Los errores de Pere Aragonès que dejan a Cataluña al borde del precipicio
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cómo acabó siendo esclavo de JxCat

Los errores de Pere Aragonès que dejan a Cataluña al borde del precipicio

Es cierto que todos han puesto un poco de su parte para llegar al callejón sin salida actual, pero en este contexto brilla con luz propia el actual presidente en funciones

placeholder Foto:  El presidente del 'Govern' en funciones, Pere Aragonès. (EFE)
El presidente del 'Govern' en funciones, Pere Aragonès. (EFE)

Tres meses después de las elecciones catalanas, Cataluña está todavía sin gobierno. Los tres partidos independentistas con representación parlamentaria, ERC, JxCat y la CUP, tienen una clara mayoría de 74 diputados (sobre 135), pero no han sido capaces de llegar a un acuerdo para formar Govern. Es más: JxCat y Esquerra llevan casi una década gobernando juntas, pero llevan tres meses arreándose sopapos dialécticos sin haber podido llegar ahora a un pacto. Algo muy preocupante está pasando en la política catalana.

Dice el refrán que la culpa se quedó soltera, porque nadie la quiso. El refrán es aplicable a lo que pasa en Cataluña. Es cierto que todos han puesto un poco de su parte para llegar al callejón sin salida actual, pero en este contexto brillan con luz propia dos protagonistas indiscutibles: JxCat y Pere Aragonès, el hombre que ya se daba por ungido nuevo ‘president’ al día siguiente de los comicios. Los unos por su inmovilismo y el otro por sus errores de novato han llevado a Cataluña al borde del precipicio político.

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Diversas fuentes independentistas reconocen que ha habido errores por todos los lados que han llevado a una situación de pacto casi imposible, pero que la pericia de Aragonès tiene mucho que ver en esta situación. Errores en cadena propiciaron que una situación que, a priori debería haber facilitado un pacto sin problemas se convirtiese en un infierno político.

1.- Pacto con la quinta fuerza

Uno de sus primeros grandes errores del candidato de ERC fue el pacto de legislatura al que llegó con la CUP, que es la quinta fuerza del Parlament. Lo normal hubiera sido comenzar a hablar con JxCat, que quedó con solo un escaño menos que Esquerra. Pero firmando un pacto con la quinta fuerza se granjeó la animadversión de los de Carles Puigdemont, que a la hora de la verdad le exigieron contrapartidas imposibles de cumplir. Incluso en algunos círculos de ERC se reconoce que su candidato habría tenido que establecer otras prioridades.

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Reuters)

No se trataba de desdeñar a la CUP, sino de mimar a JxCat porque con esta fuerza en contra jamás sería ‘president’. El pacto con la CUP podría haber esperado y los anticapitalistas no le hubieran echado en cara que primero se hubiera reunido primero con JxCat por ser una fuerza mayoritaria. Los de JxCat, en cambio, sí le echan en cara a Aragonès que corrió enseguida a ponerse a las órdenes de la quinta fuerza parlamentaria menospreciando a la tercera fuerza.

2.- Cordón sanitario bumerán

El cordón sanitario que JxCat le obligó a firmar contra el PSC es otro de los errores de novato de Pere Aragonès. Los grupos independentistas, acuciados por el radicalismo de la ANC, escenificaron la firma de un pacto según el cual jamás pactarían ni facilitarían un 'govern' en el que estuviese el PSC. Acometer un cordón sanitario contra una fuerza democrática y de izquierdas fue un fallo garrafal. Además, Aragonès se cerró una de las posibilidades que tenía de presionar a JxCat (un posible pacto con el PSC) en caso de que hubiese problemas entre ambas fuerzas independentistas.

Foto: El secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez. (EFE)

A la postre, el candidato de Esquerra se encuentra ante la paradoja de que solo puede pactar con los independentistas. El partido que había hecho tradicionalmente de bisagra jugando con el tema nacional o identitario y con el ideológico eje de derechas e izquierdas amputaba así una parte de su caudal político y se convertía en rehén de JxCat: aritméticamente es imposible que ERC alcance la presidencia si no tiene el apoyo de JxCat o del PSC. Y son su actitud, anuló esta última posibilidad.

3.- Rehuir al PSC

El tercer error de principiante fue cortar todas las amarras con los socialistas hasta tal punto de que Pere Aragonès ni siquiera llamó a Salvador Illa, vencedor en las elecciones, como el protocolo y la nobleza obliga. Reconocen en algunos círculos que si Aragonès hubiese llamado por cortesía a Salvador Illa, muy posiblemente las cosas habrían cambiado: las alarmas hubiesen sonado en casa de Carles Puigdemont ante el temor (aunque fuese infundado) de un posible pacto de izquierdas para alumbrar el tripartito en versión 3. Incluso no sería extraño que Junts reclamase un acuerdo urgente para evitar tentaciones de los republicanos de optar por el eje ideológico a la hora de aspirar al sillón presidencial. Pero esa llamada no se produjo nunca y el fugado de Waterloo pudo dormir descansadamente sabiendo que Esquerra solo podía pasar por su despacho para llegar a la presidencia.

4.- Una apuesta demasiado arriesgada

Uno de los últimos errores de Aragonès fue intentar un endeble pacto con dos fuerzas de izquierdas con las que solo suma 50 escaños, cuando la mayoría absoluta se sitúa en 68: así, a dos semanas de que expire el plazo para formar 'govern', inició negociaciones con los comunes, a la espera de desencallar la legislatura y para hacer ver que existía vida más allá de un pacto con JxCat. El plan B del líder republicano era formar gabinete con 'cuperos' y comunes. Pero Aragonès calculó mal las fuerzas. Una maniobra de la CUP dio al traste con sus esperanzas y, a instancias de los anticapitalistas, rompió amarras con los comunes y dejó colgada a Jéssica Albiach, líder de En Comú Podem, en plenas conversaciones. Otra descortesía más del republicano, obsesionado con que ERC debe lograr el sillón de la presidencia casi 90 años después de las últimas elecciones democráticas en que lo obtuvo.

La ruptura con los comunes dinamitó el único puente que le quedaba para no ser prisionero de sus colegas independentistas. En ese momento, ERC pasó a ser esclava de sus indecisiones y, a la postre, de JxCat. Y cuando aún no tenía asegurado que los de Puigdemont apoyarán la investidura de Aragonès, hizo saltar por los aires la posibilidad de que algún otro partido fuera de Junts y la CUP le vote. Su hoja de ruta, que comenzó como una autopista de cuatro carriles, terminó convirtiéndose en una estrecha callejuela de un solo carril. El plan B se le fue por el desagüe en cuestión de minutos.

5.- Enroque de JxCat

Los errores de novato no se dieron solamente en las filas republicanas. También los estrategas de Puigdemont tienen su tanto de culpa y, sabiendo que tenían todo atado y bien atado, con Aragonès en sus manos, jugaron al desgaste del republicano. De ahí que se enrocasen en sus posiciones, dejando pasar el tiempo. En JxCat eran conscientes de que el líder de Esquerra solo sería ‘president’ aceptando sus condiciones y se dispusieron a exprimirle para obtener de la negociación el máximo de ventajas, incluso humillándole ante la opinión pública.

Foto: El secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez. (EFE)


Conocedores de que no había alternativa al tándem JxCat-ERC, dejaron pasar semanas sin mover ficha. Para colmo, cuando se habían comprometido a facilitar un 'govern' en el cual JxCat no estuviese y a prestar cuatro votos para que Aragonès pudiese ser investido, los posconvergentes se desdijeron. Y para justificar su cambio de criterio, alegaron que debían ser las bases del partido quienes decidirían, a sabiendas de que mayoritariamente esas bases darán calabazas a Aragonès.

6.- Luchas intestinas

Las disidencias internas de JxCat son otro de los elementos que no permitieron alcanzar un acuerdo hasta ahora. En JxCat coexisten diversas ‘familias’: la oficialista, ubicada en torno a Carles Puigdemont, al que apoyan la ‘familia’ de los amigos y la ‘familia’ de los posconvergentes, es decir, de los dirigentes que antes estaban en CDC y que se pasaron a PDeCAT y terminaron recolocándose en Junts. Por otro lado, está la ‘familia’ agrupada en torno a Jordi Sánchez, el secretario general, que no proviene de las filas de Convergència, pero que quiere captar a un espectro más izquierdista del electorado. Y, por último, la ‘familia’ de los independientes o de los francotiradores, bando en el que se ubicaría la actual presidenta del Parlament, Laura Borràs y algunos cargos electos. Este bando, no obstante, no es homogéneo y dentro de él los fuertes personalismos han hecho aflorar graves disensiones.

En este mosaico ideológico, algunos sectores de Junts abogan por la repetición de elecciones, confiando en que el electorado castigue a Aragonès por no haber sabido gestionar el resultado de las elecciones. Otros sectores apuestan por investir a Aragonès pase lo que pase y luego incorporarse al gobierno para seguir manteniendo cota de poder y, sobre todo, para seguir manteniendo tres centenares de altos cargos dentro de la estructura de la Generalitat. Pero lo cierto es que Junts no tiene un posicionamiento claro y sólido al respecto y las voces disidentes dentro de la formación han contribuido a distorsionar los mensajes lanzados desde Waterloo.

La clave del fracaso de las negociaciones hasta ahora hay que buscarla en la falta de cintura política de los diferentes actores. Y la negación de la realidad es un punto a tener en cuenta: ERC prefiere obviar que el PSC ganó las elecciones. A los republicanos les es imprescindible hacer ver como que el PSC no existe. Y se aferran al cordón sanitario contra los socialistas por un solo motivo: si Aragonès llama a Salvador Illa, ERC tendría que ponerse a las órdenes del socialista, ya que el PSC fue la fuerza más votada el 14-F. En tal caso, Esquerra no podría aspirar a tener la presidencia de la Generalitat. Pero se olvida de que solo podrá alcanzar su objetivo si regala a JxCat una gran parte de su plato de lentejas.

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