la cohabitación forzosa del independentismo

JxCAT y ERC escenifican un Govern unido mientras recrudecen su guerra interna

La escenificación de pareja feliz es solo una cortina de humo para ocultar una cruenta batalla intestina del independentismo catalán que nadie sabe cómo acabará

Foto: El presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxCAT), y su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC). (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxCAT), y su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC). (EFE)

La escenificación de pareja feliz que Junts per Catalunya (JxCAT) y ERC materializaron este viernes es solo una cortina de humo para ocultar una cruenta batalla intestina del independentismo catalán que nadie sabe cómo acabará. Tras los problemas internos de las dos grandes formaciones soberanistas (que, para colmo, mantienen cerrado el Parlamento catalán), el 'president' Quim Torra y su 'vicepresident', Pere Aragonès, mantuvieron una reunión para limar asperezas y descartar crisis de gobierno y convocatoria inmediata de elecciones.

Salieron juntos, intentaron transmitir la imagen de camaradería y leyeron un comunicado casi bucólico que solo admitía ciertos "fallos de coordinación". Pero la procesión va por dentro. "Este Govern es un gobierno fuerte, está unido", aseguró el 'president'. Se comprometió a mantener el Ejecutivo hasta cuando haya sentencia sobre sus compañeros encarcelados. Y el 'vicepresident' le imitó en su análisis: "La estabilidad del Govern no está en cuestión". Nadie lo diría, a la luz de los acontecimientos, las peleas y las disensiones de los últimos días. O quizá ambos tienen síndrome de Estocolmo.

Salieron juntos, intentaron transmitir la imagen de camaradería y leyeron un comunicado casi bucólico. Pero la procesión va por dentro

Pero esa reconciliación 'familiar' es solo un parche. De hecho, JxCAT y ERC se ven abocados a una cohabitación forzosa para no perder el poder. En cambio, no se ahorran críticas en privado. En otras palabras: no se soportan. Ni se pueden ver. Si de cara a la galería todo son sonrisas, en la intimidad de su hogar todo son puñales. En el seno de la Generalitat se vive una tragedia épica, muy alejada de la imagen idílica que intentan transmitir a la opinión pública. Porque saben que, si en estos momentos el Govern salta por los aires, la opinión pública puede enfadarse, y mucho, y castigarles en las urnas. Su cohabitación, pues, es obligada.

Y la situación es muy delicada. La revolución de las sonrisas se va deslizando, peligrosamente, hacia la senda de la 'revolución de las mentiras'. Nada es lo que parece en el Gobierno catalán. Quim Torra está cada vez más solo y JxCAT y ERC se miran de reojo porque, aunque ofician de socios de gobierno, en realidad son enemigos acérrimos. Un destacado convergente, Francesc Abad, con predicamento en las filas del PDeCAT, plasmaba en su blog hace pocos días la situación: "Toda esta palabrería de 'ensanchar la base' de ERC ahora mismo solo esconde la reedición de la estrategia tripartita para desplazar al mundo de Junts per Catalunya, Puigdemont, PDeCAT, etcétera, de cualquier ámbito de poder. En el primer Tripartito le llamaban 'recoser el país', ahora le llaman 'ensanchar la base'".

JxCAT y ERC escenifican un Govern unido mientras recrudecen su guerra interna

Puede parecer una afirmación demasiado radical, pero tiene su lógica. Porque esta es una batalla que se libra de cara a la opinión pública. Y muchos dirigentes posconvergentes alimentan la leyenda de que "ERC está a punto de descolgarse del frente independentista para apostar de nuevo por un tripartito", según comenta a El Confidencial un alto cargo convergente cercano a Carles Puigdemont. En este sentido, la decisión de presentar a Ernest Maragall como alcaldable por Barcelona en las próximas municipales "podría ser el primer paso para una futura coalición con los comunes y el PSC".

Una teoría, por otra parte, que pone los pelos de punta de los republicanos, al menos por el momento: si apuestan por Maragall es "por su nombre, su imagen y su bagaje, no para allanar el camino hacia un tripartito que, con cualquier otro candidato podrían tener incluso más fácilmente o, al menos, con menos reticencias" por parte de sus posibles socios, según señalan a El Confidencial fuentes de Esquerra.

Objetivo: blindar a Puigdemont

Pero eso es lo que piensan muchos en la formación que lidera Carles Puigdemont (o, en realidad, los validos de Carles Puigdemont). Y denota una guerra a muerte entre los dos partidos de gobierno. No obstante, el tema va más allá: ERC está convencida de que los últimos movimientos de JxCAT rompiendo pactos en el Parlament es una maniobra para que los republicanos se 'quemen'. En otras palabras, para que desobedezcan las sentencias judiciales y tengan problemas con la justicia. Una jugada maquiavélica, pero normal proviniendo de JxCAT. Una guerra sucia que los republicanos califican en privado con los peores adjetivos.

El expresidente catalán, Carles Puigdemont. (EFE)
El expresidente catalán, Carles Puigdemont. (EFE)

Afirmaba Abad que "todo lo que pasa desde el 21-D hasta ahora es la 'digestión' del fracaso de ERC en el asalto para ser hegemónicos. Todo el discurso de ensanchar la base no es otra cosa que el discurso pensado para justificar el pacto con los comunes; la negativa a investir a Puigdemont de la manera traidora como lo hizo Torrent como presidente del Parlament no es otra cosa que ir contra Puigdemont". No va muy desencaminado. Desde las filas republicanas se vuelve a insistir en que JxCAT pretendía "la oficialización de presos de primera y de segunda. Resulta que ellos quieren blindar a Puigdemont, un señor que se escapó y se encuentra en libertad, pero nosotros tenemos a los nuestros dentro de la cárcel [en referencia al líder de ERC, Oriol Junqueras]".

Advierten en Esquerra que esa concepción de la política es un veneno para el independentismo, alienta la división y dinamita el proyecto. "Si no hemos llegado a ninguna parte, no es por nuestra culpa", se defienden.

Preservar a Roger Torrent

Pero desde ERC se quiere blindar ahora la figura del presidente del Parlament, Roger Torrent, para evitar otra Carme Forcadell. O sea, para que no pueda ser inhabilitado y/o encarcelado. Torrent tiene la difícil papeleta de decidir qué hace el Parlament en determinadas situaciones. Y no quiere vulnerar la ley, tal y como le tientan desde las filas de la CUP y de JxCAT.

Por eso, en algunos círculos independentistas ya se ha planteado la posibilidad de que Torrent dimita como presidente de la cámara legislativa precisamente para preservarlo de una acción judicial y poder ser el cabeza de cartel en las próximas elecciones autonómicas. "Dirán lo que quieran, pero los nuestros están en la cárcel y algunos se mueven como quieren por toda Europa", critican en petit comité los dirigentes de ERC haciendo referencia a Puigdemont, fugado en Bélgica y con libre circulación por el extranjero.

Desde los círculos cercanos a Puigdemont se afirma que la dimisión de Torrent es muy plausible "para poder quedar libre de cualquier posible imputación futura, ERC está muy preocupada por las posibles represalias del Estado si no acata la orden de suspender a los diputados". Se refiere la fuente al conflicto desatado tras el fallo de Llarena de suspender a los diputados encarcelados o fugados, inhabilitándolos para la función, por lo que aconsejaba que fuesen sustituidos. Las peleas entre los dos socios de gobierno provocaron la interrupción de las sesiones parlamentarias y el aplazamiento de la votación de las resoluciones para la semana que viene. Y en realidad todo se reducía al intento, de nuevo, de blindar a Puigdemont por parte de sus amigos de JxCAT. Cierto que, para no dejar al descubierto su jugada, el grupo parlamentario del 'expresident' metió esta vez en el mismo saco a los demás diputados convergentes implicados.

La cohabitación, pues, está condenada a ser un infierno. Cada uno de los dos socios está llamado a dormir, los próximos meses, con su enemigo

Las dos formaciones han llegado a una solución de compromiso de última hora que, en realidad, no aclara nada sobre la suspensión de los diputados presos o fugados, porque esa solución no es conforme ni al espíritu de la sentencia judicial ni de la interpretación de los propios letrados del Parlament. Desde los círculos independentistas más hiperventilados que conforman la guardia pretoriana de Puigdemont se asegura sin ambages que, haga lo que haga la cámara legislativa con sus parlamentarios, "la amenaza del Estado español no se podrá materializar. No tiene fuerza para ello". Y proponen seguir avanzando en la materialización de la República sin hacer caso a lo que pueda decir alguien de Madrid. Pero, eso sí, que quien tire adelante y arrastre las consecuencias sea el Parlament.

Casualmente, quien lo preside es de ERC. "Si Torra quiere implementar alguna medida, que la decida y la presente en la cámara como iniciativa del Govern. Lo demás es intentar marear la perdiz y salirse por la tangente. Que tenga agallas y marque el camino, no que intente trasladar la responsabilidad de las acciones institucionales al Parlament", critican sus socios. La cohabitación, pues, está condenada a ser un infierno. Cada uno de los dos socios está llamado a dormir, los próximos meses, al lado de su enemigo.

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