PRIMER CONGRESO INTErnacional en caspe

Los mitos medievales del 'procés': "Siendo republicanos no deben celebrar Sant Jordi"

Los medievalistas más prestigiosos de España confirman que Cataluña no tiene un mayor pedigrí democrático que Aragón o Valencia y piden a los políticos que no usen la historia

Foto: La periodista Txell Bonet, pareja del presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, coloca una rosa amarilla el día de Sant Jordi. (EFE)
La periodista Txell Bonet, pareja del presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, coloca una rosa amarilla el día de Sant Jordi. (EFE)

La Sociedad Española de Estudios Medievales (SEEM) ha celebrado en Caspe (Zaragoza) su primer congreso internacional con el tema 'parlamentarismo medieval' y tiene una mala noticia para el soberanismo catalán: no hay ningún indicio histórico que permita afirmar que Cataluña tiene una mayor sensibilidad hacia los derechos civiles y la democracia o una mayor disposición para pactar en lugar de imponer que lugares como Aragón, Valencia o León. Tampoco la Generalitat de Cataluña es una entidad especialmente inspiradora, al menos no más que la Generalitat Valenciana o la Diputación General de Aragón. En definitiva, los mayores expertos españoles en historia medieval confirman que no se puede emplear el pedrigrí democrático de los catalanes como argumento para atacar a España, porque es falso.

"El parlamentarismo es un fenómeno oriundo de todos los territorios de la Corona de Aragón, que lo desarrollan al tiempo que otros reinos peninsulares como el de León, considerado el primer Parlamento de todos. Por lo tanto, ese 'ADN democrático' que suele usar el nacionalismo catalán no es cierto, o por lo menos no es más refinado que el que pueda tener un aragonés o un valenciano", afirma Darío Español, organizador del congreso de medievalistas. "La prueba es que la Generalitat de Cataluña nace a la vez que la Generalitat valenciana y la Diputación del Reino de Aragón, todas ellas concebidas en la reunión de las Cortes Generales de Monzón de 1362 como órganos recaudatorios para el rey Pedro IV". Es decir, los tres gobiernos actuales tendrían la misma carga histórica y habrían nacido, si se quiere estirar el argumento, en territorio aragonés.

Es absurdo contabilizar presidentes de la Generalitat como si fueran reyes godos

Los medievalistas españoles sostienen así que considerar a Quim Torra el 131º presidente de la Generalitat es una falacia, en tanto que muy poco tiene que ver la Generalitat medieval con la reinstaurada en 1931 con la primera presidencia de Francesc Macià, y porque siguiendo esa lógica los presidentes de Aragón y la Comunidad Valenciana también deberían ser considerados centenarios y gozar de la misma pompa. "Eso es historia para público facilón, para gente que no la conoce y no se preocupa en saber si lo que le dicen es verdad. Es absurdo interpretar la era medieval con la perspectiva del presente ni contabilizar presidentes de la Generalitat como si fueran reyes godos", indica Español.

Investidura de Quim Torra como presidente de la Generalitat. (EFE)
Investidura de Quim Torra como presidente de la Generalitat. (EFE)

Sí sería algo más afinado decir que el principado y los dos reinos de Aragón fueron más avanzados que Castilla al dotar a sus asambleas conciliarias del siglo XII en adelante de autoridad frente al rey. El soberano aragonés debía acatar los decisiones vinculantes de sus notables. En Castilla, en cambio, el rey tenía plena autoridad para imponer su criterio. Otra diferencia sensible que juega en favor de Aragón: la Corona era una suma compuesta de territorios autónomos, cada uno con su lengua y sus costumbres que solo tenían el punto común del rey, quien veía esa pluralidad como una riqueza. Un guiño, estirando de nuevo el argumento, a lo que vendría a ser un Estado plurinacional en comparación con una Castilla más monolítica.

"Pero no se puede decir que la Generalitat originaria tuviera presidentes que velaban por Cataluña, sino portavoces generales, de ahí lo de generalidad, que respondían ante el rey igual que los demás", indica Germán Navarro, secretario de la SEEM y catedrátido de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza. Quien sí otorga algo más de ascendente a los antiguos portavoces catalanes es Flocel Sabaté, catedrático de la Universidad de Lleida. Sabaté sí ve cierta "continuidad histórica" hasta nuestros días.

Ya en la Edad Media, la Generalitat catalana destacaba por ser la más díscola al exigir privilegios por su apoyo al rey aragonés

Un ejemplo: hace 700 años las cortes catalanas usaban su apoyo monetario al rey de Aragón a cambio de obtener privilegios y contrapartidas que, a la postre, fueron reforzando el poder catalán dentro de la Corona. Es decir, velaban por el interés catalán, o mejor dicho el interés de las élites. "El rey era muy pobre, y a diferencia de ahora vivía de impuestos y jurisdicciones que le costaba mucho recaudar, como tampoco tenía capacidad para impartir justicia en todo el territorio. De ahí que necesite a los nobles catalanes, quienes empiezan a asumir la representación del territorio. Si se quiere buscar un paralelismo, ya entonces la Generalitat catalana destacaba por ser la más díscola de todas, un papel que luego mantuvo en la guerra de 1640, en la guerra de Sucesión y en la actualidad", explica Sabaté.

La gran diferencia entre hechos históricos como el de 1714 y el momento actual es que Cataluña nunca fue en contra de España, "sino en contra del rey de ese momento con el objetivo de obtener mayores cesiones", puntualiza este catedrático. "Se puede decir que Cataluña tiene más experiencia que los demás en el pactismo interesado y en defender sus intereses, y de ahí puede surgir el sentimiento identitario y de cohesión catalán que llega hasta hoy. Lo que no sostiene ningún análisis es decir que los catalanes tienen más sensibilidad hacia la democracia en base a sus orígenes".

Congreso de medievalistas organizado este fin de semana en Caspe
Congreso de medievalistas organizado este fin de semana en Caspe

La trinchera de la lengua

Aunque el mayor órgano de medievalistas de España suele pasar por alto las salidas de tono de todos los nacionalismos ibéricos, desde el catalán al andaluz, dispone de un enorme arsenal de datos históricos para desmontar cualquier mito. Por ejemplo la figura de Sant Jordi, sagrada para el nacionalismo catalán. Navarro, secretario de la SEEM, lo aclara: "Sant Jordi es el patrón de la Corona de Aragón, de sus reyes. Por eso también es el patrón de Aragón, aunque cada 23 de abril solo se muestre a Cataluña en televisión. Resulta paradójico que el independentismo defienda fiestas reales, porque con Sant Jordi lo que hacen es defender la bandera monárquica de la dinastía de Aragón, que son las cuatro barras. Para ser consecuentes deberían exhibir algo menos a su patrón. En la comunidad de Aragón son algo más discretos en defender sus glorias patrias".

Si algo tiene distintivo el nacionalismo catalán es, desde luego, la lengua propia. El aragonés, por ejemplo, no fue capaz de sobrevivir con el vigor del idioma de sus vecinos y terminó extinguido, en parte absorbido por la influencia del castellano. Navarro sugiere que hace 600 años todo el asunto lingüístico era más avanzado que hoy, cuando se hace de cualquier lengua una trinchera. "En la Cancillería Real de Barcelona [órgano administrativo de la Corona] usaban el catalán y el latín, pero nunca fueron usados como barreras políticas. El arzobispo hablaba en latín y se traducía al catalán o al castellano sin más. Todo lo que vivimos hoy es un anacronismo, es una guerra absurda usar la lengua como factor histórico de identidad forzada. Entonces no eran entendidas así".

En la Cancillería Real de Barcelona usaban el catalán y el latín, pero nunca fueron usados como barreras políticas

La única buena noticia para el nacionalismo catalán es que el resto de nacionalismos peninsulares, incluido el español, usan las mismas técnicas de manipulación histórica en favor de sus posturas. Lo confirma Francisco García Fitz, profesor de la Universidad de Extremadura. "La relación entre la Cataluña medieval y la actual es muy lejana, tan lejana como pueda ser la nacionalidad española de lo que ocurrió en Covadonga [batalla que inició la Reconquista en el año 722]. Ya en el siglo XV se decía que la historia es esclava de la política, es un arma de combate".

"Lo que vivimos ahora procede del siglo XIX, cuando se crean los discursos de legitimación histórica de las naciones", prosigue García Fitz. "Ahora nos fijamos en Cataluña por lo que está pasando, pero también lo ha vivido Andalucía donde se identifica a la comunidad con el esplendor del califato o en León donde hace poco unos historiadores fueron declarados non gratos por decir cosas que no gustaban. Los mitos históricos, al final, a quienes refuerzan es a los políticos".

También Sabaté sitúa el origen de toda la trifulca histórica española en el siglo XIX. En ese momento de creación de los Estados nación, España fue incapaz de consensuar un pasado común a diferencia de sus vecinos europeos. "Llegamos al siglo XX sin tener clara una historia de España, y eso solo ocurre aquí. En otros lugares con conflictos secesionistas como Escocia o Flandes todos asumen el mismo discurso histórico. La razón básica es que el origen de España es una pluralidad medieval sobre la que se intenta imponer una visión única sin capacidad para integrar esas pluralidades, y ahí aparecen los ofendidos de un lado y del otro. Y así, cuanto más avanza el siglo XX, más se profundizan esos problemas".

Enfrentamientos callejeros en una manifestacón de estudiantes. (EFE)
Enfrentamientos callejeros en una manifestacón de estudiantes. (EFE)

La región más díscola

No se puede decir que Cataluña fuera el faro de la democracia y los derechos, pero sí fue, para bien o para mal, la región que ya en la Edad Media tiró de la economía de la Corona de Aragón, gracias a su mayor demografía y a su salida al mar. De ahí que en las bancadas de las Cortes Generales, que durante siglos se reunieron en Monzón, los representantes del principado ocuparan un 50% del espacio. Allí, sin embargo, no se pensaba en términos geográficos sino en términos de clase. "Los nobles de entonces no tenían un ideal territorial. Nada nos hace pensar que la nobleza catalana tuviera una sensibilidad especial hacia sus campesinos. Por ejemplo, en las rebeliones que sufre Jaime I se rebelan varios grupos de nobles donde se mezclan catalanes con aragoneses, no iban cada uno por su lado o representando cosas distintas, eso es un invento moderno. Entonces un señor de Lérida tenía mucha más cercanía cultural con otro de Binéfar que con uno de Perpiñán", sostiene Español.

"El problema es que si dices según qué cosas te boicotean en conferencias o en tu puesto como profesor. Así que muchos terminan mirando hacia otro lado", prosigue. Recientemente, la asociación Historiadors de Catalunya denunció la purga de algunos profesores que simpatizan con sus tesis no soberanistas.

Si bien la guerra de Sucesión (1701-1713) y los decretos de Nueva Planta escapan al campo de estudio de los medievalistas y al objeto del congreso de Caspe, también ahí hay campo abonado para tumbar mitos de uno y otro lado. Es cierto, por ejemplo, que Cataluña vivía entonces de comerciar con Holanda e Inglaterra y por ello disponía de un sentir republicano más desarrollado que Castilla, como al mismo tiempo es cierto que la burguesía catalana no fue especialmente resistente a la llegada de Felipe V.

"Hubo muchos que incluso apoyaron a los Borbones porque querían la lana que producía Castilla", indica como ejemplo el organizador del congreso. "Felipe V no conquista Cataluña para que hubiera unidad en el Reino de España, sino porque lo consideraba de su propiedad. Estamos hablando del Antiguo Régimen, hablamos de señores que luchan por sus territorios, no por liberar a sus gentes. Es verdad que los decretos de Nueva Planta castigan a los catalanes, pero igual que castigan a aragoneses y valencianos, que tendrían hoy el mismo derecho a levantarse en armas y no lo hacen. Eso también es historia y merece que se conozca, aunque vaya en contra de ciertos discursos interesados".

Estamos hablando del Antiguo Régimen, hablamos de señores que luchan por sus territorios, no por liberar a sus gentes

"Habría que consensuar con naturalidad nuestra historia, y eso implica volver al punto del siglo XIX en que se intenta cohesionar España y asumir los hechos históricos", lanza Sabaté. "Porque hace mil años no había cosas que hoy parecen normales como un Estado con una lengua, una bandera y un nombre oficial. Era un modelo muy distinto y el soberano solía estar orgulloso de la pluralidad y diversidad de sus dominios. Esto solo cambia con la aparición reciente de la idea del Estado nación", concluye el catedrático de la Universidad de Lleida. Es particularmente desde entonces, prosigue su colega Navarro, que "las clases dirigentes se dedican a convencer desde el poder a la población de verdades a medias y de mentiras para reforzar sus privilegios, y eso es grave. Ningún historiador es aséptico, aunque por suerte ya estamos acostumbrados y estos abusos políticos no influyen en el trabajo de los historiadores serios".

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