ante el comienzo del juicio del 'procés'

Máxima tensión entre Junqueras y Puigdemont: "Se está dividiendo a la gente"

La otra gran grieta es la personal: no hay un líder independentista que suscite consenso. Ni intelectual ni políticamente existe un abanderado con carisma que capitanee el 'procés'

Foto: Fotografía de archivo de Oriol Junqueras (i) y Carles Puigdemont. (Reuters)
Fotografía de archivo de Oriol Junqueras (i) y Carles Puigdemont. (Reuters)

Alta tensión entre independentistas. Avisos, amenazas encubiertas y críticas subidas de tono entre los principales dirigentes soberanistas han desatado todas las alarmas. Los reproches mutuos entre Junts per Catalunya y ERC no cesan. El ‘expresident’ Carles Puigdemont deja entrever que, en cuanto pase el juicio por los hechos del 1-O, hablará, en lo que parece ser una velada amenaza a su hasta hace poco compañero y ahora parece que enemigo acérrimo, el republicano Oriol Junqueras.

El independentismo catalán se articula hoy entre dos grietas fundamentales y críticas: la primera es la de la unidad de acción, que lleva a cada partido a aplicar estrategias contrarias. ERC es una formación de indudable raíz republicana y de izquierdas, que juega con el posibilismo y que se muestra más proclive a aplicar las reglas de juego democrático; además, su hoja de ruta no pasa por la unilateralidad y sí por el ensanchamiento de la base social favorable a la secesión. JxCAT es el independentismo neoconverso y radical que quiso comerse el terreno tradicional de ERC por la vía rápida y fácil. Consiguió convencer a los suyos de una hoja de ruta extrema y ahora juega sus cartas intentando camuflar las contradicciones internas de un sector que no comulga con la unilateralidad con el posicionamiento de Puigdemont y su círculo más cercano, que sí están por la unilateralidad y la ruptura a cualquier precio. Mientras, la CUP sigue su estrategia rupturista y anticapitalista tradicional, sin apenas cambios en la apuesta por la desobediencia y el activismo callejero.

La otra grieta es la personal: no hay un líder independentista que suscite consenso. Ni intelectual ni políticamente existe un abanderado con carisma que capitanee el ‘procés’. Y ello da pie a que el sector soberanista sea un corral con demasiados gallos. El ego de unos choca con el ego de otros y eso imposibilita una ruta conjunta de todas las formaciones implicadas. La asunción de responsabilidades en la última etapa del ‘procés’ es una muestra del talante de cada uno de los líderes, de sus congruencias y de sus prioridades.

Cierto que en un mensaje dirigido a los suyos este martes, Junqueras fue muy claro y dijo lo que muchos dirigentes de su partido ya llevan pregonando en privado hace muchos meses: mientras Puigdemont está huido en Bélgica viviendo a lo grande, él se encuentra recluido en una celda carcelaria. “Yo me quedé en Cataluña por sentido de responsabilidad hacia mis ciudadanos. Sócrates, Séneca o Cicerón tuvieron la posibilidad de huir y no lo hicieron”, dijo el líder de ERC en una entrevista al diario francés ‘Le Figaro’.

Reproches mutuos

Su cordial enemigo no tardó en saltar desde Waterloo. “Todos sabemos dónde estábamos y lo que hicimos. Yo siempre he dicho que tendré paciencia hasta la sentencia. Después, cada uno explicará lo que tenga que explicar”, advirtió Puigdemont en lo que parece una velada amenaza. Desde las filas republicanas consultadas por El Confidencial, lo tienen muy claro: “¡Que hable!”, retan.

La batalla dialéctica es un fiel reflejo de la situación política, aunque la interpretación varía según quién lo cuenta. “El objetivo de ERC es liderar el proceso independentista por encima de todo. No les importa la unidad de acción. Y Puigdemont juega sus cartas como puede”, advierten desde las filas de Junts per Catalunya (JxCAT). El principal reproche que se hace desde Waterloo a los republicanos es que su negativa a aceptar candidaturas unitarias independentistas en las próximas municipales ha dinamitado el frente soberanista.

En Esquerra, las sensaciones son muy diferentes. “Da la sensación de que todo se lo toman como una cuestión personal y no es así. Los dirigentes de ERC siempre han sido muy escrupulosos en sus declaraciones públicas y jamás han criticado a nadie. Junqueras ni siquiera habló de otro partido al que reprender. Pero, en cambio, son ellos los que continuamente hablan de ERC. Nosotros llevamos una línea clara y no competiremos en ese campo. No bajaremos al fango de los reproches”, explican a El Confidencial fuentes republicanas.

En las filas del PDeCAT existe división de opiniones. El pulso que Puigdemont echa a su partido para que se integre en la recién creada Crida añade tensión a la tensión. “El partido está en una actitud seguidista de Puigdemont. Quiere salvar sus muebles y no está en ningún sitio. Hay una profunda crisis interna y no existe autoridad. Por si fuera poco, las espadas con ERC están en alto por primera vez en mucho tiempo. Y tanto unos como otros están cometiendo un error estratégico de bulto. Lo único que hacen es dividir al electorado y confundir a la gente. La unidad de acción ya es historia”, dice a este diario un alto dirigente del PDeCAT.

Reconocen en esta formación que “Puigdemont es consciente de que, en cuanto pase el juicio, él será el único altavoz significativo del independentismo. Pero, mientras tanto, con el juicio en ciernes, hay una inflación de mensajes independentistas”.

Una cortina de humo

Desde el partido republicano lamentan que la situación de tensión que existe dentro de JxCAT y del PDeCAT se traslade a la relación con sus socios de gobierno. “Para hablar con propiedad, tendríamos que hablar de división en el espacio heredero de CiU. Las peleas entre ellos acaban derivándose hacia las relaciones con ERC. Pero todo es una estratagema para tapar sus propias batallas. Cuando tienes a tu partido en descomposición, lo mejor que puedes hacer es crear una cortina de humo para tapar esos problemas internos, y parece que esa es la situación que vivimos ahora”, lamentan los republicanos.

No hay que olvidar que la cruenta batalla entre JxCAT y ERC es solo similar a la que se vive internamente en el PDeCAT o entre este partido y su reflejo parlamentario, JxCAT. “Están a matar. La situación en el grupo del Congreso es tal que hay diputados que no se hablan con sus compañeros de candidatura. Y en el Parlament, se comportan como se comportan”, explica una fuente.

En el bando de los posconvergentes, se lamentan de que “ERC no está por la labor de la unidad independentista y, por eso, no es factible en la actual situación un frente unitario”. Esa es, precisamente, la baza que quería jugar Puigdemont, forzando listas únicas a las elecciones municipales y europeas. Pero ERC está hasta la coronilla de supeditar su estrategia, su hoja de ruta y sus intereses a los de Puigdemont.

Ni siquiera en el PDeCAT lo ven tan claro como el fugado en Waterloo. “Es verdad que lo ideal sería repartirse el pastel independentista. Pero si quieres repartir ese pastel, antes tienes que comprarlo. Y hasta ahora no hemos podido comprarlo. Tenemos un Gobierno que no gobierna. El ‘president’ [Quim] Torra mete las narices donde no debe y comienza a hablar de que en Barcelona ha de haber una candidatura única en las municipales. ¿Quién es él para hablar de candidatura única en Barcelona? ¡Que se dedique a gobernar, porque es el presidente de la Generalitat! Y es de la Generalitat de la que tiene que hablar. Solo a partir de un buen gobierno se puede alcanzar una mayoría social, pero para eso ha de haber buenas acciones. Se ha de gobernar para la gente. Para todos, no para unos solo. Lo otro es dividir la sociedad. Cuando se divide, luego cuesta recomponer”.

La situación, reconocen desde todos los lados, puede pasar factura “al independentismo en general”. Subrayan que “esas actitudes de reproches y de desconfianzas” harán perder votos al soberanismo. Y, además, se habla continuamente de la república, como si eso fuese la panacea. “¿Y eso qué quiere decir? ¿Qué es la república? ¿Qué hay detrás? Nadie lo sabe ni nadie lo dice. Esa posición estratégica lleva a la ciudadanía a la desconfianza”. En definitiva, la máxima tensión que se acumula en las costuras del soberanismo “pasará factura a los independentistas. Y la pasará a todos, no a los de un lado o los del otro”.

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