Puigdemont mantiene su poder por encima de las instituciones catalanas
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Construcción de un liderazgo exterior

Puigdemont mantiene su poder por encima de las instituciones catalanas

Al rechazar el marco autonomista, Puigdemont y su partido JxCAT también rebajan cualquier institución que no sirva de manera inmediata para su objetivo: alcanzar la independencia

Foto: Carles Puigdemont, durante el acto inaugural del congreso fundacional de JxCat. (EFE)
Carles Puigdemont, durante el acto inaugural del congreso fundacional de JxCat. (EFE)

Lo que está haciendo Carles Puigdemont no es fácil. De hecho es muy difícil. Huir de la justicia y construir un liderazgo político de tanto protagonismo a 1.600 kilómetros de Barcelona tiene un mérito extraordinario. Y no se trata solo de las victorias judiciales. Se trata de logros políticos indiscutibles, como haber salido escogido eurodiputado o haber ganado las elecciones catalanas en diciembre de 2017 dentro del espacio soberanista al imponerse a ERC. Sin embargo, el precio de todos estos logros es la degradación de las instituciones catalanas. Al rechazar el marco autonomista, Puigdemont y su partido JxCAT también rebajan cualquier institución que no sirva de forma inmediata para su objetivo: alcanzar la independencia de Cataluña. Esto afecta desde el conjunto de la administración catalana hasta el Parlament, pasando por la propia presidencia de la Generalitat.

Buena parte de la herencia política de Jordi Pujol pasó por haber dejado unas instituciones políticas robustas. Ese legado se ha dilapidado en tres años y el peso de las instituciones catalanas ha quedado minimizado a medida que se agigantaba la figura de Puigdemont en Waterloo.

Foto: Xavier Muro, dialogando con el presidente del Parlament, Roger Torrent. (EFE)

Los triunfos del 'expresident' no han sido pequeños. Puigdemont es capaz de intervenir en el día a día de la Generalitat, de elaborar las listas electorales sin dar explicaciones, de avalar pactos como el de la Diputación del Barcelona que entregó la presidencia de la misma al PSC; de cuestionar el Parlament una y otra vez o de dinamitar el PDeCAT. Y solo por poner algunos ejemplos. Además, controla el calendario electoral en Cataluña gracias a la fidelidad a prueba de broncas de Quim Torra. Todo esto desde un organismo como el Consell per la República, que ni existe y que depende de asociaciones sin afán de lucro creadas en Bélgica que operan con total opacidad. No solo es que todo esto sea muy difícil. Es que hace falta tener un enorme talento político para llevarlo a cabo. Puigdemont es como el estado de Israel: el día que pierda una guerra desaparecerá. Pero por ahora las va ganando todas.

Un 'president' mudo que no puede convocar elecciones pero debe callar, la metáfora perfecta de toda una legislatura

La cara oscura o el precio a pagar por todo esto ha sido debilitar el peso institucional de la Generalitat y del resto de entes públicos, que no se limita a la administración autonómica sino que se extiende a todo el aparato público. El consejo de TV3, y el de muchos organismos públicos, lleva años con los cargos caducados a causa del bloqueo institucional que siempre acaba imponiendo JxCAT. Hay más de 140 cargos que están ejerciendo en falso por toda Cataluña en diversas entidades, desde el Sindic de Greuges hasta la Sindicatura de Cuentas; y que resulta imposible renovar por la incapacidad de llegar a un mínimo de acuerdo por parte de la clase política.

El Parlament

En un principio se creyó que esta degradación institucional solo afectaría a la Generalitat por la posición de subsidiariedad que había asumido, y sigue asumiendo, Torra respecto a Waterloo. Pero el Parlament ha seguido en esta misma vía. Ha aprobado poquísimas leyes y casi ninguna relevante a excepción de los Presupuestos de 2019, que nacieron muertos a causa de la crisis del coronavirus y porque se pusieron como condición para el fin de una legislatura que ahora no llega. El Parlament es el lugar perfecto para las broncas de Cs o para las gesticulaciones simbólicas de Quim Torra, como lo fue el pleno sobre la monarquía de este mes de agosto. Pero para legislar, como que no.

La degradación de instituciones como el Parlament, muy obvia este mes de agosto, es sólo la cara oculta de las brillantes victorias de Puigdemont

Tras el pleno quedó claro que el Parlament ya es solo otro escenario más para la batalla entre ERC y JxCAT y que la institución se degrada día a día. Puigdemont publicando la versión sin censura de la resolución en Instagram en lugar de hacerlo en la web del Consell per la República muestra mucho el nivel al que se ha llegado en una línea política en la que el personalismo lo es todo y las instituciones no valen nada.

Ahora, la presidencia

Si gestionar la Generalitat era “autonomismo”, como lo califican despreciativamente los altos cargos de JxCAT, ahora es la propia presidencia de la Generalitat la que acaba rebajada a niveles nunca vistos. La negativa a que Quim Torra pueda convocar elecciones que adelantó El Confidencial deja al presidente catalán reducido a un mero testigo mudo de su desgracia. Quim Torra piensa acudir a la vista en la que el Tribunal Supremo analizará su recurso, pero el proceso no permite que hable así que no podrá hacerlo ante los jueces. Pugidemont le pide ahora que se sacrifique y que no convoque elecciones, dejando que se activen los mecanismos automáticos legales previstos que fijarán las elecciones para febrero o marzo del 2021, cuando JxCAT espera obtener mejores resultados electorales. Un 'president' mudo que no puede convocar elecciones pero debe callar, la metáfora perfecta de toda una legislatura.

La Generalitat recula en todos los terrenos. Torra se niega a acudir a la reunión de presidentes autonómicos que tratará sobre el inicio de curso bajo la amenaza del COVID-19, Pere Aragonès renuncia a liderar una nueva reforma de la financiación autonómica y esta lleva años pendiente. Los ejemplos se multiplican. A todo el mundo le va mal, excepto a una persona: el 'expresident' que se arroga la legitimidad desde Bélgica. El retrato de Dorian Gray de Carles Puigdemont empieza a mostrar un aspecto muy preocupante.

Lo que está haciendo Carles Puigdemont no es fácil. De hecho es muy difícil. Huir de la justicia y construir un liderazgo político de tanto protagonismo a 1.600 kilómetros de Barcelona tiene un mérito extraordinario. Y no se trata solo de las victorias judiciales. Se trata de logros políticos indiscutibles, como haber salido escogido eurodiputado o haber ganado las elecciones catalanas en diciembre de 2017 dentro del espacio soberanista al imponerse a ERC. Sin embargo, el precio de todos estos logros es la degradación de las instituciones catalanas. Al rechazar el marco autonomista, Puigdemont y su partido JxCAT también rebajan cualquier institución que no sirva de forma inmediata para su objetivo: alcanzar la independencia de Cataluña. Esto afecta desde el conjunto de la administración catalana hasta el Parlament, pasando por la propia presidencia de la Generalitat.

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