La crisis de los presupuestos refuerza a Aragonès, que ya revisa su pacto con la CUP
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JxCAT deja en evidencia su división

La crisis de los presupuestos refuerza a Aragonès, que ya revisa su pacto con la CUP

El pacto de gobierno entre ERC y Junts va mal en términos de cumplimiento, pero aun así los segundos no están dispuestos a dejar caer el Ejecutivo de la Generalitat

Foto: El 'president' de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE/Andreu Dalmau)
El 'president' de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE/Andreu Dalmau)

Pere Aragonès ha salido reforzado de la crisis de los presupuestos, igual que le pasó con el cisma de la mesa de diálogo. De nuevo visibiliza un golpe de autoridad, en este caso convocando un Consell Executiu extraordinario de maitines a las 8:30 de este lunes en el que ningún miembro de JxCAT fue capaz de verbalizar o secundar las reservas que había expresado el día antes el secretario general del partido, Jordi Sànchez, sobre el acuerdo con los comunes para salvar las cuentas de la Generalitat para 2022. Parece que en el partido que preside Carles Puigdemont no han entendido cómo se llama el juego. Ni autodeterminación ni independencia. Se llama salirse con la suya. Y el 'president' va ganando. Ya lo hizo con la ampliación de El Prat y con la mesa de diálogo, y ahora ha vuelto a ganar.

Por mucho que algún cronista de la prensa independentista indique que la figura del presidente catalán se empequeñece, los hechos apuntan hacia lo contrario. Al final, en caso de duda, se hace lo que dice el republicano. Y casi sin alzar la voz. Si la respuesta es que la portavoz de JxCAT, Elsa Artadi, exija “una reunión al más alto nivel para revisar el pacto con ERC”, Aragonès puede estar tranquilo. Todo el mundo sabe dos cosas en Cataluña, que el acuerdo de gobierno va mal en términos de cumplimiento, y que JxCAT no está dispuesto a dejar caer el Ejecutivo autonómico y poner en riesgo los más de 200 cargos públicos que dependen de las Administración regional y que financian el partido con el 4% de su salario. Y menos a las puertas de las municipales.

Foto: El presidente del Gobierno de Cataluña, Pere Aragonès. (EFE/Langsdon)

El pacto se está incumpliendo porque se están soslayando muchos de sus términos. El Consell per la República, sin ir más lejos, cuya reforma ha sido aparcada de manera indefinida. O en todos esos organismos de coordinación para evitar crisis de gobierno, cuando sobre el terreno hay una cada cinco semanas.

Pero ERC se refuerza. Demuestra que puede pactar con los comunes y que hay más mayorías en el Parlament que la independentista. Mantiene aislado al PSC en Cataluña, como se habían marcado sus líderes como objetivo para que Gabriel Rufián siga repartiendo juego en Madrid. Y hasta la CUP acepta la mano tendida, como demostró en el pleno de ayer. Los anticapitalistas no pasan a la oposición, piden al 'president' que no se lo tome a mal, total, solo le han intentado tumbar la ley más importante del año y, según se mire, de la legislatura entera.

Además, Aragonès siente que crece su margen de maniobra. Ayer, cuando le preguntaron sobre la cuestión de confianza a la que ha de someterse dentro de año y medio, ya evitó confirmarla y solo dejó caer que “el pacto con la CUP está en revisión”.

El plantón de la CUP, negándose a apoyar los presupuestos de la Generalitat, tendrá consecuencias políticas. Para empezar, el presidente catalán y la cúpula de ERC ponen en revisión todo el acuerdo de investidura firmado con los anticapitalistas. En especial, su aspecto más importante: que Aragonès se sometería a una cuestión de confianza en 2023 para valorar la evolución de la mesa de diálogo con el Gobierno central. Fuentes republicanas aseguran que ya no tiene sentido, cuando la confianza en sí ya se ha perdido con el veto a los presupuestos. Ahora, el 'president' tiene las manos libres para actuar como más le convenga.

Fuentes de ERC aseguran que la CUP ha roto el pacto. Por otro lado, se considera que se hicieron suficientes cesiones —del Hard Rock Café a los protocolos de los 'mossos'— como para que se aprobaran las cuentas. En la práctica, la CUP no ha dejado ni tramitarlas. Ya se opuso a las de 2020, en plena pandemia, cuando los comunes tuvieron que acudir, como ahora, al rescate.

La CUP, en la recámara

En el terreno de la política más mundana, Aragonès ahora tiene manos libres para hacer lo que quiera. Incluso, los anticapitalistas no desaparecen como socio potencial para otras cuestiones, ya que no han anunciado que pasan a la oposición. Así, por ejemplo, se mantiene el grupo de trabajo denominado Acuerdo Nacional por la Amnistía y la Autodeterminación, que encabeza el 'cupaire' David Fernández y que en el fondo funciona como una bala en la recámara por si fracasa la mesa de diálogo.

Aragonès se erige en el gestor del 'mientras tanto' mientras CUP y JxCAT dan bandazos

Pero para todo lo demás, para lo que los republicanos denominan 'gestionar el mientras tanto' y que se puede traducir como autonomismo puro y duro, Aragonès podrá cerrar acuerdos con otros grupos parlamentarios. Y como él quiere. Sin fechas para la mesa de diálogo y sin límites suicidas como un nuevo referéndum.

La división en JxCAT

En el otro lado del río independentista, la foto no es tan amable. JxCAT da la imagen de una formación rota. Con Jordi Sànchez, Elsa Artadi y el aparato del partido por un lado, y los 'consellers' y altos cargos en nómina de la Generalitat —lo que sería el Jordi Turull Power—, que son su base principal, por otro. Mientras, Carles Puigdemont desde Waterloo no se posiciona para intentar gustar a todos sin contentar a nadie. Junts incorporó a independientes de brillo, como Josep Maria Argimon (Salut) o Jaume Giró (Economía). Pero si luego hay que negociar los presupuestos y se prohíbe a Giró acudir a la reunión, como pasó el domingo, lo que genera es un hondo malestar de puertas adentro. Y eso en el plano corto. Porque si se amplía el foco, la política catalana se ha convertido en una fiesta donde todos quieren bailar, pero Aragonès se ha hecho con el control del aparato de música.

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