El soberanismo se divide en la calle

La Generalitat se desentiende de los CDR y de la CUP que quedan dejados a su suerte

La legislatura de Quim Torra contaba con la movilización en la calle, con la CUP y con los CDR. Pero el 'president' activista se quedó en la Casa dels Canonges sin ir a la manifestación

Foto: Vista del corte que grupos independentistas han realizado en la AP-7 a la altura de L'Ampolla (Tarragona). (EFE)
Vista del corte que grupos independentistas han realizado en la AP-7 a la altura de L'Ampolla (Tarragona). (EFE)

El 21-D ha quedado marcado por dos manifestaciones pacíficas: la de la mañana de Òmnium y la de la tarde, de la ANC y Òmnium: la dos masivas y sin incidentes. Las dos teledirigidas por la Generalitat. Pero desde ayer, en el Palau se han cortado amarras con los CDR y la CUP, que se han quedado solos en las expresiones más violentas contra el Consejo de Ministros en Barcelona. Cortocircuitado Quim Torra, a la vanguardia revolucionaria de agitación callejera independentista se le ha dejado descolocada y con un saldo de 16 detenidos. Nadie gritó ayer "Els carrers seran sempre nostres". Ahora ya no se sabe de quién es la calle en Cataluña.

La legislatura de Quim Torra contaba con la movilización en la calle, con la CUP y con los CDR. Torra nombró a la CUP los "vigilantes" de la construcción de la República y lo hizo en sede parlamentaria. Torra explicó sus planes en el TNC el pasado mes de septiembre y allí aseguró que toda la ruptura dependía de la movilización de la gente. Pero ayer por la tarde, en la gran manifestación, Torra estuvo ausente. El presidente activista se quedó en la Casa del Canonges, el palacio anexo al Palau que sirve de residencia oficial del 'president'. No olvidemos tampoco su famoso "apretad, apretad", dicho en público a miembros de los CDR. Ayer se acabó con todo eso.

El jueves desde la Generalitat ya se dieron pasos para quitar hierro a las movilizaciones. Se anunció que la Generalitat no secundaba el paro del sindicato independentista —el mismo se ha convertido en irrelevante— también que Torra ni ningún 'conseller' iría a la manifestación. Por último, se desconvocó la huelga de hambre de los presos. Así, desde el soberanismo más institucional se daban pasos atrás y se potenciaban las movilizaciones más ordenadas y previsibles con la complicidad de la ANC y Òmnium.

Eso ha dejado a los CDR y a la CUP huérfanos. Con los Mossos comprometidos y desplegados, los CDR no han podido paralizar Barcelona. Ni tampoco impedir el Consejo de Ministros. En diversas ocasiones, los manifestantes de perfil más típico del independentismo —edad avanzada, clase media— se han enfrentado a los miembros de los CDR que estaban intentando organizar barricadas o provocar a la policía. Pilar Rahola, siempre fiel guardiana del 'procés', calificó en TV3 de "infiltrados" a los CDR violentos. Hubo 35 mossos heridos.

El propio lema de la manifestación de la tarde, muy multitudinaria, era "Tumbemos el régimen". Una manifestación contra el régimen del 78. Ni contra Sánchez, ni contra Madrid, ni contra los jueces. Una protesta contra el Régimen del 78. Algo etéreo, abstracto, capaz de poner de acuerdo a mucha gente. Pero poco más. Ha servido para reunir a 40.000 personas, según la Guardia Urbana.

Mossos d'Esquadra frente a simpatizantes independentistas, que protestan en Vía Laietana. (EFE)
Mossos d'Esquadra frente a simpatizantes independentistas, que protestan en Vía Laietana. (EFE)

Fracaso de la CUP

La pretensión revolucionaria de la CUP se ha estrellado contra el Estado. Una cosa son los votos de la CUP, una cifra muy relevante, y otra su capacidad de movilización en la calle. Y más cuando estaba claro desde el principio que no iba a ser gratis. Y que los Mossos estaban decantados del lado del Estado. La Generalitat le ha demostrado a Pedro Sánchez que controla la calle, pero que ese control solo es parcial. Que hay una parte de radicales que quedan fuera de cualquier tutela y que no responden ante nadie.

La Generalitat tenía que demostrarle a Pedro Sánchez que era capaz de controlar la calle, pero eso ayer solo lo ha hecho de manera parcial

El líder de la CUP Carles Riera señaló tras la manifestación "que se han cumplido todos nuestros objetivos: que fuera una movilización pacífica y que si se celebraba el Consejo de Ministros se hiciese en un clima de excepcionalidad política. Si el Consejo de Ministros viene a Barcelona hacen falta 9.000 policías. Impotencia política y potencia represiva". Pero lo que ha visto todo el mundo es como las "tietes" de la ANC se han enfrentado en la calle a los típicos encapuchados "cupaires". Y mientras, el Consejo de Ministros se celebró sin problemas. Eso sí, la CUP ha aguantado diversas cargas policiales en la capital catalana.

Sin motor

La Generalitat ahora se desmarca del sector más radicalizado de las movilizaciones, que hasta ahora habían sido los motores del soberanismo en la calle. Ha pasado meses coqueteando con ellos para intentar un otoño caliente que le quedó tibio. Torra era el hombre para eso. Con Torra desplazado del primer plano, los CDR y la CUP quedan huérfanos de un paraguas administrativo, político y representativo.

La previsión sería que estos órganos basados en el anonimato y la acción política más radical —unas 300 personas en Cataluña— fueran perdiendo protagonismo en la política catalana. Pero esto es Cataluña. Nunca se sabe.

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