Aragonès desafía la autoridad moral que se arroga la postconvergencia de JxCAT
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Se enquistan las posiciones

Aragonès desafía la autoridad moral que se arroga la postconvergencia de JxCAT

JxCAT dejó constancia de que el martes seguirán en la abstención y que no habrá acuerdo, por lo que se va al plazo de dos meses. Pero eso no arrugó al candidato de los republicanos

placeholder Foto: El portavoz de JxCat, Albert Batet, observa a Aragonès. (EFE)
El portavoz de JxCat, Albert Batet, observa a Aragonès. (EFE)

Pere Aragonès y su candidatura a la presidencia de la Generalitat desafió la autoridad moral que se arroga la postconvergencia de JxCAT, que tiene casi un sentido patrimonialista de la Generalitat y de la Administración autonómica. El portavoz del grupo parlamentario, Albert Batet, le pidió que retirase su candidatura. Que no fuese ni a la votación del martes. Y Aragonès se negó. Por el contrario, los invitó a votar 'sí', no el martes sino ayer mismo: “Podemos cerrar el acuerdo en horas”. Al mismo tiempo Jordi Sànchez desde Lledoners tuiteaba que el candidato a la investidura “no tenía interés” por alcanzar un pacto.

El discurso de Batet y sus réplicas podían haberse titulado como la novela de Dostoievski 'Crimen y castigo', como cuando le espetó: “No podemos cerrar un acuerdo y luego encontrarnos sorpresas como cuando se negaron a investir a Carles Puigdemont”. Pero Aragonès no cedió ante ese supuesto derecho natural que reclama JxCAT. Y aseguró que mantendría su candidatura y que el martes volvería a estar allí, en el Parlament, parafraseando a Lluís Llach, 'tossudament alçat', tozudamente erguido. Esa negativa de Aragonès fue tan importante como el resultado de la votación, que frustró la intención del candidato de llegar a la Generalitat.

Pere Aragonès se negó a aceptar que la Generalitat sea patrimonio de Convergència y sus herederos. No reconoció la superioridad moral ni la de Puigdemont ni la de JxCAT ni la de nadie. Su líder, Oriol Junqueras, también está en la cárcel. Aragonès defendió su derecho a presidir la Generalitat por la sencilla razón de que había ganado las elecciones. Y no cedió.

Cuando Aragonès definió la Generalitat en su discurso de investidura como "un Govern con toda la fuerza, responsabilidad y legitimidad insustituible e indelegable que le otorga ser fruto de unas elecciones democráticas" el mensaje a Puigdemont fue muy claro: él no iba a ser Quim Torra, no pensaba aceptar tutela alguna desde Waterloo.

placeholder Meritxell Borràs, Quim Torra y Pere Aragonès. (EFE)
Meritxell Borràs, Quim Torra y Pere Aragonès. (EFE)

Por tanto, JxCAT dejó constancia de que el martes seguirán en la abstención. Y que no habrá acuerdo, por lo que se va al plazo de dos meses. La nueva fecha límite, el 26 de mayo. Sin nada en claro, más allá de que JxCAT y ERC están instalados en la desconfianza y los recelos. No parecen buenos materiales para construir nada y menos un Gobierno de coalición que se marca como objetivo más o menos difuso romper con el resto de España sin decir ni cómo ni cuándo. Solo que podría haber, o no, otro referéndum. Pactado o tal vez no.

Batet incluso fue más lejos. Dejó caer una amenaza velada de repetición de elecciones: "De hoy hasta el martes no habrá tiempo de alcanzar un buen acuerdo, porque usted sabe cómo han ido hasta ahora las negociaciones. Así no estaremos siempre. Más vale un buen acuerdo que un Govern con prisas, y por eso todo el mundo tiene que asumir su responsabilidad".

Sentencia desde Lledoners

Desde Lledoners, el secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez, dictó sentencia: “Todo el mundo ha visto el poco interés del candidato a presidente para buscar complicidades con JxCAT. Es legítimo, nada que decir. Quizás se entiende mejor nuestra abstención. Plena disposición a seguir negociando con lealtad, respeto y discreción para dar sentido al 52% independentista”.

JxCAT está preso de una paradoja: pide un Govern fuerte pero debilita a su presidente


La paradoja de JxCAT es que pide un “gobierno fuerte” en la Generalitat y justifica el retraso en la negociación para garantizar esas fuerza, pero se ha instalado en una dinámica que, acabe como acabe, solo debilitará a Pere Aragonès. Si no consigue la presidencia, estará muerto. Y si llega a ello después de dos votaciones perdidas, lo hará en situación de gran debilidad. ¿Cómo podrá luego ese 'president' tan débil negociar con el Gobierno español?

Vox, a su bola

Mientras quedaba claro que a Cataluña le quedan todavía otros dos meses de una Generalitat en funciones, Vox fue a su bola. El presidente del grupo parlamentario Ignacio Garriga, cuando tomó la palabra, la mayoría de los diputados se levantaron y se fueron del hemiciclo improvisado. Garriga presentó el programa electoral de Vox, pero nadie le explicó que el que se presentaba a 'president' era Pere Aragonès. No explicó las razones por las que sus doce diputados votarían 'no' al líder de ERC. Denunciaron la islamización de la sociedad y la corrupción y defendieron la figura del Rey. Todo sonó a demasiado preparado, al margen de lo que se hubiera dicho antes, cuando se llevaban horas de debate en la Cámara. Ignacio Garriga fue como el coronel surfista de 'Apocalipsis Now': la guerra no iba con él y por eso no le iba a pasar nada.

Por su parte, Dolors Sabater (CUP) se estrenó con un discurso moderado en la que representó a la perfección el papel de alero-escolta para que el base, en este caso Pere Aragonès, pudiera lanzar a canasta. En su réplica, Aragonès hizo equilibrios entre los guiños a la CUP —apoyo a los sinpapeles o a la minoría trans— y recordar “la fuerte “resiliencia” que ha demostrado el capitalismo, por lo que abogó por “un modelo productivo que se ha de poner al día”. Con la CUP de socio inició Aragonès su tortuoso camino hacia el Palau de la Generalitat.

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