Éxito de asistencia y organización

La Diada sigue con el tono festivo pese a los llamamientos dramáticos

“Esta Diada es diferente”, dijeron los líderes independentistas. Pero no. La manifestación fue igual que las de otros años: alegre, festiva y triunfante

Foto: Manifestación con motivo de la Diada del 11 de septiembre. (EFE)
Manifestación con motivo de la Diada del 11 de septiembre. (EFE)

La manifestación independentista de la Diada de este año ha sido otro éxito de asistencia y movilización. La ANC llenó la Diagonal. Pero no supo encontrar el tono. Pese al dramatismo que quiso imponer la clase política, de Quim Torra para abajo, el tono de esta manifestación fue el mismo que el de otros años. Festivo. Festivo y familiar. La “revolució dels somriures” sigue sonriendo con líderes encarcelados, con un presidente huido, tras la aplicación del 155 y la suspensión de la autonomía. Fue una gran fiesta. Pero faltó gravedad. “Esta Diada es diferente”, dijeron los líderes independentistas. Es una “Diada excepcional”, llevan apuntando desde ayer. Pero no. La manifestación fue igual que las de otros años: alegre, festiva y triunfante, como si durante este año no hubiese pasado nada.

La Diada sigue con el tono festivo pese a los llamamientos dramáticos

La performance preparada por la ANC, una oleada de sonido que rompía el silencio –no hubo demasiado, la verdad– y el griterío fue avanzando hasta el final de la Diagonal, en Palau Reial, para romper un muro. Tras el grito corría una gigantesca “estelada”. El muro no acabó de caer a los gritos de “¡Inde-Inde-Independencia! La caída de muro fue lenta y poco espectacular. Según la Guardia Urbana, cerca de un millón de personas asistió a la manifestación.


Quim Torra había comparado en su discurso de ayer este momento como el inicio al cerco de 1714. Si es así, miles de catalanes se han comportado como la orquesta del Titanic: han seguido tocando mientras el barco se hundía. Los asistentes estaban muy contentos. Muchos reservaron plaza en los restaurantes cercanos a la Diagonal –no baratos, precisamente–. Antes de la manifestación era imposible encontrar mesa. Salida familiar, festiva, con numerosas actuaciones: castellers, grupos musicales, diablos, batucadas… No tenía nada que ver con aquellas tensas manifestaciones de Euskadi en los años ochenta y noventa bajo la lluvia, circunspectas para dar apoyo a los presos etarras.

La Diagonal fue una fiesta. Pero extraña, porque Oriol Junqueras y el resto de los presos afrontan un juicio donde les pedirán penas muy altas


“Els carrers seran sempre nostres” y otros mantras habituales han sido coreados por los asistentes, pero la sensación ha sido extraña. El conjunto chirriaba. La gente se mostraba, además, especialmente contenta cuando les interrogaban las cámaras de televisión.

La Diagonal fue una fiesta. Pero una fiesta extraña, teniendo en cuenta que Oriol Junqueras y el resto de los presos –cuyos abogados estaban presentes en el acto– afrontan un juicio donde les pedirán penas muy altas. El independentismo se ha perdido hoy por una foto. La foto será impresionante, pero el alma…

Organización errada

La propia organización erró cuando el encargado de dar la salida a la oleada sonora fue Toni Albà, un cómico, un humorista más famoso por sus salidas de tono que por sus bromas.


No ha habido rabia, no ha habido duelo. Los miles de catalanes que estaban presentes en la Diagonal estaban encantados de conocerse, felices, contentos, más cuando el abogado de la ex consellera de Educación, Clara Ponsatí, el británico Aamer Anwar les dijo al inicio de su discurso “estáis en el lado correcto de la Historia”. En todo caso, el independentismo es pródigo en este momento: como cuando la propia Ponsatí reconoció “íbamos de farol”, y el público asistente rompió a aplaudir. Los asistentes hoy han sonreído tanto que ni siquiera se han preocupado de poner cara de póker.

Dramatismo en los discursos

La manifestación ha sido como una película dramática con una banda sonora alegre. Se ha vuelto a prometer lo imposible. Se ha vuelto a decir que Cataluña será independiente el año que viene, como ha aventurado el abogado de Carles Puigdemont Ben Emmerson. Pero esos discursos dramáticos encajaban mal con el tono festivo, de fiesta familiar, con muchos niños todos alegres… Había mucha felicidad en una manifestación en la que ha habido tantas alocuciones hablando del franquismo. Emmerson aseguró que los presos con los que se había reunido estaban muy tristes. No fue eso lo que comunicaron los participantes. En todo caso, no era una tristeza compartida. Tal vez sabedores todos los asistentes que ellos jaleaban a los mártires pero que mañana continuarían tranquilamente con sus vidas.

La manifestación ha sido como una película dramática con una banda sonora alegre. Se ha vuelto a prometer lo imposible


La mayoría de los manifestantes se han mostrado orgullosos de que habían venido siempre a la Diada. Pero se ha dado la sensación de que no entendían que después del octubre del año pasado, la Diada no podía ser igual que las anteriores.

Los parlamentos se han dado en una estética “cupaire”, el muro de fondo, la estelada marxista del PSAN gigante tras los oradores… Se ha reflejado como la ANC buscaba la imagen y la comunión con los CDR. Se ha vendido que Cataluña será independiente gracias al apoyo de la opinión pública internacional, la misma que mañana publicará esa foto, impresionante en la forma, sin duda, pero desviada en el espíritu.

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