TAMBIÉN UN LABORATORIO PARA ANFETAMINAS

Subfusiles, granadas y cocaína: tras los pasos de la mafia holandesa de la Costa del Sol

A lo largo de dos años y en una operación que se ha dividido en cuatro fases, la Policía ha logrdo tumbar a los narcotraficantes holandeses que se habían hecho fuertes en la Costa del Sol

Foto: Las armas y dinero incautado a la mafia holandesa de la Costa del Sol.
Las armas y dinero incautado a la mafia holandesa de la Costa del Sol.

En octubre de 2018, tras la primera ronda de registros y arrestos contra la mafia holandesa de la Cosa del Sol, la Policía Nacional acabó con decenas de llaves incautadas. Parecían corresponder a coches y garajes de los sospechosos, pero ninguno de los detenidos quiso indicarles el camino. Los investigadores se encontraron así con dos opciones: guardar las llaves en un cajón o probar puerta a puerta. Optaron por la segunda. La Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) elaboró una lista de los lugares por los que se movían y peinó la zona hasta el 22 de noviembre de 2018, cuando una de las llaves abrió un garaje de Benalmádena. En su interior, la organización guardaba un Chrysler Voyager con todo un arsenal de guerra: seis subfusiles de asalto, dos pistolas semiautomáticas, un revolver, cuatro granadas de mano, tres silenciadores, dos espoletas y munición.

Aquella fue la segunda fase de una operación que se ha alargado más de un año y se ha dividido en cuatro fases. El objetivo: tumbar a los narcotraficantes holandeses que se habían hecho fuertes en la Costa del Sol e introducían toneladas de cocaína en España. Fuentes de la investigación sitúan a Hans Leendert Martinus Cornelius Verheij como capo de la organización. Según explican, este holandés de 39 años se comportaba como un mafioso de película. Afincado en Benalmádena, aseguran que se sentaba en las terrazas de los bares y dirigía desde allí todos los movimientos: sus hombres hacían cola para reunirse con él, le susurraban novedades al oído y se iban corriendo al teléfono para transmitir sus órdenes... Un escalón por debajo, sus dos presuntos lugartenientes: Marco Cornelis Huijsmans, de 42 años, y Martinus Hendrikus Wilhelmus, de 43. Los tres son viejos conocidos de las autoridades holandesas.

La Policía Nacional comenzó a sospechar de algunos de los holandeses que estaban desembarcando en Benalmádena desde 2013. Conforme tiraron del hilo, los investigadores se dieron cuenta del nivel al que jugaban los miembros de la organización, que llegaron a reunirse con el histórico narcotraficante gallego Sito Miñanco. Los contactos internacionales que manejaban tampoco eran menores: los 'narcos' serbios, sus rivales, suelen traer la cocaína desde Brasil, pero ellos tenían línea directa con pesos pesados de Colombia, explican fuentes policiales. En Holanda, su infraestructura también era considerable: tras ordenar el ingreso en prisión provisional de los 19 detenidos en España, desde los Países Bajos llegó información que apuntaba a una posible fuga y se extremó la cautela en los traslados. Aquella alerta fue el último capítulo de una historia que comienza con una empresa de frutas.

Fase 1: la frutería

Los investigados no tenían trabajo ni fuente de ingresos aparente, pero al mismo tiempo mostraban un alto nivel de vida que se reflejaba en vehículos de lujo y mansiones. La Policía comenzó entonces a rebuscar en sus cuentas y se topó con dos hallazgos: la adquisición tanto de empresas de transporte como de otra que se dedicaba a la importación de fruta desde Costa Rica. La clave estaba en esta segunda sociedad, que llegó a importar más de 70 contenedores de fruta a España para supuestamente maquillar su verdadera misión: introducir seis toneladas de cocaína a través del puerto de Setúbal, en Portugal, para después recepcionarlas en Badajoz y finalmente transportarlas a Málaga. En esta última ciudad, un grupo de policías aguardaba el cargamento, que fue incautado el 23 de octubre de 2018. Vendidas al pormenor, las seis toneladas de cocaína hubiesen superado los 370 millones de euros, explican fuentes policiales.

La incautación de la cocaína se convirtió así en el pistoletazo de salida, tras lo que comenzó una oleada de detenciones y registros. Ahí aparecieron tanto las llaves como un documento que apuntaba al alquiler de un garaje en Benalmádena, lo que dio lugar a la segunda fase de la operación, que se saldó con el hallazgo de las armas. Pero los móviles y dispositivos de los detenidos todavía guardaban otro secreto: en ellos encontraron fotografías de una nave industrial en la que la organización parecía almacenar productos químicos para la fabricación de drogas sintéticas y, en concreto, anfetaminas.

Fase 3: el laboratorio

Con las fotografías de los móviles y la información que habían obtenido en los seguimientos a los sospechosos, la Policía llegó a la conclusión de que se trataba de una nave de un polígono industrial de La Menacha, en Algeciras. No se equivocaban, pero al proceder a la entrada y registro de la misma, en su interior ya no había nada. Los agentes volvieron entonces a analizar los movimientos de sus vehículos y elaboraron un nuevo listado con posibles ubicaciones en las que esconder los productos químicos: un sótano y un apartamento en Benalmádena, una nave en Alhaurín de la Torre y otra en Alhaurín el Grande. Tras pequeños hallazgos en los dos primeros puntos, los investigadores encontraron todo el material necesario para fabricar anfetaminas en la última nave.

Fuentes de la investigación apuntan a que planeaban producir drogas sintéticas mediante el método de síntesis de Leukart, el más frecuente en los laboratorios clandestinos. Para ello, contaban con 150 bidones de plástico con formadina, 22.050 kilos de sosa cáustica, 19.000 litros de ácido fórmico y 9.000 kilos de precursores que todavía están analizando. En el apartamento de Benalmádena, la organización guardaba también un alijo: cuatro kilos de MDMA, 1,2 de cocaína, 23.000 pastillas sin identificar y un kilo de hachís.

Fase 4: el botín

En el plano económico, el mayor golpe a la mafia holandesa de la Costa del Sol ha sido la incautación de su droga, pero también destacan los 35 vehículos que utilizaban, la mayoría de alta gama y con dobles fondos para ocultar sus cargamentos. El pasado 6 de junio, la Policía encontró en el maletero de uno de ellos una colección de 18 relojes de lujo que roza el millón de euros, así como una bolsa de deporte con 938.100 euros en efectivo.

La operación la ha dirigido el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional con el apoyo de la Fiscalía Antidroga. Más allá de España, la información recabada ha permitido desmantelar tres laboratorios de droga sintética en Holanda, donde se guardaban 70 kilos de MDMA y más de una tonelada de precursores. En Costa Rica y Portugal, tras averiguar el método que utilizaron para introducir la cocaína en Europa, también se detuvo a los responsables. Ya finalizada la operación, la duda pasa por ver quién ocupa el lugar que deja la mafia holandesa. Fuentes de la investigación apuntan a tres favoritos: otras organizaciones de los Países Barjos, los 'narcos' serbios o a los Kinahan de Irlanda. Pero al mismo tiempo avisan de que el auge del narcotráfico no deja de provocar la llegada de nuevos competidores a la Costa del Sol.

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