otra víctima del coronavirus

El Govern 'reboicotea' el Planeta, pero Colau sube al escenario con Carmen Calvo

La ceremonia, muy discreta, alejada de la multitudinaria cena de más de un millar de invitados de cada año, tuvo lugar en el Palau de la Música Catalana, el corazón del catalanismo más irredento

Foto: La escritora vitoriana Eva García Sáenz de Urturi (2d), acompañada por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (d), la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo y el presidente del Grupo Planeta, José Creuheras. (EFE)
La escritora vitoriana Eva García Sáenz de Urturi (2d), acompañada por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (d), la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo y el presidente del Grupo Planeta, José Creuheras. (EFE)

Ni políticos, ni cúpula ni sociedad civil. El Premio Planeta de 2020, la sexagésimo novena edición, fue otra víctima del coronavirus. Hubo una medida representación institucional y poco más de 100 periodistas en un acto en el que se otorga el premio literario más importante del mundo después del Nobel. Estaban la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo, la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Pero ni rastro del Gobierno catalán.

De nuevo, una cita literaria de primer nivel a nivel mundial se queda sin representación de un Govern belicoso con todo lo relacionado con el castellano. Se fue Quim Torra, pero queda su esencia.

Además, hay otra factura que el independentismo tiene pendiente con el Grupo Planeta: la del traslado de su sede fuera de Cataluña por la inseguridad jurídica en torno al referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. Es una ‘traición’ que el soberanismo jamás le perdonará a un emporio cultural que, pese a todo, tiene en sus manos las principales editoriales en lengua catalana… y las cuida. Ajeno a esta circunstancia, el independentismo volvió a ‘reboicotear’ uno de los premios literarios más importantes del mundo.

Aun así, la ceremonia de este año, muy discreta, alejada de la multitudinaria cena de más de un millar de invitados de cada año, tuvo lugar en el Palau de la Música Catalana, el corazón del catalanismo más irredento. No hace ni dos años, en el mismo escenario, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural celebraban un acto de exaltación independentista con esteladas, lazos amarillos, coros infantiles con emblemas separatistas y discursos de exaltación soberanista. En las navidades de 2019, decenas de banderas independentistas volvieron a desplegarse en el mismo lugar, juntamente con lazos y pancartas de apoyo a Tsunami Democrático, la plataforma utilizada para movilizar las calles desde el 14 de octubre, fecha en que se hizo pública la sentencia del Supremo sobre el 1-O. Este 15 de octubre, el Palau fue una fiesta de la cultura, aunque sea de la cultura hispánica, muy alejada del extremismo de los actos citados.

La música de Ruiz Zafón

La obra maestra del arquitecto Domènech i Montaner, además, pasó de ser templo de notas musicales a templo de sujeto, verbo y predicado. Un piano en el escenario fue el complemento directo de esta edición.

Hubo baile de bastones al comienzo de la ceremonia. El jurado del premio Planeta llegó puntual: Pere Gimferrer y Fernando Delgado, que le acompañaba apoyado en un bastón. Les seguían Juan Eslava Galán y José Manuel Blecua, hermano de Alberto Blecua, jurado durante 30 años y recientemente fallecido. Casi inmediatamente llegaron Carmen Posadas y Rosa Regàs, también ayudada de un bastón. Por último, entró en escena el presidente del emporio cultural, José Crehueras, acompañando a la vicepresidenta del Gobierno y demás autoridades.

Lo que podría haber sido un frío acto protocolario no fue tal. La multitudinaria fiesta anual se reconvirtió en una ceremonia íntima con discursos incluidos. El primer acto fue un recordatorio a Carlos Ruiz Zafón, un escritor único fallecido el pasado mes de junio. Cuando acababa un libro, Ruiz Zafón tenía la costumbre de escribir una banda sonora para cada historia. Y el piano en el escenario cumplió su función: la pianista Marta Muñoz interpretó la ‘Sombra del viento’, compuesta por el propio escritor.

Luego, Creuheras, por primera vez, realizó un breve discurso eminentemente relacionado con la literatura, pero hizo una inteligente observación en medio de su charla: “Vivimos un momento en el que los políticos están un poco denostados. A mí me gustaría que aquí estuviesen personas más allá del cargo. Por eso, agradezco a Jaume Collboni, Teresa Cunillera, Carmen Calvo, Ada Colau y Joan Subirats que nos hayan acompañado”.

El orden de los factores altera el producto

Que a nadie se le escape el orden de citación. Collboni es el primer teniente de alcalde de Barcelona, del PSC; Cunillera, la delegada del Gobierno, del PSC; Calvo, la vicepresidente del Gobierno, del PSOE; Colau, alcaldesa, de los comunes, y Subirats, el responsable del área municipal de Cultura y, además, mentor de Ada Colau. En esta ocasión, el orden de los factores sí altera el producto. De hecho, Colau boicoteó activamente el Premio Planeta durante tres ediciones, hasta que alguien le recomendó que asistiese. Y le encontró gusto a la fiesta social… y a los focos. Porque no hay discursos, pero hay fotos. Por eso, se encaramó al escenario del Palau de la Música con Carmen Calvo y salió en la foto. Hace dos años, dio codazos para salir en la instantánea. Este año no le hizo falta: apenas tenía competencia y cabían los presentes. Todo ello pese a que la definición de cultura de los comunes no entra dentro del radio de influencia del Premio Planeta: el estilo de los partidarios ‘colauistas’ es más bien lo que en Cataluña se conoce como ‘cultureta’ en vez de Cultura en mayúsculas.

Lejos de la tensión mediática para dar a conocer al ganador que existe todos los años, en esta edición, gracias al coronavirus, todo fue mucho más sencillo y rápido, porque el jurado ya se había reunido el día anterior para elegir al ganador. Y con cuatro horas de antelación a otros años, se supo que Eva García Sáenz de Urturi se llevaba los 600.000 euros con su novela ‘Aquitania’, que dedicó a “todas las víctimas del coronavirus”, mientras que la televisiva Sandra Barneda se llevaba los 150.000 euros del segundo premio con su novela ‘Un océano para llegar a ti’.

Una novela mestiza… como Cataluña

La escritora vasca, que ya lleva siete novelas escritas, salió a la palestra con alta tensión nerviosa, pero acabó dando en el escenario una lección magistral de veteranía y literatura. La Aquitania de su novela es lo que sería la Cataluña Norte para los independentistas, pero que nadie busque en la literatura —y menos en ‘Aquitania’— una reivindicación épica y política de la propiedad moral del ‘País Vasco francés’ del siglo XII. La novela ganadora transcurre en Aquitania, no en el País Vasco francés. Y es una historia de traiciones, como la política catalana (y la española, por supuesto). Narra 10 años de la vida de Leonor de Aquitania, cuyo padre, el duque de Aquitania, cayó muerto un Viernes Santo tras haber hecho el Camino y llegar a Santiago de Compostela. Nadie sabe qué ocurrió: si lo mató agua de su cantimplora en mal estado o lo envenenaron, pero su hija de 13 años creyó que el rey de Francia lo había mandado asesinar y urdió una compleja trama para casarse con el heredero del trono galo y cobrarse venganza. Es un homenaje a ‘El nombre de la rosa’.

La escritora vitoriana Eva García Sáenz de Urturi. (EFE)
La escritora vitoriana Eva García Sáenz de Urturi. (EFE)

Eva García Sáenz de Urturi ya había hecho incursiones en la novela histórica y tiene tablas. ‘Los señores del tiempo’, una de sus obras, la tercera entrega de la trilogía de la Ciudad Blanca, también está ambientada en el siglo XII. Para la obra con la que concurrió al Planeta, la autora se pasó más de dos años recorriendo Aquitania (desde los Pirineos hasta Normandía) para ambientarse. Todos los datos que cita son ciertos. Mete el dedo en la llaga, cuenta descarnadamente las felonías, los incestos y los intereses ocultos de una época en la que imperaba la ley del más fuerte. Pero, como señaló al recibir el premio, “que nadie espere una biografía novelada. Esto es una novela mestiza”.

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