MASIVA CONCENTRACIÓN EN BARCELONA

El independentismo tradicional saca partido de la violencia y se presenta con cara amable

Mientras en un lado se vivía un ambiente tranquilo, una minoría de radicales provocaba el caos en Via Laietana. Comandos antisistema europeos se trasladaron también a Barcelona

Foto: Manifestantes durante los altercados de este viernes en Barcelona. (EFE)
Manifestantes durante los altercados de este viernes en Barcelona. (EFE)

La movilización independentista congregó a cientos de miles de personas. Las marchas convocadas por Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) y Òmnium Cultural desde el miércoles, que este viernes convergieron en Barcelona, lograron reunir a muchos ciudadanos. A última hora de la tarde, los independentistas hablaban de 500.000 personas (La Guardia Urbana cifró la asistencia en 520.000) congregadas en la capital catalana, además de movilizaciones en otras zonas. “Entre manifestantes de Jardinets de Gràcia, el resto de Cataluña, Castellón, Andorra e Islas Baleares, unas 2.500.000 personas en la calle”, se ufanaban.

Posiblemente esa cifra sea una exageración. Pero no hay que restarle importancia. Pese a ello, la manifestación unitaria no hizo autocrítica. La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, pidió más presión. “Tenemos que acabar lo que empezamos el 1-O”, avisó. Y, en consonancia con el discurso radical de Quim Torra, aventuró que “hemos retomado el camino, hemos contestado a la sentencia con movilización popular, pero lo ha de retomar también nuestra mayoría parlamentaria, con unidad por el proyecto colectivo, que pedimos que prioricen”. O sea: más desobediencia institucional, más leyes de desconexión y más proclamaciones de independencia. Lo dijo luego sin paliativos: “A los partidos independentistas les pedimos que si el Estado no escucha el clamor de la gente, que se preparen para poder defender y sostener una declaración de independencia en el momento que sea preciso”.

El independentismo tradicional saca partido de la violencia y se presenta con cara amable

Su colega Marcel Mauri, vicepresidente de Òmnium, desafió que “no hay suficientes prisiones para acabar con la voz de libertad” y leyó una carta de Jordi Cuixart en la que éste aseguraba: “Ni sus prisiones, ni sus humillaciones, ni sus represiones nos pararán. Lo estamos volviendo a hacer. Hoy hemos parado el país y no nos detendremos hasta haber ganado la libertad”. La misiva señalaba que “lo que en el fondo les molesta no es nuestra lucha ‘noviolenta’, ni de desobediencia civil. Les molesta nuestra simple existencia”, en alusión genérica a los españoles. O a los representantes de España. Y terminaba: “Nos querrían divididos y frustrados y nosotros nos hemos de mantener unidos y no violentos”.

A poca distancia de allí, un numeroso grupo de ultraviolentos intentaba desatar el caos en Via Laietana. Era el independentismo irracional mezclado con gotas de antisistema aportadas por colectivos anarquistas llegados de media Europa.

Los tres independentismos

En realidad, no hay duda de que la movilización ciudadana, al margen de la huelga, es digna de tener en cuenta por su masivo seguimiento. Y la manifestación de la tarde de este viernes en Barcelona puso de manifiesto una realidad: hay un independentismo pacífico que condena la violencia. Hay otro independentismo ‘noviolento’ que alaba el pacifismo, pero no condena la violencia expresamente. Y hay otro independentismo extremadamente violento, un independentismo quinqui.

Manifestantes durante los altercados que se han producido este viernes en Barcelona. (EFE)
Manifestantes durante los altercados que se han producido este viernes en Barcelona. (EFE)

Por eso, mientras en un lado se vivía un ambiente tranquilo, una minoría de radicales provocaba el caos en Via Laietana. “Esos son los de siempre, los antisistema de Europa, que han visto que Barcelona era una ciudad propensa a disturbios y han venido para aquí”, señalan a El Confidencial fuentes bien informadas. Comandos antisistema de Italia y Alemania básicamente, pero también de Francia y Grecia se trasladaron a la capital catalana. “El lunes, los disturbios fueron provocados por gente de aquí, Pero el martes ya habían comenzado a llegar desde Europa los ‘profesionales’ y se quedarán, como mínimo, hasta este domingo. ¿Si han tenido contacto con alguien? Sí, con algún partido sí han tenido contacto”, destacan las fuentes. Poco o nada tienen que ver con el independentismo estos agitadores callejeros. “La independencia es una herramienta más para ellos, para hacer lo suyo. Si mañana hay independencia, ellos continuarán igual”, advierten las fuentes.

Tsunami quiere situarse de perfil con respecto a la violencia. Por eso lanzaba la consigna a sus seguidores de que este movimiento es pacífico

Otra cosa es que a algunos círculos del soberanismo les interese mantener un ambiente tenso aunque sea a costa de mantener con oxígeno a estos comandos ultraviolentos. Por eso, mientras los violentos jugaban al gato y al ratón con las fuerzas del orden, Tsunami Democràtic , bajo la lupa de la Audiencia Nacional y del Ministerio del Interior, se afanaba por habilitar hasta una decena de nuevos portales a través de los que se pudiera acceder a la página web cerrada por orden judicial. Esta plataforma quiere seguir teniendo el control de la situación. Desde círculos bien informados apuntan a que no sólo Carles Puigdemont está detrás, sino que la diana está puesta en un alto cargo del Govern, que a menudo se ve con Puigdemont en Waterloo.

El independentismo tradicional saca partido de la violencia y se presenta con cara amable

Tsunami quiere situarse de perfil con respecto a la violencia. Por eso lanzaba la consigna a sus seguidores de que este movimiento es pacífico, pero está a favor de la desobediencia civil. No obstante, pide responsabilidades políticas por las cargas policiales de estos días y asegura que sólo el Estado español “ha utilizado la violencia y la represión para abordar este conflicto político. El Estado y las fuerzas de seguridad trabajan para fomentar y provocar la violencia”. O sea, parte de una declaración de principios antiviolencia pero utiliza unos argumentos de los círculos más radicalmente violentos.

“Ocupemos el Parlament”

De hecho, tanto a Tsunami como a la ANC y a Òmnium no les va nada mal que haya colectivos ultraviolentos. De ese modo, pueden presentarse como la cara amable del independentismo, aunque la denominada ‘revolución de las sonrisas’ no sea ahora nada más que un sueño. Para mantener una pretendida equidistancia, ese soberanismo ‘noviolento’ se niega a condenar a los violentos. Y, cuando lo hace, utiliza un lenguaje ambiguo y acusa al Estado español de ser quien fomenta la violencia.

El posicionamiento coincide, en ocasiones, con los planteamientos ultraindependentistas de colectivos utilizados por los partidos políticos y la ‘sociedad civil’ para movilizar las calles. A las 18 horas de este viernes, Anonymous Catalonia lanzaba una curiosa consigna: “Ahora mismo, la gente no tendría que estar yendo a Via Laietana, a la Jefatura Superior de Policía [donde en esos momentos había cargas contra grupos violentos] ni a [la calle] Mallorca, a la Delegación del Gobierno español. El pueblo tendría que ir al Parlament o a la Generalitat a exigir lo que le pertenece”.

Un grupo de policías durante los altercados de Barcelona. (EFE)
Un grupo de policías durante los altercados de Barcelona. (EFE)

La chispa es fácil de prender. “Ocupemos el Parlament”, incitaba el administrador de uno de los foros más potentes que hay. Otro activista se mostraba partidario de que “no hay alternativa más que la revolución”. Y añadía después: “Hay que quemarlo todo, hacer la vida imposible a todos hasta que haya una intervención exterior”. A esa hora, los CDR pedían gente para proceder a una “acampada indefinida” en la confluencia de las calles Gran Via con Paseo de Gracia. Y se pedían también refuerzos y sacos de dormir para realizar otra acampada en la autopista de La Jonquera, con el fin de mantener cortadas las comunicaciones con Francia. Poco después, desde la dirección de CDR se avisaba de que “el corte de La Jonquera en la AP7 resiste y necesitan refuerzos. Aguantemos el corte y ayudémosles llevando provisiones para pasar toda la noche”.

De nuevo el ‘mambo’

A las 8 de la tarde, Anonymous advertía también: “A partir de ahora, la gente se ha de proteger. Compañeros, llevad gafas y máscaras, sin ellas no podréis protestar por vuestros derechos”. El equipamiento era para prevenir los efectos del gas lacrimógeno de la Policía. Y la organización Arran avisaba de que “La Policía Nacional está lanzando muchos gases lacrimógenos en Via Laietana, ¿cómo contrarrestar sus efectos?: Aquí tres posibilidades: 1. Almax (cualquier antiácido) diluido con agua; 2. Coca-cola; 3. Agua con una pequeña cantidad de bicarbonato (5%)”. Otro activista porponía su remedio: “70% de agua, 30% de Almax, mezclado en un pulverizador y aplicar a la cara con la boca abierta y los ojos cerrados”.

Poco después, en la plataforma ‘L’Alerta’, en la que se centralizan los avisos ‘indepes’, se alertaba: “Batalla campal en Urquinaona. Los manifestantes se defienden de la desproporcionada violencia policial con barricadas en Urquinaona, Via Laietana. Se comienzan a formar más barricadas en Pau Claris”. Ya tenían la excusa: tras varias horas de ataques y provocaciones, habían conseguido que la Policía, por fin, cargase. En las afueras, se preparaban 600 efectivos de los GRS de la Guardia Civil, efectivos de refresco para sustituir en cualquier momento a los cansados ‘mossos’ y policías nacionales. Pero eso a los del ‘mambo’ poco les importaba ya. Ellos ya tenían su excusa para arrasar de nuevo Barcelona.

En este contexto, la convocatoria de una ‘huelga de país’ convocada por el minoritario sindicato Intersindical-CSC fue lo de menos. La convocatoria de huelga no dejaba de ser una excusa para ‘blanquear’ la actuación de piquetes que recorrían comercios y tiendas con el fin de exigir su cierre. Una huelga, por cierto, con impacto laboral mínimo (“La disminución del consumo eléctrico fue del 6,6%, significativamente menor a la de hace dos años, cuando, según datos del Gobierno [catalán] fue del 11,5%”, explica una nota oficial de Fomento del Trabajo, la gran patronal catalana).

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