El peligro estaba dentro del secesionismo: el PDeCAT rompe la estrategia de Puigdemont
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AL ‘EXPRESIDENT’ SE LE ESCAPAN VOTOS VITales

El peligro estaba dentro del secesionismo: el PDeCAT rompe la estrategia de Puigdemont

El consejo nacional del PDeCAT se reunió este lunes por la noche para iniciar el trámite de la convocatoria de unas elecciones primarias que escoja su candidato a las elecciones de febrero

Foto: El peligro estaba dentro del secesionismo: el PDeCAT rompe la estrategia de Puigdemont
El peligro estaba dentro del secesionismo: el PDeCAT rompe la estrategia de Puigdemont

El fugado Carles Puigdemont acaba de tropezarse con un nuevo y grave inconveniente para su futuro: mientras él remataba un largo proceso de creación del nuevo partido Junts per Catalunya (JxCAT), por el otro lado se rompían las conversaciones con su antiguo partido, el PDeCAT, para concurrir unidos a las próximas elecciones autonómicas, que se celebrarán el mes de febrero. La posibilidad de que el PDeCAT presente candidatura es un duro golpe a la estrategia de Puigdemont, que puede perder en esa operación un puñado de votos que le son vitales.

El consejo nacional del PDeCAT, máximo órgano de dirección entre congresos, se reunió este lunes por la noche para iniciar el trámite de la convocatoria de unas elecciones primarias que escoja su candidato a las elecciones de febrero. Se trata de la confirmación de la ruptura de las negociaciones que su presidente, David Bonvehí, llevaba con Carles Puigdemont. La revuelta de los alcaldes, pues, dio resultado.

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De hecho, tres pesos pesados del partido ya se habían posicionado en contra de integrarse en JxCAT: Marc Solsona, portavoz del partido y alcalde de Mollerussa; Marc Castells, alcalde de Igualada y responsable de Política Municipal, y Montserrat Candini, alcaldesa de Calella y responsable de Actos, Relaciones con la Sociedad Civil y Entidades Municipalistas. Y había otros alcaldes, que conforman la mayoría de cuadros del PDeCAT, que también comulgaban con ese malestar hacia JxCAT.

Tanto malestar se tradujo en un giro de 180 grados en la estrategia de Bonvehí. Y eso que, según confirmaron fuentes internas de JxCAT a El Confidencial, la última oferta de Puigdemont fue “muy generosa”. Quizá demasiado: el ‘expresident’ le dijo a Bonvehí que tenía asegurados 10 escaños de las listas. “Dame los nombres y elige el sitio de las listas en que quieres que vayan”, fue la frase que le espetó la pasada semana.

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A los ‘barones’ del PDeCAT eso les pareció aún más humillante que la anterior negociación, en que Bonvehí luchaba por tener un cupo de candidatos en los primeros lugares de las cuatro listas provinciales. Y ese malestar se trasladó a la cúpula del partido, que rechazó ir con Puigdemont y apostó por una lista en solitario, ya que una posible coalición con el Partit Nacionalista Català (PNC) de Marta Pascal (antigua coordinadora general del PDeCAT) es, a estas alturas, inviable.

"JxCAT no se plantea una coalición"

Según Jordi Sànchez, secretario general de JxCAT, no había “conversaciones oficiales” con el PDeCAT. “Hemos reiterado que en JxCAT cabe todo el que tenga un compromiso con la independencia. Dentro de Junts, todos se pueden sentir cómodos”, afirmó en una rueda de prensa ofrecida durante un permiso penitenciario este lunes (Sànchez cumple condena de nueve años de cárcel y disfruta del tercer grado). En otro momento, afirmó que “JxCAT no se plantea una coalición, sino sumar personas, reforzar su diversidad, incorporar todas las previsiones del independentismo democrático”. Da así por cerrada la posibilidad de alcanzar un acuerdo.

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Pero, con ello, Puigdemont queda en una posición debilitada, abandonado de los que hasta hace poco eran sus compañeros de partido y quienes le prestaron toda la infraestructura para hacer propaganda puerta a puerta. “A JxCAT ha comenzado a llegar mucho dinero porque los altos cargos de la Generalitat y buena parte de los municipales han dejado de cotizar un porcentaje de su salario a PDeCAT y han pasado a enviar el dinero a JxCAT. Con eso puede ir tirando. Además, JxCAT maneja el dinero que llega al Parlament, y ahí estamos hablando de millones de euros. Por eso, tiene un colchón económico con el que cubrir la campaña”, señala una fuente parlamentaria a este diario. Lo que pasa es que la campaña es un pozo sin fondo: solo en 'mailings', el gasto puede ascender a casi un millón de euros. Y si no tiene luego derecho a estar en los debates televisivos, tendrá que asumir los gatos de una campaña de imagen, que no son pequeños. Y además, se puede dar otra particularidad: el partido que, según los sondeos que maneja JxCAT, puede ganar los comicios no podrá estar presente en los debates de la campaña electoral.

Pero de lo que no hay duda es de que, políticamente, Puigdemont ha recibido uno de los golpes más duros de los últimos tiempos, porque en el último mes ha estado negociando la incorporación de dirigentes del PDeCAT a su lista con tres objetivos primordiales: primero, aprovecharse de los derechos electorales que tiene el PDeCAT, que es quien tendrá los minutos y los espacios gratuitos en los medios de comunicación durante la campaña. Según las normas legales, JxCAT no podrá estar presente en ninguno de los debates televisados, ya que los derechos son del PDeCAT, que es quien se presentó a las pasadas elecciones, aunque con la marca JxCAT. En segundo lugar, Puigdemont quería evitar que su antiguo partido se presente a las elecciones: le puede restar unos votos que son fundamentales a la hora de obtener más escaños que ERC.

Los votos, a la papelera

Y, en tercer lugar, según todos los sondeos, el PDeCAT puede no sacar ningún escaño, pero sus votos no serán aprovechados por nadie. Así, Puigdemont tiene un grave problema. Por uno de sus flancos se presenta ERC; por otro, la CUP, y por el otro, dos formaciones que disputan su mismo nicho electoral: el PDeCAT y el PNC, que lidera Marta Pascal, a quien él mismo defenestró hace meses. Estos dos partidos pueden restarle más de 100.000 votos que, al final, no se contabilizarían a la hora de plantear el apoyo del independentismo, puesto que solo se deben computar los votos con representación parlamentaria. Son lo que una fuente de JxCAT califica como “votos que se van a la papelera”, porque rompen las posibilidades de Puigdemont pero, en última instancia, no quedan computados en ninguna parte. Y eso, por si fuera poco, aleja la posibilidad de que el independentismo obtenga el 51% de los sufragios, tal y como reclama Puigdemont, para reemprender otra vez la cruzada del 1-O.

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La única alegría de Puigdemont es que la jueza de primera instancia número tres de Barcelona rechazó las medidas cautelares que pedía el PDeCAT para que no pudiese utilizar las siglas JxCAT mientras no se resuelve el contencioso de ambas formaciones sobre este nombre. Jordi Sànchez no quiso pronunciarse sobre este extremo, aduciendo que estaba ‘sub iudice’, pero lo cierto es que el tema tiene miga: el PDeCAT acusa a Puigdemont de haberle robado el nombre con malas artes, sirviéndose de una empleada ‘desleal’ que, sin decir nada a David Bonvehí, cedió las siglas a Puigdemont. Hasta que no haya resolución judicial, el ‘expresident’ fugado podrá seguir utilizando las siglas de JxCAT.

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