Es difícil definir al grupo independentista

Una semana buscando a los CDR

Carecen de líderes y de estructuras, no están inscritos en ningún registro ni consta un censo. De sus lemas se deduce que "CDR" puede serlo quien quiera. Entonces, ¿cómo se coordinan?

Foto: Independentistas en Cataluña. (Reuters)
Independentistas en Cataluña. (Reuters)

Pronunciar las siglas CDR puede producir intimidación o emoción. Solo depende del interlocutor. La idea dominante es que se trata de grupos organizados para la guerrilla urbana que, presuntamente, ya habrían derivado en células terroristas. Los independentistas, sin embargo, los describen como un fenómeno de participación ciudadana único en Europa.

Resulta muy difícil definir los CDR fuera de los extremos propagandísticos. Carecen de líderes y de estructuras reconocibles, no están inscritos en ningún registro ni consta un censo de militantes. No hay portavoces ni cargos designados. Los mensajes que se deducen de sus lemas es que "CDR" puede serlo quien quiera. Solo sabemos que hay una célula en cada municipio y en cada barrio. Y lo sabemos, fundamentalmente, porque se reúnen cada semana en asambleas en lugares públicos o de libre acceso. Pero ¿quién coordina toda esa estructura? Ahí está el enigma.

Una solución para aclarar las diferentes percepciones que hay sobre los CDR sería preguntárselo a ellos. Pero tras las noticias del 23 de septiembre, cuando la Guardia Civil detuvo a nueve personas en Sabadell bajo la acusación de estar preparando atentados, hablar con un CDR es casi imposible. Los que alguna vez habían presumido de haber pertenecido a los comités, de repente solo estuvieron por allí una vez. Otros no querían saber nada. Muchos daban la callada por respuesta.

Varias fuentes independentistas consultadas coinciden en apreciar que los CDR llevaban tiempo de capa caída. El modelo de asamblea abierta termina apartando al ciudadano, que tiene otras preocupaciones y prioridades. Con el paso del tiempo es difícil mantener el interés de los que no están radicalmente comprometidos o convencidos. De hecho, han sido los sucesos de Sabadell y la versión difundida de que se trata de un montaje policial lo que ha vuelto a acercar a más gente a las asambleas. La descripción que más repiten sobre los CDR en círculos independentistas es que "son como fue el 15-M".

Solo hay un libro que analice el origen del fenómeno, 'El poder del poble' (Sembra, 2019) de Xavier Milian, favorable al movimiento. En sus páginas revela que el primer CDR se formó en abril de 2017 en Sant Cugat del Vallés y que antes de verano solo había dos más, en Alt Penedès y en Nou Barris. Los motivos son conocidos. Cuando se vio que las Fuerzas de Seguridad iban a impedir la celebración del referéndum del 1 de octubre, voluntarios de toda clase se organizaron para ocupar los colegios y custodiar las famosas urnas. Pero la clave vino el día después. "Entre los días 1 y 3 de octubre de 2017", nos dice Milian por teléfono, "se produjo un vacío de poder. Los líderes independentistas desaparecieron de la escena pública, los ciudadanos movilizados se quedaron sin referentes y decidieron organizarse por su cuenta".

Varias fuentes independentistas coinciden en apreciar que los CDR llevaban tiempo de capa caída

Ahí los CDR pasaron de ser de defensa del referéndum a serlo de la república. Hay fuentes independentistas que consideran que se trata de una movilización que ha crecido como reacción a las intervenciones de la justicia, que la clave está en la "D" de defender. En realidad, surgieron como fuerza movilizadora que rompió el monopolio que Omniun y la ANC habían ostentado hasta el momento. A partir del 3 de octubre, se multiplicaron por toda la geografía catalana. Se ha dicho que ha llegado a haber entre doscientas y cuatrocientas células. El perfil de cada grupo depende de la composición social del pueblo o barrio en el que esté, pero en un mismo CDR puede coincidir gente de ideología antisistema con señoras mayores que han votado toda la vida a Convergencia. Militantes de diferentes organizaciones y partidos, 'a priori' rivales entre sí. Son completamente heterogéneos, pero comparten un mismo objetivo claro: la independencia.

Hay un detalle muy relevante en el que coinciden todas las fuentes independentistas consultadas. Cuando se pregunta por quién está detrás, quién coordina los grupos, la respuesta es siempre la misma: "no se sabe". Ahí está el gran misterio. Para intentar resolverlo, acudimos a varios actos convocados en los días posteriores a las detenciones de Sabadell.

Sábado 28, Barrio de Gràcia (Barcelona), 11.00 h

El CDR de Gràcia se reúne en la Plaza del Poble Romaní. Allí hay unas pocas decenas de personas en un taller de pancartas. En su mayoría son mujeres. Hablo con un grupo de tres de ellas. Su composición da una imagen idílica del independentismo. Ninguna es catalana, una es peruana, otra mallorquina y la tercera navarra. Aseguran que no eran independentistas, pero que la deriva de los acontecimientos les hizo sumarse al movimiento. Me contestan dirigiéndose a mí en segunda persona del plural: "Estamos aquí porque tenéis a nuestra gente encarcelada injustamente".

Comento los sucesos que se repiten en los medios y niegan todo: "La violencia no es que no esté en nuestros planes, es que nunca lo ha estado". Pregunto si conocen —no quién es— a la persona que lleva la cuenta de Twitter del CDR de Gràcia, el suyo. La respuesta es que no, que no la conocen.

Sábado 28, Sabadell, 18.00 h

La convocatoria se organiza para arropar al entorno de los CDR que han sido enviados a prisión. La manifestación transcurre sin ningún incidente. En la cabecera están los familiares de los detenidos sosteniendo sus retratos. Es una marcha cansina, como el noventa por ciento de las manifestaciones, en la que se corean repetidamente consignas. En la parte delantera están las del ala más a la izquierda del independentismo.

En la Vía de Massagué la calle se estrecha. Desde la terraza de un bar, un hombre se pone de pie y se dirige a los manifestantes que le pasan por delante y por detrás: "¡Viva España y viva Cataluña!". Nadie se inmuta. Todo transcurre ordenadamente hasta la plaza del Ayuntamiento. La prensa va delante, entremedias se juntan unos chavales con petos a reunir en una bolsa las monedas y billetes que han recaudado.

Protesta en la manifestación convocada por los Comités de Defensa de la República (CDR) en las Ramblas barcelonesas. (EFE)
Protesta en la manifestación convocada por los Comités de Defensa de la República (CDR) en las Ramblas barcelonesas. (EFE)

En un escenario frente al consistorio atruena música pop y rock con letras independentistas. El acto central comienza con una actuación musical y da paso a David Fernàndez, periodista y activista, diputado por la CUP en el Parlament entre 2012 y 2015. Empieza hablando de que se ha vivido "una semana triste y negra" cuando desde una esquina de la plaza se le interrumpe con un "¡Viva España!". Fernàndez se gira hacia quien profiere los gritos y responde: "Ni os queremos ni os necesitamos". Los manifestantes contestan con "Fuera, fuera".

El discurso sigue mencionando la "excepcionalidad permanente en la que vivimos desde hace dos años". Recita 'Oda a la pacificación', de Mario Benedetti. Llama a los presentes a luchar contra la represión, pero también "contra la mentira que tenemos que escuchar cada mañana en los medios de comunicación". Entre bastidores, cuando acaba, hay abrazos. Algunos muy largos, emotivos, con alguna lágrima. Es con la tía de Adrià Carrasco, el CDR que huyó a Bruselas cuando la Guardia Civil se presentó en su domicilio para detenerle con la acusación de terrorismo y rebelión tras los cortes de carreteras.

Cruce de versiones

Preguntado por las palabras que acaba de pronunciar, Fernández responde: "Yo no sé lo que ha pasado, está en secreto de sumario, pero las experiencias que tenemos, los antecedentes, son demasiados. Me he levantado con el desmantelamiento en las noticias de Acción Radical Catalana y resulta que el bautizo del grupo se había hecho en comisaría, que nunca existió. Tres vecinos de Gracia se pasaron mil cincuenta días con una petición de diez años de cárcel y al final no hubo ni juicio. He visto el comando Dixan, la Operación Pandora, he visto Piñata. He visto que la col lombarda es un indicio de tenencia de explosivos y que un tuit sobre Goku fue presunto enaltecimiento del terrorismo. En un contexto como el que vivimos hay que ser extremadamente prudente, pero hago esta reflexión con estos antecedentes".

Le preocupa que se equipare a terrorismo cualquier tipo de protesta "no convencional" para "crear un miedo que mine el tejido social". Milian aludía a lo mismo durante nuestra conversación telefónica y señalaba que por ese motivo no son conocidas las estructuras de los CDR: "La policía graba las manifestaciones y luego en los informes policiales de los expedientes judiciales aparecen fotos y capturas de Twitter, por eso la gente no quiere ser portavoz de nada, porque te puedes ver inmerso en cualquier procedimiento de forma completamente arbitraria".

Cientos de personas participan en una manifestación en Sabadell. (EFE)
Cientos de personas participan en una manifestación en Sabadell. (EFE)

Fernàndez lleva en su móvil fotos de cruces célticas o puntos de mira que le han dedicado en el portal de su casa: "lo mismo que yo no quiero que me pase esto a mí, no quiero que le pase a Jordi Cañas".

El eurodiputado de Ciudadanos aludido, Cañas, nos atiende por teléfono desde Bruselas. Lo primero que pone en duda es la no violencia del independentismo en general. Por una parte, por la historia de Barcelona y Cataluña, que nunca han sido un ejemplo de lugares pacíficos aunque se sostenga erróneamente lo contrario, denuncia. Por otro, porque él mismo ha sufrido una agresión: "Estaba yo en un semáforo y vino un encapuchado y me tiró un bote de pintura amarilla, lo mismo que hizo eso me podría haber empujado o haberme pegado un tiro y que te echen un bote de pintura por la calle por tu opinión política para mí es violencia. Alterar el orden público, los neumáticos ardiendo en una carretera, las amenazas y coacciones, todo eso es violencia, con grados, por supuesto, están los casos extremos y los mínimos, todos ellos tipificados, pero son violencia con un objetivo político".

El caso específico de los CDR lo analiza con perspectiva. Para él son "un embrión que puede derivar en células capaces de cometer atentados como parece, y digo parece porque todavía está bajo secreto de sumario, que ha sucedido ya". La finalidad de su aparición respondería a una especie de vieja táctica izquierdista del entrismo, continúa. Hay personas que no militarían en las organizaciones radicales que ya hay, pero bajo el paraguas de los CDR se les alinea con su estrategia.

El problema fundamental, no obstante, no estaría en ellos sino en quienes desde las instituciones han promovido "la creación, la construcción del enemigo, la naturalización y deshumanización del adversario político". En estas circunstancias, "se puede llevar a algunas personas, una mínima parte, marginal de la sociedad, a asumir como propio un tipo de discurso que justifique y ampare la violencia política". Como prueba, subraya, las apariciones de miembros de ETA en los medios públicos catalanes "blanqueándolos" o el regreso a la vida pública de exterroristas catalanes condenados por asesinato, como Carles Sastre.

El asunto de la banalización del terrorismo nos lleva al despacho de Isaac Peraire, miembro de la ejecutiva de ERC, que conoce desde hace muchos años a Txevi, uno de los CDR detenidos. Nos atiende dos días después de saltar a la prensa la presunta célula terrorista. Peraire no da credibilidad alguna a la acusación: "Creo que es imposible que haya intentado eso (...) Hemos compartido espacio de militancia, es una persona que le gusta ir a las escuelas a hablar de su trabajo de guarda forestal, lo único que ha hecho es militar en el independentismo, trabajar incansablemente y le han cogido de cabeza de turco".

Lunes, 30 de septiembre. Barrio de Gràcia.

Estamos en una concentración semanal organizada por la organización Gràcia Llibertat para recordar a los líderes independentistas presos que se realiza frente a la Oficina de Atención Ciudadana. Un edificio, dependiente del ayuntamiento, que acaba de retirar la pancarta que pide la liberación de los "presos políticos" y unos lazos amarillos. El acto comienza dando gracias al vecino de la ventana de al lado que ha decidido colgarla en su lugar.

En el encuentro habla otro David Fernàndez, secretario nacional de la ANC y coordinador de Fem República, impulsor de la campaña de "Consumo estratégico", un buscador de empresas para "desligarse de los oligopolios estatales" y que presumió este verano de haber logrado 148.000 cambios de contrato en servicios de telefonía, electricidad, gas, seguros y banca. Tras sus palabras, se presenta al CDR de Gràcia como "el alma del barrio". Su aparición viene anunciada como Yo soc CDR una exposición sobre lo que ha sido el movimiento, pero no se trata de una charla, sino de una performance.

Los miembros del CDR, caras que han estado el día anterior en la asamblea y el sábado haciendo pancartas, se sientan en círculo en unas sillas. Llevan un letrero cada uno indicando una profesión. Peluquero, maestra, jubilado... Sacan un globo de tamaño balón de playa en el que se puede leer "República", se lo pasan unos a otros mientras suena una canción. Luego sale otro, en este dice "Justicia social", ahora es otra canción. En el que dice "Antifascismo" ponen 'Bella Ciao' y los asistentes se vienen arriba. Siguen con globos de "Feminismo", "Desobediencia"... acaban con un karaoke que se puede seguir en una pantalla gigante y, cuando pinchan los globos, salen de dentro de ellos lazos amarillos. La actuación acaba con un recuerdo de las cuentas para hacer donativos a las cajas de resistencia y se vuelve a leer una agenda de movilizaciones. Total, cuarenta minutos.

Las movilizaciones de CDR con un perfil como el de Gràcia coexisten con la verdadera cadena de transmisión de todas las facciones del independentismo que está en las redes sociales y aplicaciones como Instagram, Telegram u otros. Esta vía, con nexos que tienen que ver con los amigos, la familia, el trabajo o cualquier otro pretexto, trascienden cualquier tipo de siglas y organizaciones y es imposible de reflejar. Es el mar de fondo del independentismo.

Un ejemplo paradigmático está en un tuit publicado por la cuenta @CDRCatOficial el 4 de octubre. Por un lado, se invita a los ciudadanos a acercarse a su CDR correspondiente, pero por otro la consigna es "autoorganizate", "no esperes a que te digan lo que tienes que hacer". Hay una doble vertiente. Para Cañas, el hecho de que las estructuras de coordinación de los CDR trabajen de esta manera responde a "la lógica de las organizaciones que no quieren ser desarticuladas por el poder judicial o por la policía, porque la fórmula de no hacerlo es no tener una jerarquía común".

Manifestación independentista en Cataluña. (EFE)
Manifestación independentista en Cataluña. (EFE)

Sin embargo, desde el independentismo se niega que esta posibilidad, la de cruzar la línea de la violencia, pueda llegar a ocurrir. Según Perarire: "el movimiento independentista ha sido y tiene que ser pacífico, si hay alguien que cree que esto no tiene que ser así, yo no lo conozco. Si alguna vez surgiera un grupo terrorista, el 99,9% haría que desapareciera. En ningún caso creo que la sociedad catalana pudiera aceptarlo. Si viésemos a alguien preparando una bomba, no tendría que actuar la Guardia Civil, actuaríamos los vecinos".

Además, entiende que cualquier acción enfocada a la violencia es "regalarle al Estado español la equiparación de independentismo con terrorismo". Preguntado en este sentido por la foto de Puigdemont con Fredi Bentanachs, fundador de Terra Lliure, hecha pública a principios de septiembre, reitera: "Lo está regalando". Milian, directamente, dice estar seguro "al cien por cien" de que "dentro del CDR no hay nadie que defienda el tipo de violencia de la que se les acusa. "Si luego, como en cualquier otro sitio, hay alguien con problemas mentales o con este tipo de ideas, eso puede pasar en los CDR como en un partido o en una Asociación de Vecinos".

Cataluña

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