Se rompe el PDeCAT: los críticos irán a las elecciones con marca propia sin Puigdemont
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Se rompe el PDeCAT: los críticos irán a las elecciones con marca propia sin Puigdemont

Altos cargos del PDeCAT continuarán por su cuenta, abandonando la unilateralidad y apostando por la reconstrucción del espacio político nacionalista tradicional

placeholder Foto: David Bonvehí en el consejo nacional del PDeCAT. (EFE)
David Bonvehí en el consejo nacional del PDeCAT. (EFE)

El panorama nacionalista se enreda un poco más en Cataluña: los críticos del PDeCAT han decidido este sábado dar un paso al frente y desligarse del yugo de Waterloo, manejado por Carles Puigdemont, presentándose como nueva opción electoral en próximas contiendas electorales, al margen de los posconvergentes de JxCat o La Crida. La ruptura es ya un hecho: altos cargos del PDeCAT continuarán por su cuenta, abandonando la unilateralidad y apostando por la reconstrucción del espacio político nacionalista tradicional. No definen aún si concurrirán como partido, pero dejan claro que quieren ser “una nueva opción electoral” frente a las que hay hasta ahora. En otras palabras: Puigdemont ya tiene quien le dispute espacio electoral directo. Y, paralelamente, la dinamitación completa del que en su día fue el partido político más importante de Cataluña, Convergència Democràtica (CDC), se ha consumado.

En septiembre pasado, altos cargos críticos del PDeCAT se reunieron en el monasterio de Poblet (en el marco donde Jordi Pujol reunía durante décadas a sus cargos para meditar sobre la estrategia política) y sentaron las bases de una nueva forma de hacer política. Era el primer aviso a Carles Puigdemont de que algo en su maquinaria no funciona. El radicalismo impuesto por el ‘expresident’ fugado ha dejado muchos cadáveres por el camino. Un grupo se escindió de CDC y formó Convergents, con el exconsejero Germà Gordó al frente. Otro se marchó y creó Lliures, con el también exconsejero Antoni Fernández Teixidó. Otros se marcharon hacia Units per Avançar (la heredera de Unió Democràtica de Catalunya), bajo el mando del exconsejero Ramon Espadaler, hartos de jugar a la revolución permanente. Y otros se quedaron en tierra de nadie.

placeholder La excoordinadora general del PDeCAT Marta Pascal. (EFE)
La excoordinadora general del PDeCAT Marta Pascal. (EFE)

Así las cosas, un puñado de dirigentes del PDeCAT se reunió en Poblet y aprobó una hoja de ruta que, sin renunciar a la independencia y a un referéndum acordado con el Estado español, sí renunciaban expresamente a la unilateralidad y al conflicto permanente con España. Entre esos militantes estaban el exportavoz de CiU en el Congreso, Carles Campuzano, el exdiputado Jordi Xuclà o el exconsejero Lluís Recoder. En ese grupo se encuadra también el exletrado mayor del Parlament, Antoni Bayona. A la excoordinadora del partido, Marta Pascal no se la esperaba, pero se la tenía ‘in mente’, porque todos la reservan para que sea su imagen pública: es mujer, es joven, tiene personalidad propia y tuvo agallas para enfrentarse a Puigdemont cuando éste ordenó no apoyar la moción de censura contra Mariano Rajoy.

Una líder en reserva

Eso le costó su puesto como coordinadora general. Y ahora acaba de anunciar que deja su escaño de senadora para encarar una nueva etapa política. El 21 de julio de 2018, en el Congreso Carles Puigdemont enviaba mensajes a sus más íntimos: “Pascal no puede ser nunca coordinadora general”, escribía, sentenciando a la que prácticamente se daba por líder del partido. Públicamente, el expresident fugado juraba que no había intervenido en el resultado de aquel aciago congreso del PDeCAT. Pero la realidad era mucho más cruel y prosaica: Puigdemont hizo caer a Marta Pascal, que harta de las interferencias de Waterloo, decidió tirar la toalla. Ahora, la joven política tiene las manos libres y una hoja de ruta no contaminada por Waterloo. Y, desde este sábado, una organización que estará dispuesta a apoyarla incondicionalmente.

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, durante el acto político celebrado en Perpiñán. (EFE)

Pascal no se había atrevido hasta ahora a dar el paso de romper definitivamente amarras con el PDeCAT. De hecho, aún continúa dentro de esa formación, estudiando si ella y su grupo pueden reconducir aún el agonizante partido (fagocitado por Puigdemont en beneficio de sus otros inventos, como Junts per Catalunya o la Crida a la Solidaridad) y volver a situarlo en la primera línea de la política. Pero todo hace suponer que no habrá.

Contactos entre diferentes grupos

Con la creación de este nuevo espacio político no se han acabado los problemas en el nacionalismo catalán: al contrario, se abre una etapa en la que es preciso dilucidar cómo se articulará el catalanismo militante. En realidad, el Grupo de Poblet, así como altos cargos del PDeCAT y de Units per Avançar (que en las tres últimas convocatorias electorales concurrió en coalición con el PSC) han estado desde hace meses en contacto y conversaciones permanentes con representantes de Convergents, de Lliures y de la Lliga Democràtica para estudiar una plataforma conjunta que recomponga un centro catalanista que sustituya a la antigua CiU. De hecho, Lliures y la Lligra preparan su fusión para finales de este mes y ya han hecho ofertas a los otros grupos para consensuar una candidatura conjunta que no disperse el voto ciudadano y atraiga a los famosos 300.000 votos huérfanos que hay en el nacionalismo catalán desde que desapareció CiU. La premisa común de ese espectro catalanista es la renuncia explícita a la unilateralidad, aunque no se renuncia a la independencia y a la negociación de un referéndum pactado con el Estado español.

El documento aprobado este sábado, bajo el título ‘Conclusiones y síntesis del trabajo sobre el apoyo de una opción política’, recoge las directrices que Pascal expone en su libro ‘Sense por’ (‘Sin miedo’), presentado este mes de febrero. No a la unilateralidad pero sí a la independencia sin violentar las leyes y acatando las normas de la democracia. Los críticos del PDeCAT no renuncian a la independencia, pero quieren pactar un referéndum con el Estado. Y ahí quieren proponer una reforma de la Constitución que reconozca el derecho a la secesión. Apuestan también por garantizar la gobernabilidad de las instituciones: se acabó la táctica de ‘cuanto peor, mejor’, aplicada sin piedad por el ‘puigdemontismo’ en los últimos tres años.

Foto: La justicia escocesa paraliza el juicio de Ponsatí hasta el 18 de junio

El portavoz del grupo, Antoni Garrell, expuso las líneas maestras del proyecto tras la reunión de este sábado. Aseguró que la candidatura “se formalizará las próximas semanas”. Y subrayo que la oferta es “una propuesta abierta a todos los que quieren una Cataluña de entendimiento”.

El documento aprobado resalta la necesidad de “recuperar la calidad democrática”, apuesta por un “acuerdo de convivencia” con el resto de España (fundamentado en “el respeto mutuo y en una posición de igualdad entre Cataluña y España mientras llegan momentos menos tensos a pesar de las diferencias y las dispuestas no resueltas”) y aboga por repensar la estrategia política y el camino hacia la independencia.

También hace hincapié en que “la unilateralidad agrava la polarización en Cataluña” e indica textualmente que “hemos padecido la suspensión del autogobierno y no podemos arriesgar que vuelva a pasar. Persistir en el error sólo incrementará la frustración y perpetuará el círculo vicioso que actualmente nos atenaza en el ámbito económico, social y político”. De ahí que reclame “respetar las reglas de juego del sistema democrático y liberal” y “evitar el conflicto persistente para frenar el deterioro del prestigio de las instituciones que nos representan”, al mismo tiempo que pide “evitar políticas populistas y antisistema de defender a cualquier precio un proyecto”.

El aviso a Puigdemont, pues, es claro y directo. No es una buena noticia para el ‘expresident’ fugado, que ve así cómo se erosiona un poco más su liderazgo, pero no hay duda de que se trata de una nueva opción electoral que le puede absorber una parte de su electorado. Será que, como dice el refrán, cuantos más seamos, más reiremos.

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