Jordi Pujol avala la estrategia de Aragonès y pide un “apaño” con el Gobierno español
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EN UN LIBRO ENTREVISTA

Jordi Pujol avala la estrategia de Aragonès y pide un “apaño” con el Gobierno español

El 'expresident' también hace autocrítica sobre cómo se enfocó el 'procés' en 2017 y habla de derrota, de rectificar la estrategia e incluso pide disculpas por no haber pinchado el globo

placeholder Foto: El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. (EFE)

En 2017, Jordi Pujol dio su apoyo al independentismo. Lo hizo de manera tardía, pero lo hizo. Ahora protagoniza la retirada más sonada de todos los protagonistas del 'procés'. En un libro-entrevista con el periodista Vicenç Villatoro titulado 'Entre el dolor i l’esperança' (Proa, 2021), el 'molt honorable' rectifica en toda regla: reconoce que el proceso de independencia fue un error y que el independentismo sufrió una derrota, e incluso se disculpa por no haber enfriado los ánimos. Todo el libro es un aval a la actual estrategia de Pere Aragonès al frente de la Generalitat, así que de manera literal pide “un apaño” con el Gobierno español. Comparado con la carta de Oriol Junqueras, el libro de Jordi Pujol es el Santo Grial de las rectificaciones políticas.

'Apaño' es una de las pocas palabras que Pujol utiliza en castellano en el libro. Pero resulta inequívoca: “La palabra ‘apaño’ resuena mal después de tanta movilización y tanto ‘a por ellos’ y de tanta voluntad que ha habido de ir 'residualizando' la autonomía, de comprimir Cataluña como una cultura y economía, de recortar su capacidad de dar consistencia a la gente. Por tanto, contesto a su pregunta: siempre hemos de estar abiertos a un acuerdo” (pág. 69).

placeholder El periodista Vicenç Villatoro. (EFE)
El periodista Vicenç Villatoro. (EFE)

No es una cita perdida. Es medio libro lleno de metáforas militares y con un halo de derrota innegable. El otro medio está centrado en justificar el dinero en Andorra y su relato oficial cara al juicio que han de afrontar él y su familia en la Audiencia Nacional. Su único pecado, por resumir, ha sido no vigilar suficientemente a sus hijos. No resulta creíble ni aporta pruebas. En todo caso, la Justicia dirá.

Volver al Estatuto

Pero, en lo político, la obra de Villatoro resulta más interesante, porque el que se considera padre del movimiento independentista, si bien estuvo lejos de ser su impulsor, propone ahora volver al Estatut de 2005: “Es difícil de fijar este punto de reencuentro y de relanzamiento porque en ningún caso —en ningún caso— podría quedar por debajo del Estatut que aprobó el Parlament de Cataluña y que ratificó el Congreso de los Diputados” (pág. 329).

Al contrario que Oriol Junqueras y Marta Rovira en su libro 'Tornarem a vèncer', Pujol reconoce la derrota del independentismo en 2017. No reclama cuestiones como 'el mandato del 1 de octubre' —del que elogia su organización logística— ni la figura del 'president legítim', que tanto ha agitado Carles Puigdemont. Ni siquiera se refiere a JxCAT por su nombre, sino que se refiere al “espacio de Convergència”. La realidad de la situación catalana la asume más un político de 90 años, retirado, pero que demuestra página tras página una envidiable lucidez, que los políticos profesionales. Tras leer el libro de Vicenç Villatoro, periodista de cámara del pujolismo desde los años noventa, cuando lo nombraron director del 'Avui', no hay ninguna duda: por mucho que lo repita Jordi Cuixart, el independentismo 'no ho tornarà a fer'.

Foto: Los presos del 'procés' Oriol Junqueras (d), Jordi Sànchez (i) y Jordi Cuixart. (EFE)

La ventaja es que quizás a Jordi Pujol le dirán chorizo, pero nadie se atreve a acusarle de traidor, como están haciendo con Pere Aragonès los independentistas más radicales tras el acto con Pedro Sánchez en la patronal Fomento del Trabajo.

Aragonès 'pujolea'

La mesa de diálogo podría estar patrocinada por Pujol. Así se afirma en esta larga entrevista: “Habría que hacer un nuevo esfuerzo de acercamiento. Dentro de poco, será necesario que todas las partes implicadas en este doble escenario catalán y español, ahora tan dañado, sean capaces de encontrar un clima de diálogo” (pág. 328-329). Lo maravilloso es que la entrevista acabó en junio de 2020, hace casi un año. Pero el fundador de CDC vio la jugada de manera perfecta.

Viendo la dimensión de la tragedia, hasta Villatoro le advierte a su entrevistado de que “no parece sencillo pedir a la sociedad catalana, a una parte muy importante de esta sociedad, que haga marcha atrás después de estos últimos años de movilizaciones” (pág. 330). Pero Pujol no se arredra en su respuesta: “No es sencillo. No lo es en el ámbito catalán. Más difícil todavía en el conjunto del Estado” (pág. 331).

Pujol defiende abandonar el objetivo de la independencia y el diálogo con el Gobierno

Así, el expresidente catalán pide al soberanismo “una revisión de los objetivos. Y si no se quiere hacer símiles militares, digamos que lo que hace falta es ordenar la casa” (pág. 331).

La razón de esta posición es clara. La derrota. Pujol la reconoce en varias ocasiones. “Conscientes de las fortalezas que hay a lado y lado, pero también del hecho de que si la independencia era el objetivo de una parte, no se ha podido conseguir” (pág. 328). “Hay que asumir la realidad (…). Cataluña ha sido capaz de llevar a cabo de cara a esto una movilización muy potente, también es cierto que no está a su alcance conseguir la independencia” (pág. 68). “Pasa a veces cuando un ejército ha avanzado mucho, que esto pueda dislocar un poco y que se pueda poner en una situación de riesgo ante la cual hay que resituarse” (pág. 50). “Porque ha quedado claro que muy probablemente Cataluña no podía independizarse” (pág. 343).

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

Autocrítica

Jordi Pujol también hace autocrítica sobre cómo se enfocó el 'procés' en 2017: “Hubo una parte de la opinión pública catalana que creyó que todo este proceso sería rápido y sencillo, con muy poca resistencia por parte del Estado y con muchos apoyos internacionales. Eso era una quimera” (pág. 53).

Acto seguido, Pujol hace acto de contrición: “Yo entonces ya era consciente de todas estas dificultades o como mínimo de muchas de estas dificultades. Ya intuía que no sería ni rápido ni sencillo y que el 'procés' no tenía el éxito asegurado. Quizás entonces debería haberlo dicho de una manera más contundente”.

Y así, páginas y páginas en donde avisa de la decadencia (pág. 338) que vive Cataluña y la necesidad de establecer como prioridad superar la pandemia y la crisis económica (pág. 336). Justo el programa de Aragonès con los fondos europeos. Y, atención, porque Pujol será un nonagenario, pero nadie ha percibido cómo él durante décadas hacia dónde se mueve la mayoría social de Cataluña. Si Jordi Pujol mantiene intacto su olfato político y dice que toca retirada, a lo mejor está reflejando el sentir de una mayoría social agotada por el 'procés' y el coronavirus. Y, si es así, a lo mejor puede que Pere Aragonès, en lugar de ser un líder efímero, permanezca varias legislaturas en el Palau.

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