Conferencia política del 'president'

Claves del discurso de Torra: un regreso al pasado con una capa de barniz de futuro

Da la sensación de 'déjà vu'. Sin embargo, hay cinco ejes que articularán el discurso que vale la pena analizar, pese a que se repite el mismo esquema una y otra vez

Foto: El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra. (EFE)
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra. (EFE)

Septiembre de 2016. El entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, pronuncia en la cámara catalana su famoso discurso de “o referéndum o referéndum”. Septiembre de 2018, hoy el presidente de la Generalitat, el designado por Puigdemont Quim Torra, lanzará un nuevo órdago que suena a viejo. “O referéndum pactado o unilateralidad”, vendrá a ser lo que plantee, según apuntan fuentes conocedoras del contenido de la conferencia política que pronunciará hoy en el Teatre Nacional de Catalunya. De forma inevitable, da la sensación de 'déjà vu', parece que el soberanismo se presenta en septiembre pero para repetir curso. Sin embargo, hay cinco ejes que articularán el discurso que vale la pena analizar, pese a que se repite el mismo esquema una y otra vez.

El mandato del 1 de octubre

En esencia, es un mandato que a juicio de los soberanistas surge de la consulta organizada el 1 de octubre del año pasado, en la que votaron más de dos millones de personas. El resultado fue abrumador a favor de la independencia. Cuando Quim Torra habla de que solo se debe al pueblo de Cataluña, se refiere justo a esto. Según esta teoría política, que Torra, Puigdemont y el grueso del independentismo asumen sin fisuras, este mandato democrático los avalaría para cualquier cosa, incluyendo otra nueva ruptura unilateral como la del 27 de octubre, la misma que desembocó en la aplicación del 155.

Esta tesis defiende que el presidente español, Pedro Sánchez, no tiene opción. O asume dicho mandato o se encontrará otro choque frontal en Cataluña de consecuencias incalculables.

El problema es que dicho 'mandato democrático' no existe como tal. De hecho, muchos independentistas lo reconocen. Algunos, incluso de manera pública, como el periodista Francesc Marc Álvaro. La consulta no fue pactada, carecía de cobertura legal, no hubo campaña por el no, y los representantes del no evitaron participar. Una red de 'hackers' sin control alguno les dio el apoyo informático, pero careciendo de cualquier tipo de tutela externa. Ni siquiera los observadores pagados por el entonces 'conseller' de Exteriores, Raül Romeva, quisieron avalarla. Pese a ello, Torra habla incluso de “votos robados”.

Movilización permanente

Torra pedirá a los catalanes un esfuerzo extra. Una movilización permanente hasta la apertura de juicio oral por los hechos de octubre, prevista para el próximo mes de noviembre. En este aspecto, la Diada del 11 de septiembre no solo ha de ser una gran manifestación, ha de convertirse en el principio de un conjunto de protestas masivas que encadenarán diversos aniversarios desde el 1 de octubre —fecha de la consulta— hasta el 27 de octubre —cuando se declaró la independencia—.

La base para pedir a los catalanes eso es que sus derechos están siendo conculcados. Torra lo plantea como un 'totum revolutum' cuando se refiere a los “derechos civiles, sociales y nacionales”. Este planteamiento también sería discutible. Cataluña cuenta con un nivel de autogobierno muy alto. Los derechos civiles no se encuentran cuestionados en España. Ni en Cataluña. Los catalanes pueden ejercer todos su derechos individuales, si bien se podría aceptar que no se puede ejercer el “derecho a la autodeterminación” en el marco legal vigente.

Dicha movilización no intenta ganar nada sino que el Gobierno español cometa algún error que permita al independentismo conseguir legitimidad internacional.

Proceso constituyente

Era una promesa electoral y una concesión a la CUP. Torra lo planteará ahora no como una nueva Constitución, lo que se prometió a los votantes, sino como una manera de repensar el país, con propuestas para la próxima década o más allá. Una especie de programa social a largo plazo, que se traducirá en una lista de promesas que solo se concederá el asumir la independencia.

Este punto es el que ERC ve con más simpatía, porque permite crear un marco a largo plazo que no lleva en breve a otro conflicto abierto. Sin embargo, hay dudas de que la CUP y los sectores más radicales compren esta propuesta. Como Torra quiere cumplir con la legalidad y evitar la cárcel, puede quedar convertida en una actividad naíf.

Diálogo/unilateralidad

Funcionarán como dos caras de la misma moneda. Torra no rechazará la mano tendida de Pedro Sánchez, pero solo si acepta pactar un referéndum de autodeterminación. Lo único que no otorgará el actual Gobierno. Por eso, las conversaciones con el Ejecutivo de Madrid solo tienen un fin para la Generalitat: que se acepten sus planteamientos. Así, por ejemplo, la pretensión de Pedro Sánchez de volver a la casilla de 2006, negociar un Estatut y que se vote, se rechaza de pleno. En caso de que se ponga sobre la mesa, la respuesta es: ruptura unilateral.

Los presos

El gran agravio. El juicio será injusto. No se aceptará el fallo, algo que Torra anuncia con meses de antelación, incluso de manera previa a la apertura de juicio oral. Eso sí, evitando explicar qué significa esa 'no aceptación', qué implicaciones prácticas puede llegar a tener para una Generalitat que gestiona sus propios centros penitenciarios. Con estos mimbres, Torra cerrará el círculo de las bases para el 'otoño caliente' que le ha pedido Carles Puigdemont.

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