Colau tiene la llave del éxito o fracaso

La Diada del martes se plantea como una prueba de resistencia del independentismo

Además, hay miedo: el comunicado de Carles Puigdemont y el resto de exiliados, los llamamientos de Torra a la movilización o la carta de los presos pidiendo una Diada masiva

Foto: Manifestación de la ANC con motivo de la Diada de cataluña el año pasado. (EFE)
Manifestación de la ANC con motivo de la Diada de cataluña el año pasado. (EFE)

El independentismo y la ANC de Elisenda Paluzie plantean la Diada del martes como un test de resistencia. El pueblo de Cataluña llenando de manera masiva la Diagonal de Barcelona a pesar del fracaso de la intentona independentista del 27 de octubre de 2017. El soberanismo necesita demostrar, y demostrarse, que el ADN fundacional del movimiento sigue intacto —movilizaciones masivas, pacíficas y jaleadas por políticos en ejercicio— pese a que esos mismos políticos les dijesen el año pasado que iba a ser "la última Diada antes de la independencia", en palabras del hoy encarcelado Oriol Junqueras.

Por tanto, la Diada necesita un éxito de afluencia y un ejemplo de buena organización. Tendrá, como siempre, el apoyo de TV3 cuyos informativos llevan días llamando de manera más o menos sutil a una manifestación que ya no se quiere inclusiva. No se espera que vayan todos los catalanes. Basta con que acudan los de siempre, pero ni uno menos. Porque de lo que se trata es de mesurar cuánto han mermado las fuerzas después de los últimos reveses.

La Diada necesita un éxito de afluencia y un ejemplo de buena organización. No se espera que vayan todos los catalanes y tendrá el apoyo de TV3

También, se trata de medir qué daño están haciendo los partidos. ¿Se puede convocar al pueblo a una manifestación para dar imagen de cohesión cuando los partidos independentistas tienen el Parlament cerrado y son incapaces de plasmar por escrito un acuerdo que incluso el 'president' Quim Torra ha asegurado que existe? Se gritará "independencia", se gritará "libertad". Pero se gritará también "unidad". Y no será a favor de la unidad de España. Cuando en una manifestación se grita "unidad" —ya pasó en la de Lledoners— es que los propios asistentes muy unidos, muy unidos, no están.

Además, hay miedo. El comunicado de Carles Puigdemont y el resto de exiliados, los llamamientos de Torra a la movilización, la carta de los presos pidiendo una Diada masiva. Se detecta temor de que algunos ¿muchos? se descuelguen de una manifestación icónica para el movimiento.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra (i), y su predecesor, Carles Puigdemont. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (i), y su predecesor, Carles Puigdemont. (EFE)

Al final, lo que se pondrá a prueba el martes será la paciencia de los dos millones de votantes independentistas. Ir o no ir a la manifestación para muchos va a suponer como el dilema de la píldora roja, píldora azul de la película Matrix. Si vas, compras el relato de Torra y su invitación a evocar la "Marcha verde" de Marruecos en el Sahara Occidental. Si te quedas en casa, asumes la derrota independentista del año pasado en octubre, que ningún líder del movimiento se ha atrevido a reconocer en público.

Lemas y realidad

Los propios lemas de la manifestación muestran el progresivo alejamiento de la realidad que se exige al votante independentista. En 2016 fue 'A punt' —a punto—, que oído hoy parece un chiste cruel a costa de los propios seguidores. En 2017 fue 'La Diada del sí', convirtiéndola en campaña electoral para el 1 de octubre. Este año se pide marchar bajo la leyenda 'Fem la República catalana'.

Los lemas de la Diada se han ido alejando de la realidad año tras año. En 2016 era 'A punt'. El martes se pide marchar con 'Fem República'

Si otros años se intentaba que fuese todo el mundo, este año basta con que vayan los de siempre. Así la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ya ha dicho que no asistirá a la manifestación. Y no ha pasado nada.

Colau tiene la llave

Sin embargo, el independentismo se equivoca. La ausencia de Colau será clave. Y lo que diga su Guardia Urbana, también. El año pasado la policía municipal compró el relato independentista y cifró la manifestación en un millón de personas. La Delegación del Gobierno la rebajó a 350.000 asistentes. Si este año la Guardia Urbana se ajusta más a la realidad, en aras de la neutralidad institucional, la ANC montará en cólera.

La previsible guerra de cifras posterior resultará estéril pero, sobre todo demostrará que el movimiento ya no juega con la seguridad de antaño. Y que el objetivo, por mucho que se diga, ha cambiado. Muchos de los asistentes, sean los que sean, acudirán más por la libertad de los presos que por una independencia que ya no parece que se encuentre a la vuelta de la esquina. En todo caso, se superarán con creces las cifras de las últimas grandes movilizaciones: los 1.200 asistentes que fueron a dar su apoyo a los encarcelados en Lledoners o los 110.000 asistentes de la manifestación de apoyo a los presos del pasado mes de julio en Barcelona. En cierto sentido, el soberanismo solo puede mejorar.

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