tensión en las calles de cataluña

Los independentistas boicotean en Barcelona una marcha por la escuela bilingüe

Decenas de personas han acampado en esta plaza de Barcelona para evitar una manifestación convocada por el movimiento "Hablamos español"

Foto: Colectivos soberanistas en concentracion 'Hablamos español'. (EFE)
Colectivos soberanistas en concentracion 'Hablamos español'. (EFE)

El independentismo ha dado una vuelta de tuerca a la tensión social en Cataluña. Ya no se trata de hacerse oír: ahora se trata de no dejar que el unionismo o el constitucionalismo democrático se exprese. Ocurrió este domingo 16 de septiembre, cuando una treintena de plataformas habían convocado una manifestación en el centro de Barcelona para pedir una escuela bilingüe y en contra del modelo actual de inmersión lingüística, pero no se pudo acabar. No era más que una manifestación similar a otras que se han celebrado a lo largo de los últimos años, aunque en esta ocasión se cercenó la libertad de expresión y manifestación.

El acto, con todos los permisos en regla, tenía que acabar en la plaza de Sant Jaume, donde estos días acampan una veintena de independentistas como acción simbólica de protesta contra España. Pero el independentismo quiere tensión.

La noche anterior, las redes sociales echaban chispas ante la “afrenta” de la manifestación por la educación bilingüe. Una delegación de los Mossos se acercó hasta la plaza de Sant Jaume para pedir a los acampados el desalojo momentáneo con el objetivo de permitir que la manifestación (cuyos permisos ya estaban concedidos de antemano) finalizase en la plaza, tal y como se había previsto. Pero nada de nada. Fuentes de los propios acampados señalaron: "Hemos decidido optar por la desobediencia. Y en ese punto, los Mossos nos comunicaron que si no salimos por voluntad propia, nos echarán. Nosotros tomamos esta decisión con firmeza. Por tanto, emplazamos a todos a que hagan lo mismo y participen con nosotros para llenar la plaza. Si estamos todos, no nos podrán echar, pero hemos de tener en cuenta que actúan de noche. Por tanto, hemos de llenar este fin de semana". Otras fuentes destacan que fue el propio consejero de Interior, Miquel Buch, el que se negó a desalojar la plaza.

En resumidas cuentas, que los acampados no solo se negaron, sino que lanzaron un llamamiento por las redes para que los independentistas ocupasen la plaza y no permitiesen que se realizase el acto final de la concentración por la escuela bilingüe. Y el Gobierno catalán dejó hacer, hasta el punto de que los boicoteadores tuvieron todo el apoyo de la Administración para que los constitucionalistas no pudiesen finalizar con normalidad su manifestación.

Por un ‘otoño caliente’

A partir de esa dejación, comenzaron a urdir el plan para evitar que los demócratas pudiesen celebrar su acto. Varios grupos organizados y activistas ligados a los Comités de Defensa de la República (CDR) y a Arran, las juventudes de la CUP, comenzaron una intensa campaña de llamamientos para llenar la plaza de Sant Jaume antes de que los demócratas llegaran. “¡Todos a Sant Jaume. Llenemos Sant Jaume!”, repicaban por las redes.

Inmediatamente, difundieron un cartel donde se veía en primer término un manifestante con la camiseta de la Roja y un pequeño cartel con el lema ‘155’. A su lado, don manifestantes más con boinas de color verde, uno con polo azul y otro, caqui. “Si no vas a la plaza Sant Jaume, irán ellos a manifestarse con contra de la lengua catalana. Ellos estarán a partir de las 12 horas. Participa en la acampada. Protege tu lengua”. Y acababa con un “¡No al fascismo!” y con el lema ‘Otoño Caliente’.

El mismo sarcasmo que despendían otros llamamientos realizados desde la cuenta oficial de los CDR, que llamó a concentrarse en la plaza a las 11 de la mañana de este domingo para evitar la libertad de expresión de los “enemigos”: “Hagamos frente al odio destructivo del españolismo rancio. Por una escuela pública, de calidad, laica, inclusiva y en catalán”, alertaban. El controvertido cómico Toni Albà también emitió un vídeo en el que llamaba a boicotear (eso sí, “pacíficamente”) la manifestación de los constitucionalistas.

La misma noche del sábado, los foros independentistas estaban eufóricos. “A la plaza Sant Jaume está llegando mucha gente que quiere participar activamente en la movilización. Preguntan qué necesitamos. Os pasamos a continuación una lista de cosas que harán falta: sillas, cajas de PVC, utensilios de cocina, tiendas de campaña, baterías externas para móvil. Y gente, mucha gente”. A las 11 de la mañana del domingo, ya estaban plantadas 16 tiendas en la plaza de Sant Jaume, junto a unos 2.000 independentistas.

Un grupo de independentistas subidos a una plataforma en la plaza de Sant Jaume. (EFE)
Un grupo de independentistas subidos a una plataforma en la plaza de Sant Jaume. (EFE)

Ante la posibilidad de que creciera la tensión, los operarios desmontaron la tarima donde los constitucionalistas debían hacer sus parlamentos. Trasladaron el escenario a otra plaza pero algunos grupos independentistas plantearon ir a acosar a los constitucionalistas al nuevo escenario, a lo que se opusieron los organizadores de la concentración. Aún así, un pequeño grupo intentó reventar la manifestación, lo que impidió un cordón de los Mossos d’Esquadra.

La manifestación, durante la que se lanzaron consignas como ‘Por una escuela libre, sin adoctrinamiento’, estaba encabezada por una pancarta con el lema ‘Contra la imposición lingüística y el adoctrinamiento: libertad’.

Los Mossos bloquean un grupo de manifestantes en la plaza de Sant Jaume. (EFE)
Los Mossos bloquean un grupo de manifestantes en la plaza de Sant Jaume. (EFE)

“Sin hacer de lloricas”

Tras la victoria de los ultraindependentistas, la euforia se adueñó de las plataformas soberanistas. “Esta vez, las calles vuelven a ser nuestras”, se vanagloriaban los ultras después de no dejar entrar en la plaza a los manifestantes demócratas. El actor Joel Joan también se ufanaba: “¡Así ganaremos! ¡¡¡¡Sin hacer de lloricas, luchando contra el fascismo!!!”.

Un acto que retrata el incierto camino emprendido por el sector más duro del independentismo con el beneplácito de los poderes públicos catalanes: en Cataluña, el soberanismo ha pasado del legítimo derecho a manifestarse a la negación de que se manifiesten los “enemigos”. Pero el peligro latente es que esta situación se desborde en un momento determinado y acabe en violencia incontenida. La intransigencia y el totalitarismo amenazan cada día un poco más a la maltrecha sociedad catalana, que camina hacia un régimen social y político de infausta memoria. Porque al peligro de la violencia social en las calles se le suma el no menos preocupante hecho, como vaticinó este 11-S el ‘expresident’ José Montilla, de la peligrosa desafección del ciudadano catalán hacia sus instituciones.

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