Laura Borràs se erige como la auténtica jefa de la oposición al Gobierno de Aragonès
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Renuncia a un perfil institucional

Laura Borràs se erige como la auténtica jefa de la oposición al Gobierno de Aragonès

Con su calendario de actos, sus apariciones públicas, sus declaraciones y su actividad en redes, la presidenta de la Cámara catalana se dedica a desgastar sin descanso al 'president'

Foto: La presidenta del Parlament, Laura Borràs. (EFE)
La presidenta del Parlament, Laura Borràs. (EFE)

La oposición lleva meses reprochando a Laura Borràs, presidenta del Parlament, su falta de perfil institucional. En especial porque castiga a Vox y Cs limitando sus intervenciones. Las críticas a su parcialidad se han convertido en una moneda de cambio común. Pero lo más curioso es que a menudo Borràs hace más oposición a Pere Aragonès de la que le hace Salvador Illa y el PSC. En teoría, el socialista tendría que tener reservado ese papel. En la práctica, Borràs le está dejando sin trabajo. A veces a golpe de tuit, a veces con sus convocatorias de actos. El punto de mira de la presidenta no es Vox, es Aragonès. Y, pese a que Carles Puigdemont se lo negó en su momento, ella sigue mirando hacia el Palau de la Generalitat.

Laura Borràs se siente tan segura que ayer, mientras el Govern se esforzaba en demostrar que trabajaba durante el 12 de octubre, Fiesta Nacional de España, ella cogió y cerró el Parlament para irse de puente. Borràs sobreactúa su independentismo, pero a la convergente manera, cuando quiere y le apetece. Y desde luego sin alinearse con Aragonès, al que ha puesto proa. La presidenta de la Cámara y segunda autoridad de Cataluña aprovechó ayer para viajar a Bélgica, reunirse con la presidenta del Parlament de Flandes y luego se reunió con Puigdemont y el resto de eurodiputados de JxCAT.

Foto: La nueva presidenta del Parlament, Laura Borràs. (EFE)

La convocatoria de actos ha sido una de sus armas favoritas. O acudir a ellos como hizo cuando asistió al homenaje al fallecido Heribert Barrera, organizado por Quim Torra en Girona. Barrera había sido presidente de ERC y, con su presencia, Borràs le comía la tostada a los republicanos. Igual que hizo cuando dio la medalla de oro del Parlament a "las víctimas del 1 de octubre". El mensaje era claro: yo sí que apoyo a los reprimidos por España, no como otros. Todo el mundo entendió que los otros solo era uno y que trabajaba en el Palau de la Generalitat.

Posteriormente, Laura Borràs le montó un homenaje a Torra, quien había sido su mentor en política, aunque quien le trajo a ella había sido Artur Mas. Lo hizo contraprogramando a Pere Aragonès, justo cuando este tenía que dar su primer discurso en el debate de política general. El 'president' asistió al acto, en buena parte para no dejar espacio a Borràs, que es el guepardo de los eventos con sentido soberanista.

Foto: El vicepresidente del Govern y 'conseller' de Políticas Digitales, Jordi Puigneró (d), junto a la presidenta de la Cámara catalana, Laura Borràs. (EFE)

Se vio en Cerdeña. Cuando Carles Puigdemont sale de comisaría tras haber pasado una noche en el calabozo, lo hace acompañado de Borràs, como si la presidenta de la Cámara fuese una guerrera 'Kill Bill' que lo hubiese liberado en persona catana en mano. Eso obligó al presidente catalán a tener que hacer un viaje en barco, que se les hizo eterno y duró cuatro horas, para llegar al día siguiente a dar apoyo a Puigdemont. No se sabe qué se le hizo más largo a Aragonès, si la travesía en la que estuvo sin cobertura de teléfono móvil o verse obligado a hacer el trayecto en compañía del vicepresidente, Jordi Puigneró.

En todas estas apariciones, el mensaje de Borràs es el mismo. Yo soy la pura. La Generalitat está en manos de un soberanista descafeinado, que no está a mi altura, literalmente, y que, a los hechos me remito, va un paso por detrás.

El azote de Twitter

Tanto en discursos, entrevistas, apariciones públicas y en su cuenta de Twitter, Laura Borràs ha sido la gran enemiga de la mesa de diálogo, la piedra sobre la que ese Pere —Pedro— está construyendo su iglesia en esta legislatura. Algunas declaraciones sobre el proyecto. Solo algunas porque, si figurasen todas, el artículo no se acabaría nunca. “La mesa de diálogo es un eslogan”. “ERC colabora con el Estado a través de la mesa de diálogo”. “La mesa de diálogo es más una alucinación colectiva y un producto de 'marketing”. “La mesa de diálogo está enterrada”. “Se hacen encuentros de supuesto diálogo el mismo día que el Tribunal de Cuentas nos desangra a todos los servidores públicos que han formado parte del gobierno y seguían un plan de gobierno. Hay una operación de blanqueo y de 'marketing', por un lado, y hay una actuación efectiva de la otra”. “Hay que prepararse para el fracaso de la mesa de diálogo”. Y hay muchas más.

Foto: La presidenta de la cámara catalana, Laura Borràs (i), y el letrado Xavier Muro. (EFE)

Algunas veces el ataque es contra el propio Aragonès, cuando le replicó: "Pedir concreción a los demás cuando eres tan pobre en tus concreciones no es aceptable". Como alternativa, Laura Borràs vuelve a las esencias, el 1 de octubre es una “mandato democrático” y Cataluña necesita “unilateralidad”, si bien en este momento “no sería viable”.

Nadie ha criticado tanto la mesa de diálogo como lo ha hecho Laura Borràs

Aunque a menudo el foco de las tensiones se pone en la Generalitat, lo cierto es que el Gobierno catalán se encuentra relativamente cohesionado en comparación con la trinchera opositora que ha levantado Laura Borràs desde el parque de la Ciutadella.

La postura del PSC

Esta sensación de que es Borràs la que hace oposición a Aragonès en lugar de Salvador Illa es, en parte, fruto de la estrategia que está jugando el PSC. Cada vez que Aragonès hace una apuesta, arriesga, los avales del ICF, por ejemplo, los socialistas catalanes le dan cuerda para que se ahorque, muy lejos de aquella sobreactuación de Cs. Es una oposición blanda. Como en el caso de El Prat, son las propias contradicciones internas las que dejan en evidencia al presidente catalán. La estrategia le sale bien a Illa, pero aumenta la visibilidad de Borràs como gran azote de Pere Aragonès. Si no fuera por los nubarrones judiciales, no habría dudas de que la presidenta de la Cámara catalana haría un segundo intento para asaltar el Palau de la Generalitat.

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