La consulta devoró a defensores y opositores

La maldición del primero de octubre: todos sus protagonistas han caído en desgracia

La consulta del 1 de octubre fue como una agujero negro para la política española. Lo absorbió todo. A su alrededor, no quedó nada. Todos sus actores han resultado perjudicados

Foto: Instalación en las calles del centro de Barcelona en septiembre de 2017. (EFE)
Instalación en las calles del centro de Barcelona en septiembre de 2017. (EFE)

La consulta del 1 de octubre fue una de las pocas, de verdad, jornadas históricas del 'procés'. Pero no sólo eso. También ha sido como esos cementerios indios sobre los que los estadounidenses construyen casas: luego sirven para rodar unas películas de terror en las que los habitantes sucumben a horribles maldiciones. Igual ha pasado con el 1-O. Todos los que pasaron por allí han acabado mal por una u otra razón. O han perdido el Gobierno por una moción de censura, o han terminado en la cárcel o han perdido unas primarias. La maldición del primero de octubre puede hacer palidecer a la de la tumba de Tutankamon.

[Así hemos seguido en directo el primer aniversario del 1 de octubre]

La consulta del 1 de octubre fue como una agujero negro para la política española. Lo absorbió todo. A su alrededor no quedó nada. Ni los que ganaron, los independentistas; ni los que perdieron, los políticos constitucionalistas. La vorágine de los 'hechos de octubre' de hace un año arrasó con todos sus actores, de manera que ahora solo uno de los secundarios, Pedro Sánchez, ha quedado en pie y en activo, y en mejor posición en la política española en comparación con cuando se convocó la consulta. Ahora, su Ejecutivo lo está pasando tan crudo que parece que sean gafes. Pero no, a lo mejor solo es el síndrome del 1 de octubre.

Carles Puigdemont, durante una rueda de prensa en Bruselas. (EFE)
Carles Puigdemont, durante una rueda de prensa en Bruselas. (EFE)

Carles Puigdemont

El 1 de octubre fue el mayor triunfo político que puede exhibir un político catalán sobre el Gobierno español. Con el máximo de presión, Carles Puigdemont consiguió convocar una consulta en que participaron más de dos millones de personas pese a la oposición del Gobierno español. Además, ganó la batalla mediática gracias a las imágenes de las fuerzas del orden contra los colegios electorales. Se da la circunstancia, que el independentismo oculta, de que el comité estratégico denominado 'estado mayor' votó a favor de suspender la consulta días antes. Pero todo estaba tan avanzado que ya no hubo manera de pararlo y Puigdemont fue quien capitalizó ese éxito, que el soberanismo traduce ahora como “el mandato del 1 de octubre”. Dicho mandato político no existe como tal, porque la votación careció de garantías y reconocimiento legal. Pero hay que aceptar que fue una movilización sin precedentes en la Cataluña del siglo XXI. A partir del 1 de octubre, todo fue cuesta abajo para Puigdemont: declaró una independencia que resultó un fiasco el 27 de octubre, optó por huir y ahora intenta gobernar Cataluña a distancia desde Bruselas mientras cambia de criterio un día tras otro sin que ni sus seguidores entiendan nada. La última ocurrencia: apostar por un referéndum pactado con tutela de la UE. Justo lo que no quiso hacer el 1-O, cuando optó por la vía unilateral.

Mariano Rajoy, tras su intervención en el XIX Congreso Nacional del PP. (EFE)
Mariano Rajoy, tras su intervención en el XIX Congreso Nacional del PP. (EFE)

Mariano Rajoy

Ha pasado de ser el presidente español a registrador de la propiedad en Madrid. Oficialmente, no perdió el poder por la crisis catalana sino por la moción de censura que provocó el caso Gürtel. En la práctica, pesó tanto eso como el ansia de revancha de ERC y el PDeCAT, que, dolidos por la aplicación del 155, dieron gratis su apoyo a Pedro Sánchez en la moción de censura. Incluso contra el criterio de Puigdemont. Si el 1-O fue el mayor éxito de Puigdemont, en lógica también resultó el mayor fracaso del presidente español. Rajoy prometió que no habría urnas y que no habría consulta. Al final, sí hubo urnas y regaló al independentismo las imágenes que necesitaba para vender en el entorno internacional su discurso de represión y falta de democracia en España.

Fotografía de Oriol Junqueras durante la manifestación independentista convocada por la ANC con motivo de la Diada. (EFE)
Fotografía de Oriol Junqueras durante la manifestación independentista convocada por la ANC con motivo de la Diada. (EFE)

Oriol Junqueras

Nunca creyó en el 1-O, pero lo organizó arrastrando los pies y externalizando el grueso de su operativa para intentar no ir a la cárcel. Esfuerzo inútil. Además, su segundo, Josep Maria Jové, tendrá que cargar con numerosos cargos penales. Tras el 1-O, Junqueras jugó a ocultarse y a esperar que Puigdemont se equivocase convocando elecciones para aparecer él como el salvador del independentismo. No fue así, y al final Puigdemont hizo la DUI y luego se dio a la fuga sin avisarle. Desde entonces, los dos lideres del 'procés' no se hablan. Las últimas horas de Junqueras en su casa esperando que lo encarcelasen muestran a un hombre abatido al topar de repente con la realidad. Ahora está en la cárcel de Lledoners, desde donde dirige ERC con mano de hierro y ha tenido tiempo para dar un golpe mortal a Puigdemont, al proponer a Ernest Maragall como candidato a la alcaldía de Barcelona.

Soraya Sáenz de Santamaría, en el XIX Congreso Nacional del PP. (EFE)
Soraya Sáenz de Santamaría, en el XIX Congreso Nacional del PP. (EFE)

Soraya Sáenz de Santamaría

El CNI que dependía del mando de la vicepresidenta no encontró las urnas. La operación diálogo, que meses antes se había anunciado a bombo y platillo, se zanjó con nulos resultados. Después, Soraya Sáenz de Santamaría pudo remontar con la aplicación del 155, que fue muy suave y que contó con la colaboración de independentistas tan insignes como Elsa Artadi. Tras la caída de Rajoy, intentó ganar las primarias del PP pero fue derrotada por sorpresa por Pablo Casado.

Pedro Sánchez, en una de sus intervenciones en su viaje a Estados Unidos. (EFE)
Pedro Sánchez, en una de sus intervenciones en su viaje a Estados Unidos. (EFE)

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez es la otra cara de la moneda. Mientras que Sáenz de Santamaría se ha visto apartada de la política, Pedro Sánchez volvió a dar muestra del coraje político que le caracteriza y lanzó una moción de censura en la que no creía nadie pero con la que consiguió llegar a La Moncloa. A partir de aquí, y como si no hubiera sido parte de los partidos que apoyaron el 155, empezó una operación diálogo en Cataluña que, al contrario de la de la exvicepresidenta, sí ha tenido recorrido y ha servido para cerrar diversos acuerdos que han incomodado y descolocado a los independentistas.

Marta Rovira, en una imagen de archivo. (Reuters)
Marta Rovira, en una imagen de archivo. (Reuters)

Marta Rovira

Marta Rovira sigue dirigiendo ERC desde Suiza, adonde ha huido para no afrontar las responsabilidades judiciales por los hechos de octubre. En su momento, presumió mucho del éxito del 1-O, pero en la práctica su papel quedó un tanto desdibujado. Marta Rovira quedó siempre identificada con el sector más radical del independentismo, que abogó por la unilateralidad y por la lectura menos matizada del denominado 'mandato del 1 de octubre'. Su fuga sirvió para justificar la prisión provisional que en este momento soportan buena parte de los encausados.

Artur Mas, a la salida del Tribunal Supremo en febrero. (Reuters)
Artur Mas, a la salida del Tribunal Supremo en febrero. (Reuters)

Artur Mas

Su participación directa en el denominado 'estado mayor', que se reunía en el Palau con Puigdemont y el resto de políticos independentistas, no le ha acarreado nuevos problemas penales. La causa jurídica contra el independentismo ha obviado el grueso de lo que podría denominarse como 'trama civil' y le encuadró a él dentro de este grupo. Sus problemas legales se derivan del 9-N, que le ha supuesto el embargo de sus bienes. En lo político, ha visto cómo Puigdemont lanzaba una opa a su partido, el PDeCAT, con la creación de la Crida. Aunque no le han gustado las formas, Artur Mas avala la Crida y se sumará a ella.

El exministro del Interior Juan Ignacio Zoido, a su llegada al pleno del Congreso de los Diputados en junio. (EFE)
El exministro del Interior Juan Ignacio Zoido, a su llegada al pleno del Congreso de los Diputados en junio. (EFE)

Juan Ignacio Zoido

El ministro del Interior de Rajoy ha quedado como el máximo responsable de la represión policial del 1-O. Su gran error tal vez fue no entender lo que ocurrió cuando el entonces 'conseller' de Presidencia, Jordi Turull, salió ese día para anunciar que declaraba el “censo universal” y que, por lo tanto, cualquier catalán podía votar en cualquier colegio. En ese momento, podía haber hecho volver a sus cuarteles la Guardia Civil, haber retirado a la Policía Nacional y haber dejado que la consulta fuese una gran movilización pero solo eso, no otro cromo en la colección de victimismo del independentismo. Zoido, sin embargo, logró su principal objetivo personal: que la jornada se zanjase sin ningún muerto. Con la caída de Rajoy, ahora es diputado raso en el Congreso por Sevilla.

Anna Gabriel, posando en Ginebra en el mes de febrero. (EFE)
Anna Gabriel, posando en Ginebra en el mes de febrero. (EFE)

Anna Gabriel

La líder de la CUP se ha exiliado en Ginebra, pero en la práctica el Tribunal Supremo solo le exige una multa. Su exilio es más simbólico que otra cosa. Y sin ella, la CUP ha perdido buena parte de su pegada y su coherencia. La CUP resultó clave en la organización del 1-O. Mucho más que otras formaciones que se han colgado muchas más medallas. Fuentes de la CUP aseguran que quiere volver, pero no sabe cómo explicarlo a sus bases.

Albert Rivera, durante la clausura de la convención organizada por la plataforma España Ciudadana. (EFE)
Albert Rivera, durante la clausura de la convención organizada por la plataforma España Ciudadana. (EFE)

Albert Rivera

Desde el principio, fue el gran defensor del 155. Su ejecución le pareció a Rivera demasiado suave. Y ahora está pidiendo que vuelva a aplicarse. Sin embargo, no contaba con la caída de Rajoy. La carrera con Pablo Casado por competir en quién es más líder de la derecha le ha alejado del centro. Tanto, que su delfín para la alcaldía de Barcelona, el ex primer ministro francés Manuel Valls, le pidió que no fuese a su acto de presentación en Barcelona. Valls sabe que las elecciones se ganan desde el centro. Y Rivera lo ha perdido, en buena parte por su inflexibilidad en la crisis catalana.

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