Aragonès inicia un leve deshielo de las relaciones entre la Generalitat y la Casa Real
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Cambio de criterio

Aragonès inicia un leve deshielo de las relaciones entre la Generalitat y la Casa Real

Ha habido un giro estratégico desde el Palau. Ahora, la Generalitat no piensa ceder espacio institucional ni social porque aparezca el Rey o alguno de los miembros de la familia real

placeholder Foto: Reunión anual del Cercle d'Economia. (EFE)
Reunión anual del Cercle d'Economia. (EFE)

Pere Aragonès ensayó ayer en el Círculo de Economía el inicio del giro estratégico de la Generalitat con la Casa Real. Informalidad, ruptura del protocolo, pero, al final, contacto educado entre el nuevo presidente de la Generalitat y Felipe VI, quien aprovechó los dos minutos de cruce forzado para presentar el catalán al presidente de Corea, Moon Jae-in. Aragonès no fue a recibirle a las puertas del hotel, faltando al respeto institucional debido. Tampoco se quedó a la cena inaugural del Círculo de Economía, en otro desplante más. E incluso intentó esquivar la foto de familia. Pero desde la Generalitat ensayaron ayer un tímido acercamiento a la figura del monarca. El cambio es sutil, pero se está lejos, muy lejos, de las estridencias de la época de Quim Torra. La ruptura vivida en Cataluña fue muy profunda y el retorno a una cierta normalidad política también apunta que se llevará a cabo de manera muy lenta, como un lento deshielo.

Sin embargo, hubo foto. De Pere Aragonès con el Rey; con la ministra de Economía, Nadia Calviño; con la ministra de Industria, Reyes Maroto, y con el presidente coreano. Aragonès se hizo acompañar en su reencuentro con Felipe VI de dos 'conselleras', Laura Vilagrà (Presidència), quien se quedó en la cena, y Victòria Alsina (Acció Exterior). Por tanto, de vacío institucional, nada. Aragonès y el Rey apenas coincidieron dos minutos, pero como le dijo el presidente del Círculo de Economía, Xavier Faus, al propio Aragonès: “Es el momento de iniciar una nueva etapa de concordia con España”.

La foto de Aragonès con el Rey recuerda a una cierta normalidad de la etapa anterior al 'procés'. Se debe a un cambio de criterio que se anunció el pasado martes impulsado desde el Palau. Con Quim Torra, se había decretado el boicot al Rey. Solo se acudía a actos en los que estuviese el monarca a la fuerza, como fue el caso de los Juegos del Mediterráneo en Tarragona, en 2018. Ahora se actuará de otro modo. Si el Rey va a un acto, se acude igual, siempre que la Generalitat tenga interés. No volverá a pasar lo de SEAT el pasado mes de marzo, cuando la Administración catalana retiró su representación junto al Rey para no indignar a la CUP, de la que dependía la investidura de Aragonès.

Ahora, la Generalitat no piensa ceder espacio institucional porque aparezca el Rey o un miembro de la de la familia real. En cambio, se evitará participar en eventos en los que el convocante sea la Casa Real. De alguna manera, se baja el volumen.

Foto: Saludo de Felipe VI con el 'president' de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

Y este tono más suave también se ha notado en la calle. A las siete de la tarde se ha quemado una foto del Rey puesta bocabajo. Pero han participado apenas un centenar de personas. Pinchazo de la ANC, que convocaba la protesta, que solo duró media hora. Y eso que destacados políticos como Jordi Sànchez o Jordi Turull estuvieron en redes criticando la presencia del Rey en Barcelona.

En el evento, Aragonès gustó. Recordó a Jordi Pujol. Como explicó uno de los empresarios presentes, “es bajito, pero ojo, el último bajito que llegó a 'president' de la Generalitat se quedó 20 años”, justo en referencia a la figura de Pujol. Más allá de los chistes, a muchos de los presentes les sonó bien la música, pero desconfían de ERC después del intento de sedición de octubre de 2017.

Efecto Barcelona

También hay que tener en cuenta el efecto Barcelona. Y que la mayor parte de los presentes pertenecen a clases acomodadas. Pero en la capital catalana y en su área metropolitana, la misma para la que Aragonès reclamó un nuevo modelo de cogobernanza para no perder comba ante Madrid, la mayoría social quiere enterrar el intento independentista y hacer ver que no ha pasado lo que pasó. No ocurriría lo mismo en Manresa o en Girona. Y no es casual que este intento de arrancar un tiempo nuevo ocurra cuando el Círculo de Economía, por primera vez, celebra su XXVI reunión no en Sitges, como llevaba años haciendo, sino en Barcelona.

Respecto al independentismo, Barcelona está en otra clave sociológica que Girona

Si hubo hostilidad empresarial, no fue contra Aragonès. La que fue mal recibida fue la alcaldesa Ada Colau. Su discurso, de un optimismo un tanto naíf, no gustó, y con las municipales a dos años muchos de los presentes buscan fórmulas para desbancarla de la alcaldía. Entre los empresarios y directivos, pululaba el 'exconseller' Santi Vila, ya libre de inhabilitaciones, que podría intentar liderar una alternativa que se podría resumir en 'todos contra Colau'. Su principal problema: el PSC desconfía de la operación.

Así que el primer día acabó en tablas. El mundo empresarial lanza su propuesta para recuperar la política de antes aprovechando que ahora el independentismo no hace pie. Han pasado demasiadas cosas. Salvador Illa centró su programa electoral en pasar página. Y eso quiere hacer el empresariado catalán. Si el precio son los indultos, no importa. En estas jornadas, nadie se cree que los independentistas lo vayan a 'volver a hacer', por mucho que lo clamen a los cuatro vientos. El deshielo con la Corona apuntaría en la misma dirección. Algo se mueve en Cataluña. Despacio, pero se mueve.

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