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Puigdemont reconoce que el 1-O fue un punto de partida para negociar con Rajoy
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Revelación en el libro 'El contragolpe'

Puigdemont reconoce que el 1-O fue un punto de partida para negociar con Rajoy

El expresidente catalán señala en una entrevista incluida en un libro que la consulta de 2017 intentaba forzar una interlocución con el Gobierno, pero no plantear la ruptura con España, como defienden en JxCAT

Foto: Carles Puigdemont. (EFE/Stephanie Lecocq)
Carles Puigdemont. (EFE/Stephanie Lecocq)

El expresidente catalán Carles Puigdemont ha acabado reconociendo que el referéndum del 1-O fue un punto de partida para negociar con el Gobierno de Mariano Rajoy. En una entrevista con el periodista Carlos Quílez para su nuevo libro, ' El contragolpe' (Editorial Península), Puigdemont vuelve a situar la consulta de octubre de 2017 como una palanca negociadora y no como un punto y aparte inapelable que iba a forzar una ruptura con el resto de España, como defiende la mayor parte de los unilateralistas del partido que preside, JxCAT.

“El referéndum se ganó, pero según el Estado, no fuimos suficientes. Pues vale, de acuerdo, hablémoslo —explica Puigdemont en tono retórico—. ¡Discutamos sobre ello! Solo buscábamos el reconocimiento de que había acaecido un acontecimiento político histórico que había cambiado las cosas. Los resultados del 1-O eran un buen punto de partida para iniciar las conversaciones, pero todo fue mentira” (pág. 297).

En muchos momentos de la entrevista, Puigdemont critica que el Ejecutivo de Mariano Rajoy no tuviese un auténtico talante negociador: “Aquello fue muy duro. Yo tenía presiones por ambas partes. Yo mantuve la posición a pesar de las presiones de mis propias filas. El Estado se negaba a conversar y nunca recibió presiones de ambos lados. Yo sí recibía presiones por ambos lados” (pág. 298).

Foto: Carles Puigdemont. (Reuters/Guglielmo Mangiapane)

Se da la circunstancia de que en el seno de JxCAT el 'octubrismo' es la corriente ideológica dominante. Según esta tesis, el 1-O es un “mandato democrático”, que tiene que asumirse desde un Parlament que rompa con el Estado español para ser coherente con esa movilización popular. El ala más extrema del partido son los seguidores de Laura Borràs, cuya autobiografía se titula ' Filla del 1 d’octubre' (hija del 1 de octubre). Cuando el secretario general, Jordi Sànchez, aseguró en junio del año pasado que "el 1 de octubre fue concebido más para forzar al Gobierno a abrir una vía de diálogo y negociación para lograr un referéndum acordado que para proclamar la independencia", se abrió una pequeña crisis en el partido y este alto cargo se vio obligado a rectificar 24 horas después.

Ahora es Puigdemont quien, sorpresivamente, revisa el concepto. “Para mí el día clave es el 10 de octubre, un día sobre el que muchos no prestan atención. No se puede entender el 27 sin el 10. Hubo muchas idas y venidas, muchos mensajes profundos, de enorme calado y mucha voluntad de diálogo con el Gobierno español” (pág. 297). “Percibí una voluntad verosímil de diálogo en el Estado español. Voluntad que no terminó siendo real… Ese día 10 nos llegó un papel que por desgracia no he conservado —verdaderamente increíble— que nos llega sin membrete y que nos envía Jorge Moragas, jefe de Gabinete del presidente Mariano Rajoy, quien personalmente nos insiste por teléfono: ‘Ese es un papel nuestro. Os lo enviamos, pero no lo hemos hecho nosotros”.

Foto: El 'expresident' catalán Carles Puigdemont. (Reuters/Guglielmo Mangiapane)

Puigdemont expone su convencimiento de que el autor del papel era en realidad el lendakari vasco, Iñigo Urkullu. “Era un papel con una serie de condiciones que si se seguían haría que todos fuésemos por el buen camino. Por eso suspendí la DUI y en los límites de la irreversibilidad yo cumplí no declarando la independencia el día 10” (pág. 297). Fue la declaración de independencia que duró ocho segundos.

Intermediarios

En la entrevista, Carles Puigdemont identifica a diversos intermediarios en esos contactos, entre ellos el ya mencionado Urkullu, el Colegio de Abogados de Barcelona o el presidente de la Fundación Bancaria la Caixa, Isidre Fainé: “Con el señor Fainé me reuní dos o tres veces en el Palau, pero no en mi despacho, sino en mis aposentos, en la Casa dels Canonges. No le quise dar nunca categoría oficial o institucional. Si le hubiera recibido en el despacho presidencial se hubieran malinterpretado su visita y su capacidad de influencia” (pág. 295).

Entre los mediadores entre Puigdemont y el Gobierno español estuvo Fainé

El 'expresident' también explica el paquete de mínimos que quería fijar ante Rajoy para no hacer la DUI y convocar elecciones. Según él, fueron “comprometerse a no implantar el 155, retirar el extra de policías que había enviado a Cataluña, levantar la presión y el control financiero de la Generalitat y no enviar a los Jordis a la cárcel” (pág. 298). Y añade: “Si el día 26 Rajoy hubiera cumplido con las condiciones que yo le proponía, hubiera convocado elecciones, dijeran lo que dijeran, incluido Rufián con aquello de las 155 monedas de plata”.

Atentados del 11-A

Los atentados de las Ramblas merecen un capítulo aparte. Sobre ellos, el 'expresident' se muestra estupefacto de que Rajoy otorgase todo el protagonismo a la Generalitat en la detención y el abatimiento de los terroristas. Puigdemont llama a Rajoy para informarle de que se ha tiroteado al último terrorista y cree que habría que dar una rueda de prensa conjunta. La respuesta del presidente del Gobierno le deja estupefacto: “Hazlo tú. Yo aviso a los míos para que estén calladitos’. Me puede alguien decir por qué me regaló a mí, en exclusiva, esos honores. Simplemente, me parece incomprensible”.

El expresidente catalán Carles Puigdemont ha acabado reconociendo que el referéndum del 1-O fue un punto de partida para negociar con el Gobierno de Mariano Rajoy. En una entrevista con el periodista Carlos Quílez para su nuevo libro, ' El contragolpe' (Editorial Península), Puigdemont vuelve a situar la consulta de octubre de 2017 como una palanca negociadora y no como un punto y aparte inapelable que iba a forzar una ruptura con el resto de España, como defiende la mayor parte de los unilateralistas del partido que preside, JxCAT.

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