MAS Y MAS-COLELL AGRIAN LA SONRIsa del fugado

Las altas de militantes de JxCAT se cortan en seco y Puigdemont queda a la intemperie

El trasvase de afiliados desde el PDeCAT​ terminó abruptamente y la incorporación de nuevos activistas provenientes de fuera del círculo posconvergente no acabó nunca de despegar

Foto: Los últimos tres presidentes de la Generalitat, Artur Mas (d), Carles Puigdemont (c) y Quim Torra (i). (EFE)
Los últimos tres presidentes de la Generalitat, Artur Mas (d), Carles Puigdemont (c) y Quim Torra (i). (EFE)

Las altas de militantes en Junts per Catalunya (JxCAT), el partido creado por Carles Puigdemont este verano, han caído en picado los últimos días. El trasvase de afiliados desde el PDeCAT terminó abruptamente y la incorporación de nuevos activistas provenientes de fuera del círculo posconvergente no acabó nunca de despegar. Es cierto que muchos altos cargos de la Generalitat o de ayuntamientos se pasaron desde el PDeCAT y comenzaron a cotizar y a pagar un porcentaje de sus nóminas a JxCAT, pero eso no es suficiente. Y, sobre todo, no es suficiente para acometer una campaña electoral como Dios manda, ya que las elecciones autonómicas están previstas para el próximo mes de febrero.

Este bajón en las altas de militantes tuvo su punto de inflexión en la declaración pública del ‘expresident’ Artur Mas de permanecer en el PDeCAT para no contribuir a la ruptura del espacio posconvergente. Pero la puntilla la dio el exconsejero de Economía Andreu Mas-Colell, que salió públicamente a apoyar al PDeCAT como sucesor del antiguo espacio de Convergència. “Si se presenta el PDeCAT, votaré al PDeCAT”, dejó caer el exconsejero en TV3, la emisora pública catalana, la semana pasada. Y el prestigio de Mas-Colell pesa más que el del mismísimo Artur Mas, especialmente en determinados círculos empresariales, académicos y de la alta e influyente burguesía catalana.

Fuentes cercanas a JxCAT reconocen que este posicionamiento de dirigentes recorta las posibilidades electorales de Carles Puigdemont. Una fuente independentista es más drástica y afirma que las alarmas han saltado en Waterloo. “Puigdemont no se esperaba que el PDeCAT aguantase. De hecho, se daba por cierto que el partido se desmembraría después de la creación de JxCAT. Pero eso no sucedió. De hecho, el PDeCAT conserva en la actualidad unos 170 alcaldes, que no es poco, por lo que es una formación que tiene una fuerza considerable en el ámbito municipalista y tiene músculo”.

Cálculo erróneo

El posicionamiento de Artur Mas y de Andreu Mas-Colell llegó en un momento en que el trasvase de cargos y de cuadros no se había completado todavía, por lo que los que quedaban no dieron finalmente el paso. Literalmente, le agriaron la leche al fugado. “Sus asesores le habían dicho que en el PDeCAT solo quedaría un puñado de militantes sin importancia, pero no ha sido así. Lo mismo pensaban en el PNC [el Partit Nacionalista Català, de Marta Pascal, desgajado también del PDeCAT]. Pascal se creía que Bonvehí [David Bonvehí, presidente del PDeCAT] no iba a aguantar. Pero se han encontrado con la sorpresa de que el PDeCAT ha resistido y, encima, ha salido reforzado, porque se ha visto que sus cuadros y militantes no van a por el sillón, como los que se fueron con Puigdemont, sino que están por convicción”.

Pero si el PDeCAT puede ser un escollo ‘robavotos’ para el ‘expresident’ fugado, no lo es menos el PNC, que casualmente abrió sede en Barcelona este martes, un local en la zona pija de la capital catalana de 350 metros cuadrados. El partido de Marta Pascal llega a lo grande: sede en el barrio de clase alta y mensaje dirigido al votante tradicional de Convergència, el mismo que pretende conquistar Puigdemont: una carta de su presidenta a la militancia deja claro que su partido quiere acabar con la confrontación, que quiere centrar de nuevo el país y que antes que el pulso político al Estado hay que ponerse manos a la obra para recuperar la capacidad económica de Cataluña y el pulso industrial, mensajes que Puigdemont, hoy por hoy, es incapaz de sostener con su hoja de ruta. Es, por así decirlo, un programa más moderado, creíble y posibilista que el redactado en Waterloo. Y no está basado en eslóganes grandilocuentes ni en impactantes mensajes de Twitter.

Pero al fugado se le acumulan los problemas encima de la mesa. Tal y como publicó este diario, la candidata a las próximas elecciones propuesta por Quim Torra, Laura Borràs, no es de su agrado. Pero al rechazo de Puigdemont se unen ahora su mano derecha, Jordi Sànchez, secretario general de JxCAT, y pesos pesados como Jordi Turull y Elsa Artadi, persona de confianza del fugado que oficia ahora como jefa del grupo municipal de JxCAT en Barcelona.

Fuentes independentistas subrayan que Borràs se quiere presentar para preservar su parcela y radicalizar el conflicto. La portavoz de JxCAT en el Congreso tiene pendiente un juicio por corrupción. De hecho, está imputada en un escándalo por haber desviado unos 300.000 euros en ayudas públicas a un íntimo amigo suyo cuando era presidenta de la Institución de las Letras Catalanas (ILC), un organismo de la Generalitat. Aunque la investigación la llevaron los Mossos d’Esquadra, que fueron quienes descubrieron el presunto fraude, ella insiste ahora en que todo es una ‘guerra sucia’ de las ‘cloacas’ del Estado. Pero tanto ERC como la CUP se han desentendido de sus argumentaciones y le han pedido que asuma responsabilidades.

Una persona que la conoce bien relata a El Confidencial que “Borràs está donde está por su amistad con Quim Torra. La ‘war room’ en el Parlament era el despacho que ocupaban Torra, Borràs y los diputados Francesc Dalmases y Josep Costa, hoy vicepresidente del Parlament. De ese despacho era de donde salían las ideas más radicales de JxCAT. Ahí trabó una profunda amistad con Torra, que la impuso como cabeza de lista al Congreso. Pero ahora quiere venir a Cataluña y nadie duda de que, si es presidenta, utilizará la Generalitat como herramienta para plantear su batalla en su propio proceso. Con su cara de niña buena, de hecho, es la única de todo el grupo capaz de firmar un decreto de independencia de Cataluña, presentándose luego como víctima propiciatoria por haberlo firmado. Pero habrá desviado la atención de su caso de corrupción. Su ambición no conoce límites”.

El consejo de algunos asesores

El rechazo de la cúpula de JxCAT, no obstante, puede truncar su carrera hacia el Palau de la Generalitat. Y ahí es donde entra en escena de nuevo Carles Puigdemont, a quien algunos de sus más allegados han aconsejado encabezar la lista de su partido a las próximas elecciones autonómicas. En conversaciones privadas, sus amigos afirman que esta vez, además, “volverá a Cataluña si gana las elecciones”, aunque esta es una afirmación que pocos se creen.

Lo cierto, no obstante, es que el fugado ha puesto de nuevo sobre la mesa la posibilidad de que puede ser él el candidato, aunque luego no tome posesión y se quede en Waterloo para llevar la estrategia internacional desde el Parlamento Europeo, donde es eurodiputado. “La candidatura de Puigdemont tiene dos justificaciones: por un lado, es el mejor activo que tiene JxCAT. Con su nombre, trataría de atraer al votante de PDeCAT y del PNC. No es lo mismo votar a Puigdemont que a otro nombre. Por sí solo, él tiene un puñado de votantes que de otro modo no votarían a esa lista, ni siquiera aunque fuese en un lugar simbólico. Se trataría de tapar el siete que le hizo el PDeCAT al anunciar una candidatura en solitario. No es por los escaños que puedan sacar los de Bonvehí, que seguramente no sacarán ninguno, sino por los votos que dejan de ir al cesto de Puigdemont y que le distanciarían de ERC y le harían ganar claramente las elecciones. Además, su candidatura es la única que podría retener un puñado de votos ‘prestados’ por la CUP el 21 de diciembre de 2017. Es posible que algunos de esos votos solo se quedasen en JxCAT si Puigdemont encabeza la lista. Por otro lado, con su candidatura, terminarían los problemas para elegir al cabeza de lista. Ni Laura Borràs, ni Elsa Artadi ni Damià Calvet. Sería Puigdemont y punto”, explica una de las personas que hablan con él frecuentemente. La batalla se libraría, entonces, por la segunda plaza, pero no es lo mismo que una pelea pública por la cabeza de la lista.

El problema que tiene el ‘expresident’ fugado es que si PDeCAT y PNC le quitan algo más de un centenar de miles de votos, eso le puede suponer varios escaños, por lo que sus posibilidades de ganar disminuyen, pero, sobre todo, se amplía su distancia con ERC. “Su gran miedo es que tras la brecha abierta por el PDeCAT y PNC, Esquerra le pueda ganar con un técnico como Pere Aragonès, que tiene poco perfil político, aunque como gestor no lo haga mal. Si Puigdemont pierde las elecciones, su futuro quedará marcado y es posible que se cave su tumba política”, rematan las fuentes.

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