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Soberanistas acusan a España de borrar de la Historia el primer barco de vapor por catalán
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Historiadores 'fake' independentistas

Soberanistas acusan a España de borrar de la Historia el primer barco de vapor por catalán

El Institut Nova Història, un ente revisionista que niega cualquier relato oficial, señala que detrás de Blasco de Garay hay un catalán al que la censura española escondió: "Han hecho lo imposible para desvirtuar la catalanidad"

Foto: Foto: EFE/Alejandro García.
Foto: EFE/Alejandro García.

Los historiadores 'fake' catalanes ya tienen otra historia que contar: el primer barco de vapor de la historia fue construido en 1543 en el puerto de Barcelona, pero no triunfó porque el Estado español lo boicoteó. Según su relato, la navegación marítima hubiese sido otra cosa si España no se hubiera interpuesto. La revisión sesgada de la Historia llega a tal extremo que los trabajos en esta línea destierran los trabajos previos y aseguran que Blasco de Garay no fue el padre de esta embarcación, sino un catalán al que la censura escondió. "El nacionalismo español ha hecho lo imposible para desvirtuar la catalanidad".

La historia no es nueva. Data de 2017, pero el independentismo la ha puesto de nuevo sobre la mesa en una estrategia de afirmación de la propia identidad catalana enfrentada a la española. Justo cuando las movilizaciones en la calle son prácticamente nulas. El Institut Nova Història (INH), la entidad que acoge a 'historiadores' y a 'investigadores' revisionistas que niegan sistemáticamente toda la historia oficial, ha recuperado las tesis de Carles Camp para apuntalar el sentimiento de 'ser diferente'.

Foto: La alcaldesa de Barcelona Ada Colau. (EFE/Quique García)

Para tejer su historia, el ‘investigador’ Camp afirma que el primer barco de vapor fue inventado por "un catalán que la censura esconde tras el nombre de Blasco de Garay". Se basan en que Tomás González, archivero del Archivo de Simancas, descubrió en 1825 unos documentos sobre el prototipo construido en Barcelona en 1543. Se trataba de un barco con "dos grandes ruedas colocadas cada una en cada costado del barco. Las ruedas lo propulsaban como si fuesen remos y la fuerza provenía de una gran caldera de agua hirviendo". Según Camp, el éxito fue total: "La embarcación giraba dos veces más deprisa que una tradicional y alcanzaba una velocidad que era superior a la habitual entre las embarcaciones de la época. Era cuatro y seis veces más rápida y no dependía de la fuerza del viento ni de los remos".

Los planos desaparecieron y del invento nunca más se supo. Garay, según estos documentos, fue recompensado por el emperador Carlos I, que le sufragó todos los gastos, añadiendo un premio de 200.000 maravedíes. Además, le ascendió en su grado militar. La narración del INH no tiene desperdicio y adentra el episodio más en un escenario vodevilesco que en la propia Historia.

Los nuevos documentos

Camp relata que en el siglo XIX, en plena independencia de los territorios de América, "se necesitaba elevar la moral hispánica, que estaba completamente hundida". Se trataba de demostrar que "España era también un país avanzado". Así, señala que el investigador Martín Fernández Navarrete pudo rescatar la historia del primer barco de vapor de la civilización. El archivero de Simancas le envió un relato diciéndole que la nave había llegado de Colliure (localidad francesa en la frontera, donde ahora está enterrado Antonio Machado) pero no daba más detalles, ni siquiera comentaba el resultado del experimento.

El sucesor de Tomás González, Manuel García, descubrió más tarde otros escritos en los que el propio Blasco de Garay, en una carta manuscrita dirigida a Carlos I antes del experimento de Barcelona, le explicaba que "el ingenio no se movía a vapor, sino gracias a unos hombres que hacían rodar manualmente unas ruedas con palas que movían la embarcación". Otros documentos hablaban hasta de seis ruedas, tres a cada lado del barco. Además, según la historiografía, los primeros archivos sobre el tema datan de 1695, 150 años más tarde. Y esos documentos apuntan a que Garay buscaba el apoyo de la Corona para desarrollar su invento, pero al no obtener ayuda financiera, su proyecto cayó en el olvido.

Foto: Parte de la bibliografía del Institut Nova Història. (David Brunat)

En el Archivo de Simancas había también otros documentos que hacían referencia a unas pruebas previas a la de Barcelona, pero en el puerto de Málaga. Esos documentos fueron puestos en conocimiento de otro historiador, Modesto Lafuente, autor de la ‘Historia general de España desde los tiempos primitivos hasta Fernando VII’, escrita entre 1850 y 1867.

Un 'inventor' de historias

Para desacreditar esos documentos, los historiadores 'fake' catalanes apelan a que "Lafuente fue uno de los principales creadores —e inventores— del relato historiográfico, que constituye uno de los grandes pilares que sustentan el pensamiento ideológico del nacionalismo español". "Cuando decimos inventor, lo hacemos en el sentido literal: es él quien inventa la mayoría de relatos fantasiosos, exagerados o directamente falsos que sostienen la justificación de una España única, eterna, uniforme, centralista y castellana. Lafuente no tuvo nunca ningún escrúpulo para falsificar documentación o inventarla, o para aceptar como verídicos documentos y crónicas de una credibilidad más que dudosa, con la finalidad de justificar que todos los territorios de Hispania estaban predestinados a unificarse y a uniformizarse bajo el centralismo castellano (…) Todo para justificar la invención de la nación española, que no era sino una ocurrencia de las Cortes de Cádiz de 1812", apuntan en el INH.

Camp cita a autores como Joan Cavaller y Tomás Pérez Vejo para acusar a Lafuente de poco serio y presentar relatos más parecidos a una novela que a los episodios históricos. Lafuente, no obstante, pasó a la historia por ofrecer una visión centralista de España, partidario de definir esta nación como una unidad política y social desde tiempos inmemoriales y por poner nombre al periodo entre la invasión árabe de la Península en 711 y la caída del Reino de Granada en 1492: la Reconquista.

Lafuente escribió sobre los papeles que le había entregado Blasco de Garay, en los que este no salía muy bien parado con su invento

Sus tesis fueron aprovechadas por Manuel de Saralegui, marinero, filólogo e historiador, ocupante de la letra J de la Real Academia de la Lengua Española, para su obra ‘Lo siento mucho. Consideraciones y documentos relativos al famoso ingenio del hidalgo Blasco de Garay’, que recogía el trabajo de Lafuente. A partir de ahí, historiadores y estudiosos restaron valor al barco de vapor y por ello el INH adapta la realidad y habla de una “campaña de descrédito contra el falsario”.

La guinda del Colegio de Ingenieros Industriales

La guinda del asunto es que en 1993, el Colegio de Ingenieros Industriales de Cataluña promocionó un trabajo de Santiago Riera, donde se reconocía que, “sobre el uso de una caldera, no sale en ninguna de las cartas y documentos de la época que hemos podido consultar”. Para los historiadores ‘fake’, eso tiene una explicación: “Es muy normal que no se haya encontrado nada. Los historiadores nacionalistas españoles se han cuidado mucho de destruirlas y sustituirlas por las que redactaron ellos, donde Garay explicaría que su experimento era fraudulento”.

Esta simple y extraña explicación choca con la que ofrece Riera: “No cuesta mucho dar la razón a los que desenmascaran la leyenda, de una manera especial a Lafuente y Saralegui”. El ingeniero sostenía que con la tecnología de 1543 no se podía construir una embarcación efectiva. Los observadores neutrales añaden al desconocimiento tecnológico del vapor de agua como combustible el problema de que para un recorrido largo debería llevarse una cantidad de leña tal que podría llenar el barco, ya que el carbón mineral no se usaba todavía. En ese caso, no podría transportar mercancías o tropas, que era su utilización más corriente.

Pero para las tesis independentistas, la realidad es que España falsificó la historia y ‘hundió’ literalmente el primer barco de vapor de la historia por envidia. “Cataluña tenía en aquel tiempo una de las mejores, si no la mejor industria y tecnología metalúrgica de Europa”. El propio Camp señala en su estudio que no se sabe qué podría haber pasado en una travesía larga, puesto que el ingenio, al parecer, nunca salió del puerto de Barcelona. Pero a continuación profundiza en una tesis peligrosa: “El problema es posible que se tendría que situar en el hecho de que el canonje González proporcionó a Navarrete un gran éxito protagonizado por un catalán y ocurrido en un escenario catalán. Un éxito que el nacionalismo español no toleraba ni todavía tolera”.

Foto: El 'president' Pere Aragonès. (EFE/Alejandro García)

El ‘investigador’ del INH rebate y quita importancia a cualquier experimento que se hubiese hecho en Andalucía. “Dejando de lado que la industria metalúrgica en la marina andaluza del momento no era precisamente puntera, ¿qué sentido tendría que, para hacer la prueba definitiva, se hubiese trasladado la prueba a unos 800 kilómetros de distancia, con el encarecimiento del coste del transporte de material, herramientas y personas que todo junto suponía?”, se pregunta Camp.

Termina con una afirmación para apuntalar su tesis. "Los nacionalistas españoles prefirieron inventarse documentación y decir que el éxito del barco de vapor en Barcelona en 1543 —el primero que hubo en el mundo— fue un fraude, antes que alegrarse de un éxito alcanzado en Cataluña. En su delirio nacionalista español, pensaban —y piensan— que un éxito conseguido por un catalán da alas al irredentismo de los catalanes. Y no hemos de olvidar que es en este contexto de creación e imposición de un imaginario español de matriz castellanocéntrica en el que hemos de inscribir la obra de Lafuente y sus seguidores". Por ello, afirma con rotundidad: “Es absolutamente seguro que si el exitoso experimento se hubiese hecho en Málaga, ahora Garay sería un héroe nacional y no una personalidad considerada como un falsario”.

Los historiadores 'fake' catalanes ya tienen otra historia que contar: el primer barco de vapor de la historia fue construido en 1543 en el puerto de Barcelona, pero no triunfó porque el Estado español lo boicoteó. Según su relato, la navegación marítima hubiese sido otra cosa si España no se hubiera interpuesto. La revisión sesgada de la Historia llega a tal extremo que los trabajos en esta línea destierran los trabajos previos y aseguran que Blasco de Garay no fue el padre de esta embarcación, sino un catalán al que la censura escondió. "El nacionalismo español ha hecho lo imposible para desvirtuar la catalanidad".

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