De los Mossos al Síndic de Greuges

Torra pone fin a la crisis de los lazos a costa de debilitar a la Generalitat como institución

Los gestos de Torra han resultado muy caros. Incluso para JxCAT, ya que primero se alimentó entre sus seguidores que la desobediencia era posible y ahora tienen que recular

Foto: Momento de la retirada de la pancarta del Palau. (EFE)
Momento de la retirada de la pancarta del Palau. (EFE)

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha dado su brazo a torcer. Se ha impuesto el imperativo legal en la crisis de los lazos. Retirada vergonzante después de una semana alardeando de lo que ni podía ni debía presumir. El precio de haber estado así durante más de una semana ha sido largo: la consellera de Presidència, Elsa Artadi, ha quedado como una mentirosa; los Mossos se han mostrado más distantes de la Generalitat de lo que ya habían quedado tras la declaración de Josep Lluís Trapero ante el Tribunal Supremo; y el Síndic de Greuges ha sufrido un mayor desprestigio, ya que Torra no siguió su recomendación sino que se ha doblegado a la presión de la Fiscalía. La Generalitat como institución sale mucho más débil tras esta crisis.

Los gestos de Torra han resultado muy caros. Incluso para JxCAT, ya que primero se alimentó entre sus seguidores que la desobediencia era posible y estos ahora ven con tristeza cómo incluso en lo simbólico, la Generalitat y el independentismo tienen que recular. Torra ha escogido mal el territorio para la precampaña y ha salido escaldado.

Estaba claro que jugarse la inhabilitación de un presidente de la Generalitat por un lazo en un balcón no era muy inteligente. Sus socios en el Govern así se lo plantearon, pero no lo dijeron en público. Torra persistió en su entorno cerrado de periodistas radicales y tuiteros. Y ha resultado una catástrofe política.

La unidad del Govern también sale tocada. De manera sutil, el primer edificio en retirar los símbolos y lazos fue la conselleria de Economía, donde manda el vicepresidente catalán, Pere Aragonès, líder de ERC. Nada sutil. Los republicanos se desmarcaban del 'torrismo', si es que este existe. Incluso en el PDeCAT había disensiones, pues se consideraba que la polémica de los lazos no les aportaba nada, solo les restaba. Ni el conseller de Interior, Miquel Buch, quería ver la foto de los Mossos retirando la pancarta de la fachada del Palau. Sabía que eso le debilitaba muchísimo. El presidente del Parlament, Roger Torrent, lo dejó muy claro cuando salió de visitar a los presos: "El problema no son los lazos". Justo lo contrario de lo que llevaba planteando Torra desde hace más de una semana.

Por tanto, el precio institucional de la apariencia de rebeldía que ha querido representar estos días el presidente de la de la Generalitat ha sido altísimo y para nada.

Consecuencias

Tras las crisis, queda lo de siempre. En España, cuando fracasa la política, florecen las querellas. Y, así, Torra ha anunciado un recurso por la vía del contencioso administrativo contra la Junta Electoral central y también una querella por prevaricación. Eso sí, con dinero público de todos los catalanes. Por su parte, la Fiscalía General pide encausar a Quim Torra por no haber retirado los lazos dentro de los plazos marcados por la Junta Electoral. No se especifica el delito, pero presumiblemente será desobediencia.

La última vez que políticos catalanes fueron acusados de desobediencia fue por el intento de declarar Cataluña independiente por la vía unilateral. Ahora, ha sido por la decoración de un balcón. Algo se avanza.

Cataluña
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