SE CUMPLEN DIEZ AÑOS DEL CASO PALAU

El hombre que levantó la alfombra del 3%: "Cataluña ha normalizado la corrupción"

Joan Llinares fue designado director del Palau de la Música Catalana tras la dimisión de Félix Millet. Nadie imaginó que destaparía las cloacas de la corrupción política en Cataluña

Foto: Joan Llinares fue director general del Palau de la Música entre julio de 2009 y diciembre de 2010. (EFE)
Joan Llinares fue director general del Palau de la Música entre julio de 2009 y diciembre de 2010. (EFE)

El 23 de julio de 2009, los Mossos d’Esquadra entraban en el Palau de la Música Catalana con una orden de registro. La burguesía catalana, o lo que es casi lo mismo, la élite empresarial y política de Cataluña, contenía el aliento horrorizada. Fèlix Millet, presidente del Palau desde el año 1990, se movía agitado esa mañana. Su teléfono móvil no paraba de sonar. Una de las llamadas fue de Artur Mas. Ese interés fue entonces pasado por alto, pero terminaría siendo premonitorio. Acababa de arrancar la operación judicial que demostraría la financiación ilegal de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) a través de la adjudicación de obra pública, de la que obtenía como contrapartida el 3% del presupuesto a modo de comisión. Ferrovial fue la empresa implicada en la trama del Palau. En su caso la comisión ascendía al 4%: un 2,5% para Convergencia y otro 1,5% para Millet y Jordi Montull, director de administración del Palau.

Joan Llinares (Alzira, 1953) es el hombre que levantó la alfombra de la putrefacción política en Cataluña hace ahora diez años. Tras la dimisión inmediata de Millet, Llinares fue designado director general del Palau de la Música el 29 de julio de 2009. Su misión: auditar las cuentas de la institución y recuperar la confianza del patronato, de los mecenas y de la sociedad. Llegó al Palau a las 8 de la mañana del 30 de julio y apenas salió de allí durante meses. Jamás imaginó que, en las entrañas de ese bello palacio modernista, punto de encuentro de la élite social catalana, encontraría una ciénaga de corrupción política, avaricia desmedida y delincuencia organizada.

Registro del Palau de la Música en julio de 2009. (EFE)
Registro del Palau de la Música en julio de 2009. (EFE)

Tras un año y medio de intenso trabajo, el 31 de diciembre de 2010, Llinares abandonó el Palau con la satisfacción del deber cumplido. Había sacudido todas las alfombras y había entregado a la autoridad judicial pruebas irrefutables para procesar tanto a la antigua dirección del Palau como a la cúpula de Convergencia. Con los primeros hubo suerte. Fèlix Millet, su mano derecha Montull y la hija de este, Gemma Montull, fueron condenados a largas penas de prisión, de las cuales apenas han cumplido unos meses a la espera del fallo definitivo del Tribunal Supremo. Solo han devuelto 5,91 millones de los 23 que saquearon.

Con Convergencia no hubo tanta suerte. Daniel Osàcar, por entonces tesorero del partido, fue el único que pagó el pato. Artur Mas ni siquiera acudió a juicio como testigo. Otra decena de altos cargos del partido de Jordi Pujol también salieron indemnes. Algunos de ellos manejan actualmente las riendas de la Generalitat y del proyecto independentista. No han dejado de gobernar en la última década, a pesar de que la Audiencia de Barcelona acreditó un desfalco de 35 millones procedentes del Palau de la Música. Otros 9,6 millones no han podido identificados, su rastro perdido para siempre a causa de la destrucción de documentos efectuada en los días posteriores al registro judicial y también por el silencio de Millet y Montull, quienes si nada cambia se llevarán multitud de secretos a la tumba.

Joan Llinares es director de la Agencia Valenciana Antifraude desde mayo de 2017.

PREGUNTA. Menudo viaje el de ese año y medio al frente del Palau de la Música.
RESPUESTA. Y fíjese que todo empieza con el registro de los Mossos para investigar una salida sospechosa de dos millones en metálico, en billetes de 500 euros, en dos remesas. Eso activó las alarmas sobre blanqueo de capitales en la Agencia Tributaria, que solicitó documentación. Desde el Palau dieron explicaciones muy extrañas, la agencia encontró dudas razonables y lo puso en conocimiento de la fiscalía. Ese es el antecedente de la entrada de los Mossos, de la dimisión forzada de Fèlix Millet y de mi llegada.

P. El consorcio del Palau le encomendó la tarea de auditar las cuentas del Palau de la Música y sanear la institución. Supongo que no imaginaban que llegaría usted tan lejos, en especial Convergencia.
R. Yo tomé la dirección del Palau de la Música con la tranquilidad de mis más de 20 años de experiencia en la gestión cultural, un ámbito que dominaba, por lo que no esperaba encontrarme con más problemas de los ya conocidos. Pero el 30 de julio de 2009, nada más entrar por la puerta a las 8 de la mañana, empezaron a sucederse las sorpresas.

P. Explique.
R. La primera sorpresa llega cuando le pido a la directora financiera que comunique a las entidades bancarias con las que el Palau tuviera cuentas que había cambios y que las cuentas quedaban bloqueadas hasta designar a los nuevos apoderados. Porque desde el registro de los Mossos d’Esquadra unos días antes nadie había hecho nada, los apoderados seguían siendo Fèlix Millet y Jordi Montull.

Cuando veo que se tarda en ejecutar esa primera orden pregunto qué ocurre, y me encuentro con la sorpresa de que existen casi 100 cuentas bancarias. Eso ya me puso en alerta. La directora financiera del Palau era Gemma Montull, la hija del director de administración. Me ponía trabas para todo. En ese momento yo no sabía que su padre y ella estaban siendo investigados, porque las diligencias judiciales estaban bajo secreto de sumario.

Fèlix Millet, Jordi Montull y Gemma Montull durante el juicio del caso Palau. (EFE)
Fèlix Millet, Jordi Montull y Gemma Montull durante el juicio del caso Palau. (EFE)

P. Millet, Montull y su hija formaban una verdadera trama delictiva.
R. A Montull me lo encuentro el primer día, el 30 de julio. Me dice que se va de vacaciones y que ya me contará cosas del Palau cuando vuelva. Yo le había pedido que me explicara la compra de un inmueble de tres millones por parte del Palau a una empresa inmobiliaria que, me habían informado, era propiedad de ellos. La operación se había hecho solo dos días antes de la entrada de los Mossos. Ese primer día también abrí la caja del Palau. Los Mossos habían acreditado la existencia de 200.000 euros en esa caja siete días antes. Cuando la abro, me encuentro solo 2.000. La secretaria del Fèlix Millet me dice que esa caja es propiedad de Millet y que se ha llevado el dinero que falta.

P. ¿Cuándo empieza a ver que la trama tiene una derivada política?
R. Ese mismo mes de agosto. Al ver tantas cosas extrañas digo "hay que hacer una auditoría forense para saber qué hay detrás de cada documento". Y entre los papeles que aparecen en agosto están unos convenios firmados con la Trias Fargas, la fundación de Convergència Democràtica [luego rebautizada como CatDem]. Es un convenio anual que suma 650.000 euros en pagos en los últimos años. El Palau le pagaba a la fundación con un objetivo genérico, que es el de realizar actividades culturales. Estudiamos estos convenios y vimos que no habían pasado por el patronato, que eran decisiones personales de Millet.

Aparecieron facturas de centenares de miles de euros. Empresas que prestaban servicios a Convergencia pero pagaba el Palau

Luego empezaron a aparecer facturas de centenares de miles de euros por parte de tres empresas que se dedicaban esencialmente a campañas electorales. Bajo epígrafes muy simples como 'mailing' realizado para promoción del Palau se habían facturado cantidades que sobrepasan los tres millones. Facturas de 90.000 euros, de 130.000. Era facturas muy simples en un papel sin ningún justificante ni informe. Prestaban servicios a Convergencia, pero quien pagaba la factura era el Palau.

P. ¿Los trabajadores del Palau lo sabían?
R. Me dijeron que no conocían esas empresas, que nunca habían trabajado para el Palau y que los conceptos de las facturas eran falsos. A esto se añade otro detalle: factura que llegaba, factura que se pagaba el mismo día. Era un indicio de anormalidad muy serio.

P. Y en estas llega la surrealista llamada de Felip Puig, hombre fuerte de Convergencia, en un episodio digno de la Cosa Nostra.
R. Ocurrió en plenas negociaciones para recuperar el dinero de los convenios firmados con la fundación de Convergencia. De repente suena un teléfono en el despacho, que antes ocupaba Jordi Montull. Había varios aparatos sobre la mesa, pero no era ninguno de ellos. El sonido venía del interior de un cajón. Lo abrí. Era un teléfono que ya había visto pero que pensé que lo tenían ahí guardado y desconectado. Descuelgo y se identifica Felip Puig. Me dice "bueno, ¿ya está claro todo lo de los convenios? ¿Ha salido algo más?". Le respondo que lo de los convenios se está negociando y que del resto no puedo dar ninguna explicación. Me quedé a cuadros.

P. Usted ha reconocido que tuvo problemas serios con Convergencia cuando empezó a sacudir las alfombras.
R. Fue al cabo de muchos meses. Una vez reformamos los estatutos y reorganizamos el Palau para garantizar la transparencia y que se eliminara el sistema de cuatro organizaciones paralelas para que hubiera una única gestión del presupuesto y un único NIF, se designó como presidente provisional a un antiguo cargo de Convergencia, José María Busquets, que lo primero que hizo fue intentar aislar mi trabajo. Ordenó al equipo jurídico que desde ese momento despachara solo con él.

Por otra parte, nada más vencer CiU en las elecciones autonómicas el 28 de noviembre de 2010, entró una nueva junta directiva al Palau en la que vi a viejas glorias de Convergencia como Jordi Sumarroca, involucrado en toda la trama del 3%, que empezaron a dificultar mi trabajo y condicionar todo lo que hacía. Por entonces yo ya había llevado toda la documentación al juzgado y estábamos viendo si el Palau de la Música se personaba no solo contra Millet y Montull, sino también contra Convergencia, el partido político que había aparecido aprovechándose del Palau y saqueándolo.

P. Cosa que no ocurrió.
R. Sí se llegó a hacer, pero luego lo retiraron. Yo, en calidad de director del consorcio público del Palau, me impuse. Ordené al servicio jurídico que ampliara la personación en la causa y acusara a Convergencia para recuperar los 6 millones de euros que se había apropiado.

P. ¿Y cómo consigue Convergencia finalmente evitarlo?
R. Pues es sencillo. Cuando Convergencia gana las elecciones, Artur Mas tiene vía libre para controlar el consorcio del Palau de la Música. Yo había avisado hacía tiempo de que el 31 de diciembre terminaban mis servicios, porque la auditoría y la reorganización estaban acabadas. Solo los mecenas me pidieron que me quedase. Insistieron en que siguiera porque había devuelto la confianza a la institución.

P. Tampoco a usted le apetecía demasiado seguir en un Palau de la Música controlado por Convergencia.
R. Así es. Sentarme en la misma mesa con Artur Mas sabiendo todo lo que sabía que había hecho en el Palau me revolvía las tripas. He aguantado muchas cosas, pero esa era imposible. Si además se añade que en la junta del Palau habían entrado personajes que ya entonces parecían vinculados a la financiación ilegal del partido por otros casos que iban saltando, pues las cosa empeoraba. Luego entró David Madí, mano derecha de Artur Mas en la confección de la estrategia comunicativa de Convergencia. Con ese panorama, seguir en el Palau era de un masoquismo total.

El Palau de la Música es una de las joyas del modernismo catalán. (Palau de la Música)
El Palau de la Música es una de las joyas del modernismo catalán. (Palau de la Música)

P. ¿La trama del 3%, cuyo episodio más simbólico es el caso Palau, es la Gürtel de Cataluña?
R. Es evidente que el 3% es corrupción institucional al máximo nivel.

Mucha gente que hoy sigue dirigiendo la política catalana debería estar en su casa o en la cárcel

P. Y aún así existe la sensación de que, todavía hoy, se pasa de puntillas por esa trama. ¿El 'procés' ha servido para blanquear a Convergencia y desviar la atención sobre la corrupción institucional en Cataluña?
R. Con esta trama del Palau y con todo lo que se ha ido destapando del 3%, mucha gente que hoy sigue gobernando y dirigiendo la política catalana debería estar apartada completamente, ya sea en su casa o en la cárcel. Pero ahí siguen.

Oriol Pujol, Artur Mas y Carles Puigdemont en rueda de prensa en Girona en septiembre de 2011. (CDC)
Oriol Pujol, Artur Mas y Carles Puigdemont en rueda de prensa en Girona en septiembre de 2011. (CDC)

P. ¿Qué siente cuando ve a los mismos rostros vinculados al caso Palau de la Música, desde Artur Mas a David Madí pasando por Agustí Colomines, hoy ideólogo de cabecera del independentismo y entonces presidente de la fundación Trias Fargas, al frente de las instituciones catalanas diez años después?
R. Mi sensación, por este caso y por el resto que hay en el Estado español, es que no hay conciencia del daño que hace la corrupción. No existe ninguna predisposición política a nivel de gobierno que se plantee seriamente luchar contra ella. Usan la corrupción para tirarse los trastos unos a otros y nada más. No hay conciencia ni en Cataluña ni en el resto del Estado y eso hace que la corrupción siga latente. Vividores, bandas organizadas en todos los partidos políticos, que se perpetúan en el poder y se enriquecen ilegalmente. Es sorprendente que no tengamos leyes específicas como en Francia o Italia.

P. No parece que Cataluña tenga unos estándares de transparencia y calidad democrática superiores a los del resto de España como se suele sugerir.
R. No, pero aquí influye el saber vender el producto. Mi tierra, Valencia, parece que sea el lugar donde hay más corruptos de España por la naturaleza esperpéntica de los personajes, pero yo vengo estudiando el fenómeno de la corrupción desde hace muchos años y no he visto diferencias sustanciales en ningún territorio de España. El sistema está estructurado de manera que se hagan adjudicaciones de obra pública en función del político de turno.

Esto además se ha ido perfeccionando hasta la perversidad más absoluta, ya hasta presumen de que los expedientes están perfectos. A Artur Mas se le ha oído decir esto más de una vez cuando se le acusa del 3%, o a Paco Camps, o a los políticos de Madrid y Andalucía. Todo está bien porque administrativamente han conseguido que sea indetectable. Pero en Andalucía y en Cataluña los 'modus operandi' son los mismos, y la mentalidad de los que están involucrados difieren muy poco. La mayor diferencia es la ideología, en la que unos juegan el papel del victimismo y de inventarse determinadas persecuciones políticas.

La única diferencia entre corruptos en España es que 'unos juegan el papel del victimismo y de inventarse determinadas persecuciones políticas'

P. ¿Quizá la sociedad catalana ha sido la más dócil de todo el Estado con su clase política?
R. En la Comunidad Valenciana o en Baleares los partidos con casos de corrupción lo han pagado electoralmente. También a nivel de España, el gobierno de Mariano Rajoy cae cuando la sentencia de la Gürtel, que condena al Partido Popular como participante, y se usa la corrupción para motivar la moción de censura.

P. ¿Y por qué Cataluña es distinta?
R. Porque en Cataluña hay una componente que acompaña a todos los procesos de corrupción que es que la ha normalizado. Su normalización, la banalización del problema.

P. Eso es gravísimo.
R. Pues esa banalización no es exclusiva de Cataluña. Solo que en unos sitios tiene más éxitos y en otros menos.

P. ¿Y a qué se debe? ¿La sociedad catalana está especialmente dormida o quizá perdona estos pecados a cambio de otros caramelos?
R. Ha habido ciertas reacciones a la corrupción dentro de la sociedad catalana, no olvidemos que la CUP impide la investidura de Artur Mas porque lo considera un corrupto. O los cambios de nombre de Convergencia, que ha hecho tantas filigranas que ya no sé ni cómo se llama. Otra cosa es que no se haya hecho la limpieza que se debería. Como que el señor David Madí esté todavía en el patronato del Palau de la Música. ¿Por qué el patronato se negó a acusar a Convergencia en el juicio sabiendo que se jugaban seis millones de euros que pertenecían al Palau? La sensación de que la corrupción aún está ahí la tengo al ver a personas con tanto poder involucradas en casos judicializados.

Manifestantes por la independencia de Cataluña sostienen el retrato de Artur Mas. (EFE)
Manifestantes por la independencia de Cataluña sostienen el retrato de Artur Mas. (EFE)

P. Usted ha sido muy duro con Artur Mas. Le ha acusado de ser la mano que meció la cuna del 3%, aunque él ha negado varias veces que Convergencia se financiara de manera irregular.
R. Pensar que un tesorero decide algo dentro de un partido [en referencia a Daniel Osácar, extesorero de Convergencia] es algo que no se cree nadie. Tenemos a Sarkozy imputado por un tema de financiación de su partido en Francia porque es el responsable político y quien toma las decisiones estratégicas. Se va a por él porque es el máximo responsable y dimite. Eso pasa en Francia y en cualquier país. Que en España sean los tesoreros los que asumen la responsabilidad penal de los casos de corrupción es bochornoso. Es un reconocimiento de que no se quieren tocar las verdaderas estructuras corruptas de las organizaciones políticas.

Que en España sean los tesoreros los que asumen la responsabilidad penal de los casos de corrupción es bochornoso

La lección que yo saqué del Palau de la Música es que los tesoreros iban a recoger el dinero y punto, pero que todo esto se negociaba mucho más arriba. ¿Cómo una empresa multinacional que construye obra pública como Ferrovial le da a un tesorero un millón entre otras muchas remesas? ¿Al tesorero? ¡Será al partido! ¿Y quién ha negociado esto en las alturas? Hay una falta de respeto hacia la inteligencia de las personas que está en el trasfondo de cómo la corrupción es asumida como parte del sistema. Es que, si no, no cuela. No entiendo cómo pueden llegar al límite de culpar a los tesoreros.

P. Más allá del trato judicial, cuya dureza se puede discutir, la imagen de muchos políticos españoles como Francisco Camps, Eduardo Zaplana, el propio Mariano Rajoy, han quedado socialmente manchadas. Sin embargo, la mayoría de líderes convergentes de aquella época siguen siendo referentes en Cataluña. ¿Qué le parece?
R. Me produce verdadera vergüenza. Es intolerable que haya gente directamente involucrada en el saqueo de las arcas públicas para beneficio propio, para alterar los resultados de la democracia, que es para lo que sirve la financiación ilegal de los partidos, para cobrar sobres... Todo esto es una vergüenza pública de la que todo el país debería estar haciendo catarsis, empezando por supuesto por Cataluña.

Fèlix Millet a su llegada a los juzgados. (EFE)
Fèlix Millet a su llegada a los juzgados. (EFE)

P. A Fèlix Millet se le atribuye el aforismo de que 'Cataluña son 400 personas, siempre somos los mismos'. Quizá esa es la raíz del problema.
R. Bueno, eso de las familias ha sido así. La política ha sido cuestión de grupos, de élites, y cuando Millet lo decía era por algo. Millet era un señor premiado y admirado por todos. Antes de la entrada de los Mossos al Palau de la Música se le iba a dar la medalla de oro de la ciudad de Barcelona, aprobada por el ayuntamiento, creo, por unanimidad. No hay más que ver el acta de la comisión que se la concedió, todas las loas que le hacían los partidos políticos. [El empresario y fundador de Convergencia, Jordi Sumarroca, vinculado a la trama del 3%, recibió la Cruz de Sant Jordi de la Generalitat en 2010].

P. ¿Cataluña ha aprendido la lección del Palau de la Música?
R. Una vez le oí a un corrupto que si lo volvería hacer y la respuesta fue "sí, y lo haría mejor". A veces da la sensación de que los casos que hemos ido destapando sirven para que mejoren las tramas y los 'modus operandi'. Que esas personas sigan ahí se debe sencillamente a que nos falta una estrategia global contra la corrupción.

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