El nuevo Parlament augura otra legislatura más perdida en disputas estériles
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El disputado voto de Lluís Puig

El nuevo Parlament augura otra legislatura más perdida en disputas estériles

La próxima será una legislatura de gestos, abrazos y lloros. Una legislatura 'reality' para las cámaras. Mucha imagen y poco fondo. Pese a la pandemia, la clase política seguirá a lo suyo

placeholder Foto: Laura Borràs, tras ser elegida presidenta del Parlament. (EFE)
Laura Borràs, tras ser elegida presidenta del Parlament. (EFE)

El nuevo Parlament augura otra legislatura perdida en disputas estériles. Hubo lamentos por la presión judicial (Ernest Maragall) pero se escogió a una presidenta del Parlament imputada en una causa de corrupción (Laura Borràs). Hubo quejas por que Lluís Puig no pudiese votar al estar huido de la justicia en Bruselas, pero al mismo tiempo se aplaudió a Meritxell Serret por entregarle al Tribunal Supremo.

La CUP dijo que uno de sus votos lo cedía a Puig, pero fue simbólico, sin valor legal alguno. Carlos Carrizosa se lamentó de que se instrumentalizase por parte del independentismo el pleno de constitución, mientras que Vox fue a la suya. Con estos mimbres se puede leer en los posos de cómo será el futuro: más gestualidad, presión judicial y mucho postureo como la mascarilla de inscripción a favor de la libertad de la ya presidenta del Parlament. De las camisetas de la CUP a las mascarillas de Borràs. Así han mudado las leyendas en Cataluña.

Foto: Laura Borràs. (EFE)

Por tanto, ¿qué se puede esperar de este Parlament? Desobediencia de salón y pataletas si al final Borràs es condenada y se le obliga a dejar el cargo por quedar inhabilitada. Pero al final se acatará. Igual que acató Borràs la decisión de Carles Puigdemont de apartarla de la Generalitat. En la política catalana, lo más parecido a que te abandonen en una gasolinera es que te den la presidencia del Parlament. La presidencia del Parlament es ese lugar donde se acaban las carreras políticas. Así fue en el caso de Joan Rigol y de todos sus sucesores.

placeholder La presidenta del Parlament, Laura Borràs, con el resto de los miembros de la mesa. (EFE)
La presidenta del Parlament, Laura Borràs, con el resto de los miembros de la mesa. (EFE)

La idea de fuerza de la legislatura es que hay una mayoría independentista y de izquierdas. En eso se basa la alianza entre JxCAT y ERC. Las dudas son muchas. Unas radican en cómo desplegar un programa coherente que en última instancia dependerá de los anticapitalistas. Y también si la legislatura, la 13ª de este Parlament, podrá sobrevivir a una posible caída de Borràs, y si la cámara tendrá suficiente entereza como para nombrar un sucesor.

Por tanto, en lo aritmético es todo muy ajustado y dependiendo de lo que dicte la CUP en cada momento. En lo estético, el pleno se celebró en la sala de actos, con los diputados sentados en sillas. Parecía que los habían castigado después de clase. Una imagen de la infantilización de la política que se está produciendo en Cataluña.

Una clave la puede dar la elección de la vicepresidencia primera del Parlament. Se ha cambiado al beligerante Josep Costa abogado por la entrenadora de 'basket' Anna Caula. Un giro revelador: el Parlament pasará de forzar la falta técnica a pedir tiempo, por mucho que a lo mejor el partido se juegue más bronco.

En esta legislatura podrá haber más bronca, pero resultará más estéril. Hay más grupos: más división pero el mismo espacio

Hay más grupos, más división. Pero el mismo espacio en el Parlament. Mismo espacio y más medidas de seguridad por el coronavirus es una mala combinación. Así que han enviado a Vox a los altillos del Parlament como si los hubieran dejado sin cenar. El entorno está más polarizado –Vox, la CUP– pero es como una representación alejada de la realidad. Como si el pueblo hubiese desconectado y el Parlament solo se hubiese convertido en un teatrillo cuyo argumento cada vez interesa a menos catalanes.

Nadie les cree

A día de hoy no se sabe cómo desobedecerá Borràs ni cómo van a convertir el Parlament en la punta de lanza de la confrontación inteligente por la que se aboga desde Waterloo. No se ve mucho interés por parte de nadie por volver a visitar la prisión. Puede parecer contradictorio, pero los más interesados en pasar página, el mantra de Salvador Illa, parecen los independentistas. Eso sí, que no se note. No hay que decirlo. Que las lágrimas en tus ojos no te dejen ver lo que tienen delante. Y hubo muchas lágrimas. Sobre todo fuera, cuando Carme Forcadell, en ese régimen penitenciario que la deja siempre estar arriba y abajo, se abrazó a la 'exconsellera' de Agricultura Meritxell Serret, que llegaba después de que en el Supremo le dijesen aquello de “circulen”, que estamos con cosas importantes.

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Borràs, Torrent, Aragonès y Forcadell reciben a la diputada de ERC, Meritxell Serret. (EFE)

Por tanto, será una legislatura de gestos, abrazos y lloros. Una legislatura 'reality, para las cámaras'. Mucha imagen y poco fondo.Mientras la pandemia sigue haciendo de las suyas –crisis económica, más de 20.000 muertos en Cataluña– la clase política seguirá a lo suyo, a echarle la culpa al otro y a escurrir el bulto mientras promete cosas –una república catalana independiente– que no puede cumplir y cuya consecución implicaría un sacrificio para el conjunto de la población inasumible.

Buenas noticias

Sí que hubo buenas noticias, como que Jaume Alonso Cuevillas fue escogido para una de las secretarías de la Mesa del Parlament. Eso le descarta para ser 'conseller' de Justicia. El abogado de Carles Puigdemont es el mayor exponente de lo que podría considerarse como el 'QAnon catalán': que detrás de los atentados de Las Ramblas estaban los servicios secretos españoles para que no se declarase la independencia. Si alguien ha alentado esta teoría de la conspiración por tierra, mar y digitales ha sido Alonso Cuevillas. Ni los mossos ni ninguna fuente autorizada ha avalado nunca estas sospechas. Al menos ahora no será 'conseller'. Algo es algo.

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