ERC y JXCAT SE ENZARZAN POR LA COMPOSICIÓN

La ANC quiere eliminar a media Cataluña de la mesa de negociación con el Gobierno

El posicionamiento radical de la ANC no dejó indiferente a nadie y encontró detractores incluso entre las filas independentistas. El primero en lamentarlo fue el propio Gabriel Rufián

Foto: La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie. (EFE)
La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie. (EFE)

La Asamblea Nacional Catalana (ANC) quiere borrar a media Cataluña de cualquier negociación con el Gobierno central. Una vez que el PSOE y ERC se han puesto de acuerdo y han logrado, después de años de distanciamiento, que se abra una mesa de negociación entre el Gobierno catalán y el Gobierno central, el independentismo más radical quiere reducir la parte catalana a los partidos que defiendan la separación.

El secretariado nacional de la ANC, que se reunió este fin de semana, aprobó las condiciones para formar esa mesa de negociación: la primera de esas condiciones es que “es imprescindible que esté formada exclusivamente por partidos, entidades y actores sociales independentistas. En el caso, por ejemplo, de En Comú-Podem, ya estará representado en la mesa de diálogo bilateral como miembro del Gobierno PSOE-UP y no tendría sentido que estuviese en los dos lados de la mesa”.

Ello supondría, según algunas de las críticas más acerbas, eliminar de un plumazo a más de la mitad de la población catalana (la que no ha votado independentismo) de una mesa de negociación donde se quiere negociar el futuro de la comunidad.

Otra de las condiciones es que la mesa “ha de constituirse exclusivamente por la independencia: o se negocian los términos de la independencia en base a una mayoría parlamentaria independentista en el Parlament o un referéndum binario sobre la independencia acordado con el Estado y vinculante. También se ha de abordar el fin de la represión”.

Por último, quiere imponer que sea la propia ANC, como “la entidad independentista más importante”, quien “fiscalice” las reuniones, para que en ellas se hable solo de lo que la propia ANC propone. Claro que la autopropuesta de actuar como agente fiscalizador es gratuita, puesto que nadie conoce la representatividad de la ANC en el universo soberanista. Además, Òmnium Cultural, la otra gran entidad, multiplicó en los últimos cuatro años sus socios y ya supera, de largo, en militantes a la ANC.

El posicionamiento radical de la ANC no dejó indiferente a nadie y encontró detractores incluso entre las filas independentistas. El primero en lamentar los extremismos de la ANC fue el propio Gabriel Rufián, líder de ERC en el Congreso. En una entrevista en Radio 4, Rufián explicó que es un “enorme error” excluir a los comunes de la mesa de negociación. “Este posicionamiento da la razón a los que dicen que somos excluyentes. Nunca puedes dar la razón a tu adversario”, razonó, al tiempo que defendía que muchos militantes de los comunes están muy cerca del republicanismo catalán. También reprochó al independentismo la poca empatía que tiene hacia el sector de la ciudadanía que no vota independencia.

JxCAT defiende a la ANC

Pero desde Junts per Catalunya (JxCAT) le echaron un capote a la ANC. “¿Tanto cuesta entender que no se puede estar en los dos lados de una misma mesa de negociación? Me parece una polémica intencionada y sin sentido”, recriminó Elsa Artadi (una de las personas de confianza de Carles Puigdemont y líder posconvergente en el Ayuntamiento de Barcelona) al republicano en las redes. También el diputado Francesc de Dalmases (JxCAT) dio las gracias a la ANC “por recordarnos cada día que esto va de independencia”.

Fuentes de JxCAT explican a El Confidencial el posicionamiento del partido en esta cuestión: “Se trata de la mesa convocada por el ‘president’ Quim Torra. Es decir, de lo que hablamos es del posicionamiento de los que estamos por la autodeterminación o la independencia”. Ese reparto de funciones se debe a que “se trata de una mesa de negociación, por lo que entendemos que han de ser los dos bandos los que negocien”. Y, además, enfatizan que “si se trata de una mesa bilateral, es que ha de haber dos bandos en esa mesa. Por tanto, se supone que han de estar los partidos soberanistas, en un lado, y los partidos del Gobierno español, en otro”.

Respecto a si los comunes han de formar parte de la mesa, como habían pedido, rechazan ese extremo. “Rufián habló de sectarismo y de que no es posible formar una mesa sin los comunes. Pero sería muy raro tener a los mismos actores en los dos lados de la mesa. Resulta que los comunes ya forman parte del Gobierno español, por lo que no tendría sentido que estuvieran también en la otra parte. Otra cosa es ver a qué lado serán más leales. Por lo que parece, de momento han optado por el lado del Gobierno de España. Por tanto, no es que haya veto, lo que ha hecho Artadi es ponerle al tema un poco de sentido común y de lógica”.

Colau se suma a las críticas

La última en entrar en liza fue la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que recordó a la ANC que “el diálogo es incompatible con el sectarismo”. Un sector de la izquierda independentista es partidario de contar con los comunes (que en numerosas ocasiones se autoincluyen en el bando de los soberanistas) a la hora de plantear iniciativas. Rufián, por ejemplo, también había retuiteado que “hay una parte del independentismo conservador que no quiere compartir diálogo con las izquierdas porque no quieren admitir que en Cataluña, más allá de un conflicto identitario, hay otro de cohesión social, de desigualdad”.

La batalla entre sectores soberanistas es cada vez más cruenta. El propio Rufián retuiteaba otro mensaje que habla por sí solo, con una acusación directa a los extremistas que rodean al ‘president’ Quim Torra: “He visto personajes que idolatran al ‘president’ que quieren inhabilitar por no sacar a tiempo una pancarta y se atreven a decir ‘mossen’ al vicepresidente condenado a 13 años por haber conducido al 1-O desde su consejería. No tienen decencia”. El apelativo de ‘mossen’ dirigido a Oriol Junqueras es un alias despectivo que le dedican desde los círculos más radicales de JxCAT, aludiendo al profundo sentimiento religioso del exvicepresidente catalán.

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