentismo la excusa que esperaba. Clama con volver a la confrontación directa con el Estado español. Tanto JxCAT como la CUP presionan desde hace varios días a ERC y al presidente catalán, Pere Aragonès, para que rompa las relaciones con el Gobierno de Pedro Sánchez. El objetivo es dinamitar la mesa de diálogo, lo que llevan intentando desde el minuto uno de esta legislatura. La estrategia pasa por dejar al Ejecutivo del PSOE y Unidas Podemos en minoría y al mismo tiempo iniciar una ofensiva para debilitar al Estado. La presidenta del Parlament, Laura Borràs (JxCAT), pidió directamente este jueves la ruptura de relaciones con las instituciones del Estado.

Los pasos han sido meticulosamente preparados para llegar a esta situación. Desde que en enero pasado se reservó un dominio en internet llamado ‘Catalangate’, ya estaba dictada la hoja de ruta del extremismo soberanista. Se debía presentar el escándalo el día antes de constituirse en el Parlamento Europeo la comisión Pegasus, que precisamente investigará el espionaje mundial practicado a través del programa Pegasus, que distribuye la empresa israelí NSO. También se perfilaron en ese periodo el diseño y el contenido de un portal específico para dar mayor cobertura y centralizar toda la estrategia en torno al espionaje masivo.

Aragonès quiere forzar una investigación sobre el espionaje a líderes independentistas

La hoja de ruta independentista tiene dos vertientes: la interna, en España, y la externa, a nivel internacional. Pero hay una condición indispensable para que se le pueda sacar rédito al escándalo político. “Es necesaria la unidad de acción de todas las fuerzas, lo que parece difícil en estos momentos”, señala a El Confidencial una fuente soberanista. Aunque el tema logró lo que parecía imposible (unir en una misma rueda de prensa a Carles Puigdemont y Oriol Junqueras), lo cierto es que cada partido independentista no está dispuesto a claudicar ante sus compañeros de viaje y abandonar su propia hoja de ruta. De hecho, según las fuentes consultadas, “si leemos entre líneas lo que dijo Junqueras y lo que dijo Puigdemont, se ve que hay una enorme diferencia de criterios. Y, por otro lado, se puede ver la diferente forma de afrontar el tema entre el Parlament y el Govern. Aunque los dos son contundentes, la reacción de Laura Borrás ha sido mucho más dura que la de Aragonès, que ha lanzado un aviso, pero que ha dejado puentes tendidos”.

Ofensiva en Madrid

La primera de las acciones coordinadas del independentismo se plasmó esta misma semana. Representantes de ERC, JxCAT, la CUP, PDeCAT, Compromís, Más País, Podemos, BNG, PNV y Bildu presentaron una petición a la Mesa del Congreso para crear “una comisión de investigación sobre el espionaje e intromisión a la privacidad a través de los 'malware' Pegasus y Candiru de líderes políticos, activistas, abogados, periodistas, instituciones y sus familiares y allegados”.

Foto: El presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès (EFE/J.J. Guillén)

El propio Aragonès acudió a Madrid este jueves a reunirse con todos los partidos firmantes. Apretó a Sánchez en su visita. Su intención era lanzar sus mensajes en medios nacionales para justificar su posicionamiento. Tenía que dejar contentos a sus colegas soberanistas, pero dejar una salida al Ejecutivo central. Desde la capital, aseguró que no tiene confianza en el presidente español y subrayó que ve “inviable” que ERC colabore en la gobernabilidad de España si Sánchez no depura responsabilidades. Lo que necesita en realidad el independentismo es un cabeza de turco, alguna acción que le justifique ante su público, porque los partidos soberanistas se han ‘lanzado a la piscina’ sin saber si tenía agua. Y hay un sector radical (entre ellos, Jordi Graupera, el candidato de Primàries, auspiciado por la ANC) que dice abiertamente que es de cajón que el Estado utilice herramientas a su alcance cuando se pone en peligro su integridad. Y que son los soberanistas los que deben evitar que les controlen. Pero hay amplios segmentos que quieren utilizar el tema del virus Pegasus para debilitar la imagen de España.

En el Congreso, el ‘president’ urgió al Gobierno español a dar explicaciones. “La pelota está en el tejado del Gobierno (…) Es imprescindible que se restaure el juego limpio, la intimidad y privacidad que nos han sido vulneradas, y que se garantice que el espionaje no forma parte de la forma de hacer política en España”, dijo Aragonès. Es una forma de taponar la herida para que la sangre no llegue al río. Para entenderla, es preciso tomar en consideración la críptica frase del ministro de Cultura y Deportes, Miquel Iceta, de este mismo jueves: “La confianza siempre es un camino de ida y vuelta. Y yo confío en que se restaure y mejore”. Lo dice un viejo zorro de la política que conoce a Aragonès desde que el actual ‘president’ no era más que un cachorro de las juventudes de ERC.

Dos formas de afrontarlo

Borràs ya puso a sus servicios jurídicos a trabajar para encontrar una rendija por la que colar una querella criminal por el espionaje. Aragonès, aunque fue duro en sus críticas contra el espionaje, no ha roto amarras con el Gobierno central. Pero también es cierto que la primera tiene en su mochila un proceso por corrupción contra el que se quiere blindar y Aragonès no. La presidenta del Parlament, muy posiblemente, se presente para formar parte de la cúpula de JxCAT en el congreso que este partido celebrará en junio (tiene asegurada una vicepresidencia, según algunas fuentes, aunque queda por ver si presentará candidatura a la secretaría general) y quiere ser una actora imprescindible en el panorama político catalán.

Foto: Puigdemont, durante la comparecencia sobre las escuchas. (EFE/EPA/Olivier Hoslet)

Su posicionamiento es mucho más extremista que el de Aragonès, más atento a la cordialidad institucional. Este mismo jueves, en una entrevista en La 2 y Ràdio 4, Borràs pidió una “ruptura de las relaciones con el Gobierno español” por parte de las instituciones catalanas. “¿Cómo puedes dialogar con quien te espía?”, clamó. Y, al mismo tiempo, aprovechó para tirar con obús contra su socio y rival, acusando a la mesa de diálogo impulsada por ERC y el PSOE de “una trampa, un producto muy pensado en su momento para conseguir la investidura de Pedro Sánchez”.

Aragonès, en cambio, ha ido consolidando su posición como ‘president’ y ha devuelto un cierto pragmatismo, estabilidad y credibilidad a un Govern que en los últimos años había sido vapuleado por el extremismo de su máximo representante, Quim Torra. El sector de Borràs copa el segmento más extremista de JxCAT y es el que quiere, precisamente, caminar hacia una confrontación total con el Estado español.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (Reuters/Albert Gea) Opinión

El ‘president’ aseguró este miércoles en una entrevista radiofónica que "no hace falta ser Sherlock Holmes para mirar al CNI" como el responsable, puesto que el programa Pegasus “solo lo pueden comprar los Estados y organismos gubernamentales”. Hay, pues, “evidencias claras” de que el CNI pudiera estar detrás del espionaje masivo. Además, avisó al PSOE de que será “muy difícil” que los republicanos puedan seguir dando estabilidad al Ejecutivo de Pedro Sánchez si no hay “juego limpio y una recuperación de la confianza”. Su discurso dista mucho del de Borràs, que se ha dedicado a retuitear mensajes radicales de la galaxia soberanista y que se apresuró a viajar este martes a Bruselas para acompañar a Puigdemont en la rueda de prensa que dio junto a Junqueras.

La CUP aprieta por su lado

En medio de esta batalla, la CUP reclama su sitio. Carles Riera, portavoz parlamentario de la formación anticapitalista, señaló que “es evidente que cuando al otro lado hay un EEstado y un Gobierno que no respetan los derechos democráticos y fundamentales (…) obviamente, aquí no hay nada a negociar ni dialogar. Las relaciones políticas bilaterales, de diálogo y de concertación con el Estado español y con el Gobierno español se han de parar y congelar. ¿Qué interés puede haber, qué lógica hay en dar estabilidad, en rebajar la conflictividad de un marco de relaciones políticas con el Estado que permite el Catalangate, que permite esta vulneración de derechos democráticos fundamentales? Este marco se ha de romper”.

Desde la CUP reconocen que dentro del independentismo “hay grandes discrepancias”. Pero, como razonaba Riera, “ante la represión, ante lo que es un atentado a los derechos democráticos, civiles y políticos más básicos, obviamente, tenemos la obligación ética y política de una acción conjunta, una acción coordinada tanto a nivel interno ante el Estado, como a nivel internacional para responder conjuntamente”.

Foto: Una estelada en una imagen de archivo. (Reuters/Perez)

En el partido no se lo van a poner fácil a sus rivales. Para empezar, meten en un mismo saco a Junts y a ERC. Ambos comparten responsabilidades en el Govern. Y la CUP quiere réditos inmediatos, tratando de arrastrar hasta sus postulados a los compañeros del ‘procés’. Considera que, por ejemplo, “congelar las relaciones con el Gobierno español, pero mantener la candidatura a los JJOO, es seguir con las políticas de sociovergencia republicana”. En otras palabras, la ruptura ha de ser total porque “si se mantiene esa candidatura, no se congelan las relaciones, como asegura Pere Aragonès”, dicen fuentes de la CUP. Esa ruptura se ha de escenificar en otros ámbitos, como en las distintas comisiones que mantienen Generalitat y Estado, como la comisión bilateral.

Para la CUP, se ha de caminar hacia una confrontación institucional similar a la de 2017. Y en esa estrategia coinciden los cuperos con algunos sectores de JxCAT, que nunca han abandonado el extremismo soberanista. El diputado Xavier Pellicer acusó a Isabel Rodríguez, portavoz del Gobierno español, de “mentir, cuando resulta más que evidente que tras este espionaje masivo está la mano del Estado español”. “[El Estado] está ocultando su implicación en este caso y, por tanto, no estamos ante un Estado democrático y de derecho”, dijo Pellicer, que zanjó: “La única salida es ejercer el derecho a la autodeterminación y dotarnos de un Estado propio. Por tanto, no hay otra salida que la vía del referéndum”. Y anunció, al mismo tiempo, una ofensiva judicial y acciones políticas tanto en Cataluña como en Madrid, que serán “acciones coordinadas”.

Los casos de presunto espionaje a dirigentes políticos soberanistas han dado a un sector del independentismo la excusa que esperaba. Clama con volver a la confrontación directa con el Estado español. Tanto JxCAT como la CUP presionan desde hace varios días a ERC y al presidente catalán, Pere Aragonès, para que rompa las relaciones con el Gobierno de Pedro Sánchez. El objetivo es dinamitar la mesa de diálogo, lo que llevan intentando desde el minuto uno de esta legislatura. La estrategia pasa por dejar al Ejecutivo del PSOE y Unidas Podemos en minoría y al mismo tiempo iniciar una ofensiva para debilitar al Estado. La presidenta del Parlament, Laura Borràs (JxCAT), pidió directamente este jueves la ruptura de relaciones con las instituciones del Estado.

Pedro Sánchez CUP Junts per Catalunya
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