TORRA COPIA A estonia y a LOS países balcánicos

La 'vía eslovena' no es una locura: así se está aplicando en Cataluña

El independentismo ha ido desplegando una hoja de ruta copiada de varios de los países europeos que se independizaron durante las últimas décadas

Foto: Foto: Reuters.
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Cuando los independentistas catalanes pusieron sobre la mesa los Balcanes como ejemplo a seguir para consumar su posible separación de España, ya tenían un plan milimétricamente trazado que intenta reproducir circunstancias políticas y sociales para forzar la ruptura. La visita del ‘president’ Quim Torra a Eslovenia hace dos semanas –se entrevistó con el presidente de aquel país, Borut Pahor, y con Dejan Zidan, presidente del Parlamento)- fue la visibilización de la apuesta catalana.

Sus socios de ERC se desmarcaron del guiño de Torra aduciendo que, para la independencia de Cataluña, no vale la vía eslovena ni la vía escocesa: solo vale la vía catalana. Pero lo cierto es que el independentismo en general ha ido desplegando una hoja de ruta copiada de varios de los países europeos que se independizaron durante las últimas décadas.

Uno de los ejemplos a seguir es Estonia, en cuya concepción de país se inspiran en estos momentos para crear la ‘república digital’. Los independentistas apuntan a que la pequeña república báltica tiene accesibles por internet el 99% de sus servicios. Por tanto, concluyen, “no hace falta una administración física para poner en marcha la república”. Y van más allá al afirmar que el Consell de la República, el órgano que preside el fugado Carles Puigdemont, está basado en la idea de la administración virtual estonia.

“En Estonia se creó en 1990 un congreso similar al Consell de la República, que tuvo como principal función redactar la Constitución. En 1992, se independizó. Hoy, Estonia tiene la administración digital más avanzada del mundo. Podemos aprender de Estonia”, explican en un documento los círculos radicales.

Y, al igual que los estonios, los independentistas catalanes quieren aprovechar el ejemplo de aquel país para separarse de España sin tener en cuenta a los que se sienten españoles. Se trata de una ruptura radical y excluyente, aunque fracture a la sociedad catalana. Para ello, se inspiran en el Congreso de Ciudadanos Estonios, creado sin la participación de los estonios rusos y dejando de lado a estos. Aun así, no tienen en cuenta que la situación de Estonia está a años luz de la de Cataluña, ya que allí la inmensa mayoría de la población estaba alineada con las tesis separatistas.

El espejo de Yugoslavia

Pero el independentismo también mira hacia los Balcanes. Según los soberanistas, Slobodan Milosevic, el máximo dirigente de Yugoslavia, fue derrocado por un Grupo de Resistencia Civil No Violenta (RCNV) llamado Otpor! Este grupo estaba formado por “jóvenes que se dedicaron a estudiar las técnicas de la no violencia descritas por Gene Sharp, a organizarse y a aplicarlas con rigor”. De esa manera, consiguieron “alinear a la sociedad y a unos cuantos medios de comunicación”. Las tácticas de Sharp ya han sido estudiadas y aplicadas en Cataluña durante los últimos años.

En la independencia eslovena, no obstante, hubo una guerra con Serbia que causó casi un centenar de muertos y obligó a la UE a intervenir. Tampoco se tiene en cuenta que las circunstancias políticas y sociales de ambas situaciones eran muy distintas: para empezar, Yugoslavia era un Estado en descomposición. Por si fuera poco, no era un país democrático. Y, además, Eslovenia y Serbia habían sido naciones separadas que se juntaron circunstancialmente hace unas décadas. También hubo una circunstancia especial: los 18 partidos existentes se alinearon con las tesis independentistas para hacer frente a Milosevic.

Un punto clave de esa campaña fue la creación de un símbolo fácilmente identificable “que les daba prestigio. Este símbolo los definía como miembros de la organización e implicaba el uso de las técnicas de los grupos de la no violencia”. En Cataluña se ha comenzado a buscar un símbolo similar, ya que el lazo amarillo se considera una grafía ya ‘amortizada’ y demasiado ‘quemada’, al identificarse de manera especial con la situación de los ‘presos políticos’ exclusivamente. Algunos de los esbozos de ese nuevo símbolo representan las siluetas de cuatro brazos con las manos abiertas, en un gesto de solidaridad y resistencia, con una estrella de cinco puntas. Todo en color amarillo sobre fondo negro. Ese símbolo, según las previsiones, debería ser marca distintiva de las grandes manifestaciones pacíficas, que son una parte de la puesta en escena para presionar al Estado español.

Provocar al Estado

Paralelamente, la Administración autonómica actúa basándose en la estrategia de los hechos consumados: tanto el Gobierno catalán como el Parlamento aprueban decretos o leyes que saben perfectamente que son inconstitucionales. La intención es provocar al Estado y desgastarlo. De esa manera, además, intentan armarse de argumentos y razones para justificar cualquier acción de insubordinación y de vulneración de las leyes en el futuro, otorgando a la 'ley catalana' (inconstitucional) un rango superior a la propia Constitución. La doble pinza entre acción institucional y social (con la movilización en las calles a través de partidos políticos y entidades cívicas) es una de las particularidades que Cataluña (o los responsables del ‘procés’) han copiado literalmente de Eslovenia.

Las explicaciones de los círculos radicales sobre el asunto no dejan lugar a dudas: el ‘caso catalán’ ha de caminar por la misma senda que Eslovenia si quiere tener éxito. En un escrito interno de los círculos radicales al que ha tenido acceso El Confidencial se señala que los recientemente creados Grupos Autónomos de Acción Rápida (GAAR) “no han inventado nada nuevo, sino que son grupúsculos de individuos (sic) que efectúan acciones tipo guerra de guerrillas, es decir, una sola persona puede ser un comando y puede efectuar acciones por su cuenta”. Señalan, asimismo, que los GAAR “captan a sus integrantes por medio de Instagram (tiene una cuenta creada) y desde allí se indican consignas sobre qué pueden realizar y qué afecta al enemigo (en este caso, el Estado español)”.

A continuación, indican que “no son militares, son personas como tú y como yo, que pueden ayudar a parar una autopista o simplemente motivar una concentración. Su espíritu es completamente pacifista”. Según el escrito, “esto cuadra con lo que hizo Eslovenia en su día. Conocedores de que el Ejército yugoslavo era muy superior y de que lo iban a mandar, creó unidades paralelas para poder defender (nunca atacar) el territorio, perjudicando el avance de las tropas enemigas. El resultado fue muy claro: el pueblo, con esa estrategia, consiguió que, en 10 días, Yugoslavia diera marcha atrás y tuviera que firmar el acuerdo de independencia”.

Las herramientas particulares de los ‘indepes’

Los radicales añaden su particular visión a la cuestión catalana, afirmando que España no puede enviar el Ejército a Cataluña porque sería expulsada de la UE, lo que motivaría que no pudiese ser rescatada y entraría en ‘default’. Esta situación se vería agravada por la intención de los separatistas de “bloquear las exportaciones de España, bloquear los pagos a Hacienda, etcétera”, porque estas “son herramientas que hacen más daño que una guerra”, ya que “hoy en día, las guerras son económicas y en Cataluña tenemos una gran bomba atómica llamada bloqueo”. En el actual escenario catalán, pues, los independentistas conciben a España como una Serbia maniatada, intentando hacerla aparecer ante la opinión pública internacional como un “Estado fascista” y transformando la realidad en una imagen grotesca de un enemigo que ‘aplasta’ a Cataluña y que ha prohibido las libertades de expresión, reunión, manifestación u opinión.

La última particularidad que se aprovecha de las lecciones de los Balcanes es que el proceso ha de ser escrupulosamente pacífico. Ello no quiere decir que no pueda haber grupos, como los CDR o los GAAR, que incidan más en el sabotaje o la algarada callejera, mientras que el pacifismo de brazos caídos se deja para los partidos tradicionales y las entidades cívicas como la ANC y Òmnium.

Solo con ese reparto de tareas se puede tener éxito. Porque, como afirman los propios independentistas, Erica Chenoweth realizó un estudio empírico sobre las revoluciones civiles entre 1900 y 2006. Su conclusión es demoledora: “En porcentaje, de todas las revoluciones, las no violentas consiguieron el doble de éxito que las demás”. La conclusión de Chenoweth es que “si el pueblo se une, obligará a los partidos y a las entidades a seguirlo”. Y ese es, precisamente, uno de los lemas de los independentistas, que proclaman insistentemente que “el pueblo manda, el Gobierno obedece”.

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