Coinciden independentistas, ex sorayos y empresarios

Los convergentes que pasaron de la Crida fueron al Civet de Luis Conde

Jordi Graupera coincidió con Manuel Valls. Representantes de los republicanos se toparon con los hermanos Nadal. Y la crisis catalana de eterna música de fondo, de problema sin fin

Foto: Trias, Mas y Homs en una imagen de 2016. (EFE)
Trias, Mas y Homs en una imagen de 2016. (EFE)

El otoño político arranca en Cataluña con el Civet de Luis Conde. El presidente de la firma de cazatalentos Seeliger y Conde lo organiza cada año en Mas Anglada, su segunda residencia en Fonteta, en l’Empordà. Allí reunió este sábado a 300 personas de la política y el mundo de la empresa. Como cada año, para saborear el civet, un plato de carne de caza encebollada. La novedad de esta edición: asistieron los convergentes que pasaron de la Crida cuya convención fundacional se celebraba a 153 kilómetros, en Manresa. En el Civet estaban Artur Mas, Xavier Trias, Francesc “Quico” Homs, Marta Pascal y Jordi Xuclà. Si la Crida quería ser una OPA política sobre el PDeCAT no podía haber respuesta oficiosa más clara que decantarse por el encuentro anual de Luis Conde.

A Luis Conde le gusta mezclar: Madrid con Barcelona, independentistas con representantes de la tercera vía, peperos con socialistas, economía y política… “La vida, amigo, es el arte del encuentro”, como dijo Vinicius de Moraes. Y el encuentro más memorable de la jornada fue el de Jordi Graupera con Manuel Valls, ambos candidatos a la alcaldía de Barcelona. Graupera no es convergente pero JxCat no apoya su iniciativa de primarias. Abandonado por Carles Puigdemont, Graupera ha decidido presentarse de todas maneras porque cree que la independencia ha de construirse desde la capital. Valls es un francés que se ha inventado una segunda oportunidad en el Ayuntamiento, tal que fuese norteamericano. No saltaron chispas entre el candidato de Cs y el de la ANC según explican algunos de los asistentes. Y todo fue muy correcto.

Como siempre, buena parte del protagonismo lo captaron los convergentes, ahora convertidos a la causa soberanista. Muchos empresarios se dirigieron a Artur Mas para pedirle que controlase a Puigdemont. Y el expresident lanzaba pelotas fueras, asegurando que es “ex” en todos los sentidos. Mas sólo reconocía que posiblemente, el nombramiento de Quim Torra no había sido un acierto. Sin embargo, Artur Mas es buen conocedor de su público, y sabe que la burguesía catalana quiere calma. Justo lo contrario que estaban jaleando Torra y Puigdemont en Manresa. Por eso auguró que la tranquilidad llegaría de la mano de un liderazgo estable, que a su juicio representa, Jordi Sànchez. Algunos de los presentes se hubieran quedado más tranquilos si la solución no estuviese entrerejas en la prisión de Lledoners.

Mientras Mas hacía el papel de “yo pasaba por aquí”, Quico Homs repartía tarjetas entre los presentes y ofrecía sus servicios de abogado, como si la política fuese una vida pasada, una pesadilla a la que no quisiese volver. Homs aseguraba a quien quisiera escucharle que la Crida era un error, porque alejaba el independentismo de la centralidad del PDeCAT. En el encuentro, la independencia era el problema, pero la Crida era la nueva referencia.

El conseller de Territorio, Damià Calvet (d) , y el secretario de Estado de Infraestructuras, Pedro Saura (i), se saludan al inicio de la comisión bilateral de infraestructuras hace dos semanas. (EFE)
El conseller de Territorio, Damià Calvet (d) , y el secretario de Estado de Infraestructuras, Pedro Saura (i), se saludan al inicio de la comisión bilateral de infraestructuras hace dos semanas. (EFE)

A ambos lados

Visto desde Fonteta, el acto fundacional de la Crida no parecía un paraguas para unir al independentismo, sino lo contrario, una escisión, en este caso de los que se reclaman más puros.

El anfitrión en su alocución a los presentes advirtió del peligro del populismo en un encuentro donde había independentistas pero no podemitas

En su alocución a los asistentes, Luis Conde alertó sobre los peligros de la nueva política: “el populismo no es tan sólo un desafío a la convivencia, sino una distorsión de la realidad que acaba siendo un cáncer para la Economía y para la Democracia”. Además de alertar contra el populismo –ya se sabe, la Crida no es derecha ni de izquierdas–, Conde reclamó, como hace siempre la burguesía catalana, el valor de la tercera vía, la búsqueda de un pacto que permita aparcar el conflicto soberanista: “la tercera vía es la expresión política del pensamiento moderado. Los Estados se construyen a base de gente moderada y hoy curiosamente hace falta más determinación y coraje para ser moderados que radicales”.

Había en el Civet representantes de esa tercera vía: el líder del PSC, Miquel Iceta, el futuro presidente de la patronal Fomento del Trabajo, Josep Lluís Sánchez Llibre; o la delegada del Gobierno, Teresa Cunillera.

Los republicanos, ahora en una versión más pragmática que hace un año, tampoco se pudieron resistir. Estuvieron presentes en el acto, Lluís Juncà, mano derecha de Oriol Junqueras, y Albert Castellanos, secretario general de vicepresidencia. Estos eran otros que nunca se apuntarán a la Crida.

El Civet de Luis Conde logró unir en la misma mesa un año después del 155 a miembros de ERC y del antiguo equipo de Soraya Sáenz de Santamaría

Pero también había un nutrida representación de los populares: los hermanos Álvaro y Alberto Nadal, antaño tan cercanos a la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría; Xavier García Albiol, Adolfo Suárez Illana o el exministro Íñigo de la Serna. Por el PNV, Antonio Ortúzar. Desde el lado de Cs, José Manuel Villegas.

Empresarios presentes

También estuvieron presentes números empresarios. Entre otros, Francisco Reynés (Naturgy), Josep Creuheras (Planeta), Jorge Gallardo (Almirall), Marc y Marian Puig (Puig), Juan Antonio Alcaraz (CaixaBank), Carles Tusquets (Fibanc), Juan Entrecanales (Acciona), María del Pino (Ferrovial), Miquel Martí (Moventia), Miguel Torres (Torres) y Albert Esteve (Laboratorios Esteve).

Otros representantes del mundo empresarial que acudieron a la invitación de Luis Conde fueron Josep Maria Xercavins, Enrique Lacalle, Pere Navarro, Miquel Valls, Joaquim Gay de Montellà, Jaime Malet, Javier Vega de Seoane, Helena Guardans, Pau Guardans, Miquel Martí, Roger Guasch, Xavier Faus, Ana Godó, María Dolores Dancausa, Pedro Fontana y Josep Lluís Bonet. En los corrillos, como no, el tema dominante: la incierta situación política catalana y preocupación por el futuro de Barcelona en las elecciones municipales.

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