LOS RADICALES MIMADOS POR EL ‘PRESIDENT’ SE REBELAN

Los CDR se revuelven contra Torra: “Si no sabe hacer país, lo haremos nosotros”

Un escrito de los Comités de Defensa de la República muestra la división existente entre los separatistas y sitúa al presidente de la Generalitat de Cataluña entre la espada y la pared

Foto: Miembros de los CDR protestan frente a la sede de Esquerra. (EFE)
Miembros de los CDR protestan frente a la sede de Esquerra. (EFE)

El presidente catalán, Quim Torra, ha perdido, definitivamente, el control de las calles de Cataluña. Los Comités de Defensa de la República (CDR), o sea, los grupos de radicales a los que jaleaba hasta hace dos días, le han dado la espalda y lo han puesto contra la pared: o con nosotros o contra nosotros. O te unes a nosotros o te apartamos. Un escrito de la cúpula de los CDR de este viernes es muy claro: “Si este gobierno no es capaz de cumplir sus obligaciones de trabajar para su gente, si no es capaz de hacer país, lo haremos nosotros; lo hará el pueblo. Así lo votamos el 1 de octubre”.

Vamos, que el ultimátum que Torra lanzó a Pedro Sánchez en el Parlamento catalán dándole de plazo hasta el mes de noviembre para “liberar a los presos” es un juego de niños ante la seria amenaza que al 'president' le viene de sus propias filas. Y los CDR no amagan: actúan y lo hacen contundentemente.
El escrito no tiene desperdicio. “El pueblo manda. El pueblo ha decidido y quiere República”, le advierten. Y subrayan: “Si vosotros, los políticos que nos representáis, no estáis dispuestos a hacerlo efectivo, apartaos, que vendrán otros”. Los radicales le recuerdan al 'president' que “ahora os toca a vosotros” y le instan a que rompa con España y declare la República.

“¿Nos dices que continuemos y ahora nos envías a los Mossos d’Esquadra? ¿Ahora nos reprimís vosotros? ¿Para qué defendemos nuestras calles de las muestras de fascismo impulsadas por la derecha más rancia del Estado? ¿Para qué recuperamos nuestras plazas de las provocaciones de los promotores del odio hacia los catalanes, hacia nuestra lengua y hacia nuestra cultura? ¿Ahora les hacéis el trabajo sucio? ¿Para qué protegemos nuestras instituciones de las mentiras vertidas por aquellos que sólo buscan confrontación? ¿Ahora nos queréis callados?”, dicen en su escrito los CDR.

Los comandos civiles que controla la CUP pueden, a corto plazo, convertirse en la peor pesadilla de Torra, porque el movimiento independentista es, sobre todo, cainita. Y le gusta demostrarlo. El ‘president’ los estuvo jaleando durante los últimos meses y ahora se le echan encima, exigiéndole que cumpla sus compromisos. De hecho, Torra esperaba que los CDR fuesen la avanzadilla que le permitiese dar un paso adelante y romper la legalidad. Sin su fuerza, tiene las manos atadas. Lo malo es que, si ahora no les obedece, los propios radicales independentistas irán a por él. Quien siembra vientos, recoge tempestades.

Un receso en el camino

Esta situación se da en un momento en que el independentismo ha de hacer un alto en el camino para redefinir estrategias. Ya Sun Tzu, en su 'Arte de la guerra', dejó sentado hace varios siglos que la estrategia es el arte de competir y una de sus máximas era la necesidad de reflexionar antes de hacer cualquier movimiento. En eso está ahora el separatismo: Carles Puigdemont ha convocado una cumbre este lunes con el objetivo de diseñar una estrategia conjunta del independentismo. Es un intento de descubrir nuevas rutas porque el cansancio empieza a hacer mella en las huestes soberanistas.

Pero la ‘cumbre’ está destinada al fracaso antes de celebrarse. ERC no se alineará con el ‘expresident’ huido y se encuentra también en plena fase de meditación sobre su futuro. El PDeCAT está a punto de fracturarse. Y la CUP no asistirá porque sólo está dispuesta a negociar estrategias secesionistas que respondan a “criterios de discreción, rigor, responsabilidad, mirada larga y no han de ser espacios decisorios ni que respondan a voluntades electoralistas”. Así lo dijo su portavoz, Lluc Salellas. Y éste no se priva de decir que sospecha que la convocatoria del fugado es una estratagema y que el encuentro “se puede ver interferido por intereses partidistas e institucionales”. Un zasca en toda regla en la cara de Puigdemont. Este sábado Salellas ha asegurado además que los comités tienen intención de centrar su acción en la calle y no negociarán los presupuestos con el Govern.

La formación anticapitalista, sin embargo, revisa su estrategia este mismo sábado en Palamós (Girona). Se trata, según el partido, de actualizar la praxis política para adecuarla al momento actual. Su consejo abordará el papel que debe jugar la organización en el futuro inmediato y dentro del actual ‘procés’, definiendo las líneas maestras a aplicar, ya sean en forma de alianzas con otras fuerzas soberanistas o de priorización de movimientos populares.

Ante esta disyuntiva, la CUP no quiere perder comba y está preparada para agitar la calle y tomar la iniciativa antes de que lo haga Puigdemont

Una de las líneas a estudiar es cómo volver a organizar otro 3-O, es decir, otra huelga general como la del 3 de octubre del 2017. Los radicales están inmersos en una campaña para sumar adeptos a ‘sus’ sindicatos, cuya militancia es exigua: sólo cuentan con 10.000 afiliados y aunque disponen de una cierta capacidad de movilización en el mundo universitario, no es suficiente como para provocar un paro masivo que pueda repercutir en la economía española.

La escenificación de diferentes reflexiones de los sectores independentistas refleja la situación de fractura interna en la que están inmersos. En este sentido, es paradigmática la comunicación de la ANC de Inglaterra, que este viernes emitió por las redes sociales una interesante reflexión: “Ahora mismo hay dos relatos contradictorios. 1: El 1-O fue simbólico, no se puede recoger ningún mandato (consellers de ERC y delegados del Govern en el exterior). 2: El 1-O fue real y es preciso recoger el mandato (ANC, President, exiliados, CDR y CUP)”. Son posturas que, a primera vista, parecen irreconciliables y que abonan la tesis de la lucha fratricida de los tres grandes sectores soberanistas que operan en Cataluña, representados por la CUP, ERC y PDeCAT.

Los diferentes sectores del separatismo, pues, están ahora pergeñando sus tácticas inmediatas. En este receso, la CUP, que siempre se ha mostrado la formación más activa, no quiere perder comba y tiene preparados a sus CDR para tomar la iniciativa en las calles antes de que Puigdemont y los suyos las vuelvan a anestesiar al electorado con el discurso vacuo y personalista con el que han desnaturalizado el discurso secesionista.

Cataluña

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