Barcelona, tomada por las fuerzas de seguridad por la visita de Felipe VI y Sánchez
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LA MONARQUÍA, EL nuevo ENEMIgo a batir

Barcelona, tomada por las fuerzas de seguridad por la visita de Felipe VI y Sánchez

Los Mossos d’Esquadra, la Guardia Urbana, la Policía Nacional y la Guardia Civil se han repartido las tareas para que protestas y alborotos callejeros no interfieran en la agenda del monarca

Foto: Barcelona, tomada por las fuerzas de seguridad por la visita de Felipe VI y Sánchez
Barcelona, tomada por las fuerzas de seguridad por la visita de Felipe VI y Sánchez

Barcelona está tomada literalmente por los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado este viernes debido a la visita de Felipe VI y del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con motivo de la clausura del salón Barcelona New Economy Week. Todos los partidos independentistas sin distinción, sindicatos soberanistas, grupos radicales, plataformas secesionistas y colectivos de la extrema derecha y de la extrema izquierda catalanistas han hecho esfuerzos para hacerse oír, aunque no se prevén grandes protestas. La intención es volver a tener poder de convocatoria y de movilización de masas tras un prolongado letargo 'indepe' provocado por la crisis sanitaria.

Los Mossos d’Esquadra, la Guardia Urbana, el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil se han repartido las tareas para que protestas y alborotos callejeros no interfieran en la agenda del monarca. El Centro de Coordinación ha repartido las tareas entre todos los cuerpos para no dejar nada al azar. “Los dispositivos desplegados garantizarán la seguridad de la comitiva oficial y, a la vez, el ejercicio del derecho a la libertad de manifestación y de expresión. A partir de ahí, el que haya grupos violentos que quieran ir más allá es una responsabilidad de ellos, pero no se esperan grandes alborotos”, admite a El Confidencial una fuente de las fuerzas de seguridad.

Foto: ANC, CDR y grupos extremistas preparan un viernes de protestas para recibir a Felipe VI

“Es muy importante que mañana haya contundencia”, decía un mensaje en una plataforma soberanista que está llamando a la protesta desde hace días. Señalaba este mensaje que es preciso alimentar las protestas para que la atención mediática sobre la causa independentista “vuelva al primer nivel de conflictos. Es clave que Barcelona y Cataluña vuelvan a ese nivel si queremos dar pasos importantes hacia la independencia”. De todos modos, desde los cuerpos de seguridad ciudadana, se afirma que “hay pocos grupos radicales y, además, están aislados y con pocos activistas”. Y es que los violentos más veteranos se han ido retirando de primera línea, especialmente después de que hayan visto cómo a lo largo de los últimos años se les ha ido identificando y han ido siendo detenidos paulatinamente.

En esta visita, pues, se prevén movilizaciones sin muchos puntos de conflicto, salvo las interferencias en el tráfico y la movilidad. O la actuación aislada de algún grupo lanzando objetos y pintura a la Policía o iniciando guerrillas urbanas con volcado y quema de algunos contenedores. La acción callejera contra la visita que parece contar con más apoyos es la que convocó la Asamblea Nacional Catalana (ANC), que consiste en una cadena humana entre el parque de la Ciutadella y el monumento a Colón. Esta acción también es apoyada por Òmnium Cultural, por la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), JxCAT, ERC, CUP, Poble Lliure, Demòcrates, la Intersindical, Ustec y varias plataformas soberanistas. La ANC ya ha pedido que se adopten medidas de seguridad y se mantenga la distancia para evitar contagios de coronavirus, por lo que se espera que esa concentración no genere más problemas que los de cortes de tráfico.

Otros grupos, sin embargo, han convocado concentraciones que se solaparán con esa cadena humana. Se trata de los comités de defensa de la república (CDR) o de la plataforma La Última Partida, que pretenden visualizar ostentosamente su rechazo. “La visita de Felipe VI y Pedro Sánchez se acerca, y sabemos que queréis recibirlos como se merecen. Afinad los silbatos y llevad guantes para no ensuciaros las manos”, señalan los CDR en un llamamiento lanzado este jueves para que sus militantes se concentren a las 10 de la mañana en la avenida Marqués de Argentera con calle Comercio. Los CDR han estado llenando el paisaje catalán con guillotinas de cartón (de color amarillo) para mostrar su rechazo a Felipe VI, una protesta muy visual y con una gran carga simbólica.

La monarquía, el nuevo enemigo

Lo que está claro es que el independentismo no va a dejar pasar esta ocasión de oro para tensar el ambiente y ahondar en el conflicto social y político. Solo hay un cambio respecto de la estrategia llevada a cabo hasta ahora: el independentismo se había inventado un enemigo exterior para justificar su hoja de ruta: España. Ahora, con ese objetivo desdibujado y con acusaciones de xenofobia e hispanofobia encima de la mesa, ha cambiado el enemigo exterior que sustenta su lucha: en vez de España, ha puesto en el punto de mira la monarquía (a la que asimila a España, pero con la que esquiva las críticas de hispanofobia).

El cambio del objetivo en la diana se sustenta en dos conceptos: por un lado, en el “anacronismo que supone la figura del Rey en un régimen que se define a sí mismo como democrático”. Pero, por otro lado, aprovecha los escándalos que rodean al Rey emérito para echar leña al fuego. También hay otro detalle que no se puede pasar por alto: en las últimas semanas, se puso más el foco en el discurso de Felipe VI el 3 de octubre de 2017 que en el mismísimo 1 de octubre, efeméride del referéndum ilegal. Y es que, para el independentismo, es más importante en estos momentos cualquier cosa que afecte a la Corona que una consulta secesionista.

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Endavant, el núcleo duro de la CUP, señalaba en un documento del pasado martes: “La izquierda independentista hemos de apostar por aprovechar la coyuntura para agrupar poder popular, confrontar y generar focos de ruptura con el régimen, y claramente la denuncia de la monarquía ha de ser uno de estos focos”.

Según Endavant, “el Estado español es todavía fuerte, se encuentra lejos de la derrota política; por tanto, es preciso persistir en la lógica de construir un bloque político de ruptura en los Països Catalans y, mientras tanto, cortocircuitar, siempre que sea posible, el poder del régimen. Por tanto, el debate no es un referéndum español sobre monarquía o república, sino romper tanto como se pueda el poder político del régimen del 78 en los Països Catalans”. De ese modo, los radicales proponen “generar movilizaciones y acciones de rechazo hacia la monarquía como puntal del régimen del 78; trabajar apuestas políticas que aprovechen el clamor de rechazo a la monarquía para acercar la derrota del Estado español, y situar la autodeterminación de los Països Catalans como la única alternativa política a la monarquía y al régimen que representa”.

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