ERC se queda sola

Torra busca retrasar la mesa de diálogo hasta que Puigdemont tenga nuevo partido

El presidente catalán aseguró en su día que convocaría una cumbre de los partidos soberanistas y las entidades como ANC previa a la Mesa. Ni lo ha hecho ni parece tener prisa

Foto: Quim Torra y Carles Puigdemont. (EFE)
Quim Torra y Carles Puigdemont. (EFE)

La mesa de nunca acabar. Ahora es Quim Torra el que da largas a la Mesa de Diálogo para Cataluña. Fuentes de Palau apuntan que tiene poco que ver con su situación judicial -el Tribunal Supremo verá su caso este octubre por la sentencia de las pancartas- o la gestión del covid-19 en Cataluña, y más con la constitución del nuevo partido de Carles Puigdemont y que se constituirá el próximo 25 de julio. Ahora ya no hay fecha y Moncloa se queda sin ningún incentivo para convocar un foro que sobre todo le genera problemas a la hora de intentar pactar los Presupuestos con Cs. Sin hacer nada, Pedro Sánchez vuelve a ganar.

La semana pasada en el Parlament, Torra asumió una posición de máximos: "Esta segunda reunión es muy fácil: que me envíe una carta diciendo que habrá un encuentro en la que el primer punto del orden del día sea el derecho a la autodeterminación, con la fecha y las condiciones de un referéndum. A partir de aquí, que ponga los puntos que quiera. Esta es la clave de la reunión". Sin embargo, lo más fuerte no fue la respuesta de presidente de la Generalitat, sino que la pregunta se la había hecho ERC. El portavoz de ERC, Sergi Sabrià, hace horas extras ejerciendo de jefe de la oposición, como si los republicanos no estuviesen en el Govern. Así de loca está la situación.

ERC quiere la Mesa de Diálogo. Buscaron que Torra formase parte para que no la dinamitase desde fuera. Pero, como dice la canción de Rubén Blades, si naciste para martillo del cielo le caen los clavos. Da igual que no se pueda dinamitar la mesa desde fuera si se puede hacer mejor y de manera más eficaz desde dentro.

Torra aseguró en su día que convocaría una cumbre de los partidos soberanistas y las entidades como ANC y Òmnium para aunar posiciones antes de la Mesa de Diálogo. Pero ni ha convocado ni lo tiene previsto porque ahora lo que corre prisa es que Puigdemont disponga de su nuevo partido, no vaya a ser que las elecciones catalana, previsiblemente en noviembre, le pillen con el pie cambiado.

Así, que Pedro Sánchez se ha quedado sin presión para convocar la Mesa. Estamos en julio y ya no es previsible que se haga hasta septiembre. Pero evidentemente, después del 11, la Diada. Y mientras, la pandemia sigue creciendo en Cataluña, añadiendo un factor de incertidumbre todavía mayor sobre el futuro de la política catalana.

Utilidad de la Mesa

La Mesa y su convocatoria solo parece útil para las aspiraciones electorales de ERC. La formación de Oriol Junqueras siempre apostó por esta fórmula para enmarcar la fase postreferéndum. Pero si Puigdemont y los suyos no lo ven claro en este momento y si a Pedro Sánchez le desgasta en el resto de España, la Mesa parece tocada de muerte. Al menos hasta que haya elecciones catalanas en noviembre y, de una manera u otra, cambien los interlocutores.

Para Puigdemont, no es el momento de preocuparse de la Mesa, más centrado en el jaque mate que tiene planeado para el PDeCAT

Para Puigdemont, la Mesa es un estorbo. Tiene a buena parte los consellers, incluyendo a miembros de la parte catalana de la Mesa como Jordi Puigneró (Políticas Digitales) enfrascados en la creación del nuevo partido. Ahora la clave es aplastar al PDeCAT, arrebatarle la marca JxCAT y elaborar cuatro listas electorales, una por provincia, a la medida de los designios de Waterloo.

Caos en el PDeCAT

Mientras, en el PDeCAT, David Bonvehí, al que en algunos cenáculos ya definen como el Mariano Rajoy de la política catalana, sigue sin ceder a las pretensiones marcadas desde Bélgica. Pero Puigdemont sigue con sus tretas. Mientras mantenía conversaciones con Bonvehí para intentar la ruptura 'in extremis' se quiere utilizar a la militante del PDeCAT que registró el nombre de JxCAT para arrebatárselo. La treta judicial es dudosa pero solo servirá para embarrar todavía más el campo de juego.

El nuevo partido es una jugada de riesgo. Hacer una campaña sin derechos electorales y usando solo con las redes sociales. Pero en ese terreno, el del borde del precipicio, Puigdemont se mueve como pez en el agua.

Cataluña

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