EL ‘PRESIDENT’ DESCARTA UN ADELANTO ELECTORAL

Torra, año I: su única meta un referéndum e insiste en el relator

El eje central de su comparecencia fue arremeter contra el Estado español. Un discurso que ya comienza a ser cansino pero que en los últimos meses se ha radicaliado

Foto: Torra hace balance de su gobierno. (EFE)
Torra hace balance de su gobierno. (EFE)

Cataluña funciona y funciona mejor que España. Ésa es la conclusión a la que llegó el presidente catalán, QuimTorra, al hacer un balance del primer año de su mandato. Un mandato en el que no se aprobó ni una sola ley, pero que supuso una de las mejores etapas económicas y sociales de la historia, según el ‘president’. Pintó Torra un panorama bucólico de Cataluña, sólo ensombrecido por las ‘maniobras’ del Estado central contra sus libertades y por un déficit fiscal insostenible, que evita que las mejoras macroeconómicas lleguen a los ciudadanos de a pie.

Torra no se privó en cargar sobre los hombros del Estado todos los males que afectan a Cataluña, afirmando que no sólo ha cumplido todas “las injustas imposiciones en cuanto a déficit público, deuda pública y control de gasto”, sino que exporta más nunca, crea más empresas que nunca y bajó su paro del 23% en 2013 al 11,5% en el 2018, “cuatro puntos por debajo de la media del Estado español”.

El eje central de su comparecencia fue arremeter contra el Estado español. Un discurso que ya comienza a ser cansino pero que en los últimos meses se ha radicaliado tomando prestadas expresiones, calificativos y posicionamientos de los círculos más ultras del independentismo. Así, el ‘president’ llegó a decir que “nosotros no marchamos de donde hemos estado siempre: en la reclamación de un referéndum, una negociación política bilateral con Gobierno del Reino de España con la figura de un relator en medio”. También denunció una ‘conspiración’ de Estado “para evitar que haya un alcalde independentista en Barcelona”.

El presidente catalán durante su intervención. (EFE)
El presidente catalán durante su intervención. (EFE)

Torra no ahorró críticas hacia el Estado. “Venimos lejos de un año lejos de la realidad. Nuestra referencia es el referéndum de autodeterminación. Pero luego hubo la declaración de independencia del 2017, la aplicación del 155 y el desmantelamiento de la Administración de la Generalitat. Más tarde, mi Gobierno no pudo tomar posesión [había nombrado consejeros a presos y fugados, por lo que no podían tomar posesión] y el ciclo acaba hoy con la acusación de la Fiscalía, que es un relato magnífico de la judicialización de la política”.

Avisó de que “la represión continúa hoy” y se refirió a las diligencia que sigue el juzgado de instrucción número 13 de Barcelona de Barcelona y recuperó el tono mitinero calificando el proceso en el Supremo de “juicio farsa”, el calificativo que le dan los círculos más radicales y supremacistas del soberanismo.

Las consignas del manual

El ‘president’ aseguró que “este año acaba con la acusación de la fiscalía, con un juicio que no se debería haber producido. La fiscalía tenía hoy una oportunidad de oro: pedir liberación de los presos políticos como pide la ONU. Ella, la Fiscalía, es la garante de la libertad y no lo ha hecho. Denunciaremos esto en todos los lados, denunciaremos este ‘juicio farsa’. Defenderemos los derechos de los compañeros presos o en el exilio. El Govern, los partidos políticos que defienden el derecho a la autodeterminación y el pueblo de Cataluña que quiere la libertad daremos respuesta a una sentencia si no es absolutoria”. Ni referencia, en cambio, a la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) que acusa al independentismo de violentar los derechos políticos y civiles de la mayoría de catalanes.

En otro momento de su comparecencia, Torra dejó muy clara cuál es su visión de la realidad: “Por amor de Dios, todos sabemos quiénes fueron pegados el 1-O. Ante este escrito surrealista [del fiscal] y falto de toda la verdad objetiva, no puedo más que estar en contra y lamentar que no se atiendan los requerimientos que desde organismos como la ONU se están haciendo al Gobierno de España”.

También tiró de manual para asumir las consignas del independentismo más radical: “Si votar es delito, yo soy culpable”, clamó. Luego, acusó al Estado español de tomarse la venganza con el juicio y de vulnerar la legalidad internacional. “Todos los estándares democráticos del Estado español están bajo mínimos”, añadió. Por ello, pidió a Pedro Sánchez “que vuelva a la mesa de diálogo. Por un lado, tenemos el derecho del pueblo de Cataluña para autodeterminarse que defendemos nosotros. Pero en el otro lado no sé lo que quieren. Yo no sé qué quiere el Gobierno de España para Cataluña. Lo desconozco”, criticó.

También tiró de manual para asumir las consignas del independentismo más radical: “Si votar es delito, yo soy culpable”, clamó

En este sentido, afirmó que tuvo dos reuniones con el Gobierno central: una, en la Moncloa y otra en el Palacio de Pedralbes (en diciembre pasado). “Tuvimos negociaciones y eso hizo que se pudiese plantear cómo avanzar en el diálogo efectivo con la figura de un relator, garante de la neutralidad y la transparencia. Pero no fue posible seguir adelante porque alguien se levantó de la mesa y no fuimos nosotros”. Detalló, eso sí, que el único diálogo posible que haya con el Gobierno central ha de ser sobre cómo hacer un “referéndum de autodeterminación”.

La culpa, del Parlament

Fuera de la crítica política, presentó un panorama edulcorado de la situación política y social de Cataluña, presentándola como un país dialogante tanto interna como externamente. Subrayó en este punto que no sólo el paro bajó espectacularmente, sino que la creación de empresas creció el 4,1% en el último ejercicio (actualmente, hay 630.020 empresas), la producción industrial lleva cuatro años subiendo y las exportaciones crecen por octavo año consecutivo. Al margen de ello, alabó la “gestión rigurosa de la Generalitat”, que logró situar el déficit público en el 0,44%, así como controlar la deuda pública y sujetar la regla de gasto “a pesar de las imposiciones injustas”.

Y no sólo eso: la inversión extranjera, catalogada por quinquenios, ha llegado hasta los 4.600 millones de euros, con un aumento del 45% respecto al anterior quinquenio. Pero a falta de actividad legislativa y gestión, echó balones fuera y puso la responsabilidad de todo en el Parlamento.

Torra durante su discurso. (EFE)
Torra durante su discurso. (EFE)

“Desde el Govern hemos enviado 21 leyes al Parlamento para su tramitación. De ellas, siete son proyectos de ley y el resto, decretos ley. Eso es lo que hemos hecho desde el Govern. Otra cosa es lo que el Parlament aprueba en su momento”, subrayó. Esta presunta actividad, no obstante, tiene trampa: poco antes, había destacado que su gobierno había aprobado “24 normas con rango de ley y 11 menores preliminares”. Sin embargo, se había referido a las leyes pendientes como las que se han de recuperar por haber sido suspendidas por el TC. De ellas, hay 4 en trámite parlamentario: la de Igualdad, de Consumidores de Cannabis, de Comercio y Ferias y la de la Ponencia de la Generalitat 19/20. Otras 8 son leyes recuperadas, entre ellas el Impuesto de Grandes Superficies y el de la Agencia de Ciberseguridad. Y hay dos que están pendientes del Constitucional: la de la Agencia Catalana de Protección Social y la del Cambio Climático.

Con ello, Torra rechazó que su Gobierno sufra de parálisis, tal y como le recriminan desde muchos sectores políticos y económicos. “Cataluña está liderando todos los rankings”, se ufanó.

Con ello, Torra rechazó que su Gobierno sufra de parálisis, tal y como le recriminan desde muchos sectores: “Cataluña está liderando los rankings”

Pero sí hubo una novedad en su discurso: contrariamente a lo que siempre sostuvo desde que llegó a la Generalitat, Torra afirmó algo inusual: “No me sentí nunca un presidente provisional. Soy ‘president’ con todas las consecuencias”. Además, subrayó que “Carles Puigdemont continúa siendo ‘president’ y ha decidido ahora que para internacionalizar el conflicto y dejar patentes los anhelos de libertad del pueblo de Cataluña, decidió que ha de hacerlo desde el mismo corazón de las instituciones europeas. Y yo le apoyo”.

Por último, quiso despejar dudas y afirmó que “no tengo intención de convocar elecciones. Esta es una legislatura hasta la Constitución catalana con un punto de inflexión: la sentencia. Por eso abro una ronda de contactos para ver cuál ha de ser la unidad estratégica de este país”.

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