comisión del 155

Los presos tratan de conmover al Parlament más caótico para repetir el referéndum

Llegaron y trataron de sacudir conciencias. Llamar a la unidad. Recordar lo que consideran importante: la independencia. Mostraron sus heridas. Recordaron su prisión

Foto: Los exconsellers presos comparecen ante la comisión del Parlament del 155. (EFE)
Los exconsellers presos comparecen ante la comisión del Parlament del 155. (EFE)

La tarea no era fácil. Oriol Junqueras y otros seis de los presos del 'procés' desembarcaron este martes en un Parlament sumido en el caos, enfrentado, sin rumbo. Un Parlament que trataba de recuperarse del desconcierto en el que le sumió este lunes la inhabilitación como diputado del 'president' Quim Torra. Llegaron y trataron de sacudir conciencias. Llamar a la unidad. Recordar lo que consideran importante: la independencia. Mostraron sus heridas. Recordaron su prisión. Y dijeron a los presentes en la comisión ideada para censurar la aplicación del 155 que ellos están en la cárcel, el peor de los escenarios, y que pese a ello no olvidan. El objetivo final sigue siendo la independencia. Y hay que volver a intentarlo.

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A medida que transcurría la jornada que abrió el líder de ERC a las nueve de la mañana, las malas noticias se sucedían. El Tribunal de Cuentas fijaba en 4,1 millones de euros la fianza por el gasto del 1-O, cantidad que tendrán que depositar todos los que retornaron este martes a la Cámara parlamentaria y alguno ausente como Carles Puigdemont. El Tribunal Constitucional se dirigía a la Fiscalía y la instaba a proceder contra el presidente Roger Torrent y otros dos miembros de la Mesa por desobediencia reiterada. Y mientras, los presos apelaban a resistir los embates del Estado y entonaban la primera frase de la mítica canción de Edith Piaf: "No, rien de rien. No je ne regrette rien".

Volvió la doctrina Cuixart, pero sin Cuixart. Se entonó el lo volveremos a hacer. Oriol Junqueras lo abanderó, aunque lo presentó envuelto en el papel de regalo de un diálogo permanente con propios y ajenos, amigos y enemigos. Con quien sea necesario, incluyendo a Ciudadanos, que abandonó la sala donde se celebraba la intervención. "Volveremos a ejercer el derecho a un referéndum de autodeterminación. Muchos se han hecho sin el consentimiento del Estado", lanzó. ¿Un aviso a las puertas de la mesa de diálogo pactada con el Ejecutivo? Fue una reiteración que se fue modulando por la tarde. Tanto Quim Forn como Josep Rull reconocieron que sí, que lo volverían a hacer, pero que "algunas cosas las harían mejor". Fue lo más cerca que estuvieron los 'exconsellers' de admitir errores en su gestión de los 'hechos de octubre'.

"Si estar en prisión es el precio que se tiene que pagar para que se visualice, se paga"

Junqueras intentó remover conciencias. "Si estar en prisión es el precio que se tiene que pagar para que se visualice, se paga. Aprendí esta lección con mucha convicción. Las nuevas generaciones no tienen que conocer nunca más la prisión para ejercer el derecho a voto", dijo. También lo dijo claramente Jordi Turull, que trajo a la sala la voz de Carles Puigdemont. Para él, el mandato del 1-O sigue vigente y hay que ejecutarlo.

La escenografía se cuidó al máximo. Se trataba de la primera aparición pública de los presos desde el final del juicio en el Tribunal Supremo. La primera después de la condena. Al pie de la escalinata enmoquetada en rojo del Parlament, decenas de medios de comunicación esperaban el retorno de los que no pisaban esta alfombra desde 2017. Aplausos, gritos de apoyo. Aparecieron, escoltados por Torrent y también por Quim Torra, diputado 'simbólico' tras la refriega y que actuó en este caso a modo de azafato de lujo. Acompañó y desapareció. Se refugió en su despacho y volvió para acompañar de nuevo a los reclusos. Del furgón policial a la sala y de la sala al furgón.

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La sacudida

Cada uno de los presos tuvo cerca de dos horas para explayarse antes los grupos afines. Tras la mínima 'performance' de Lorena Roldán —comparada con otras de su grupo parlamentario, que gritó en el pleno "delincuente" a Torra—, los condenados por el 'procés' actuaron frente a un público afín y se centraron en lugares comunes que ya resultan familiares: el Estado opresor, la Justicia injusta, la violación de sus derechos, el castigo únicamente por votar.

La comparecencia demostró que no había intención de investigar el 155 sino de que cada uno de los presos explicase sus vivencias, su postura o su mitin electoral. Dolors Bassa, por ejemplo, cuando recordó cómo los presos somatizaban la cárcel con diversas enfermedades. Bassa también pidió a los diputados que evitasen "batallas de postureo". Los presos han dicho siempre que no quieren hacer política. Pero estaban en el Parlament y la cabra tira al monte.

El 155 como excusa

Mientras cada uno exponía, sin límite de tiempo, lo que consideraba conveniente, se olvidaba el objeto de la comparecencia parlamentaria. Las alusiones al 155 fueron mínimas, casi testimoniales. Los presos que no habían intervenido aún o que ya habían terminado quedaban confinados en la sala de reuniones del presidente. Desde allí, se habilitó una vía directa para que entraran y salieran. Allí comieron y aguardaron el final, que se prolongó varias horas.

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El más claro en esa sacudida virtual a los diputados fue Turull. Echó en cara a los presentes el espectáculo del lunes. “Si quieren que no tengamos momentos tristes en la celda, ahórrennos episodios como los de ayer”, rogó el antiguo cargo. "Recuperemos el orgullo", "tengamos dignidad", imploró. Los asistentes le aplaudieron puestos en pie. Las rencillas, las peleas, quedaron, por un día, para mañana.

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