La XII Legislatura catalana, sumida en la confusión

¿Quién manda de verdad en la Generalitat? Moncloa no sabe con quién debe dialogar

Mientras en Madrid y Barcelona los políticos se llenan la boca con la palabra "diálogo", identificar interlocutores válidos en Cataluña resulta en este momento más difícil que nunca

Foto: Fachada de la Generalitat de Cataluña con la bandera española y la catalana. (EFE)
Fachada de la Generalitat de Cataluña con la bandera española y la catalana. (EFE)

O lo que es lo mismo, ¿quién manda en Cataluña? La pregunta debería tener una respuesta fácil pero no es así. La sensación de caos que está dejando tras de sí el “procés” la complica sobremanera. Hace años había siempre una respuesta unipersonal: Jordi Pujol, Pasqual Maragall, José Montilla, Artur Mas.... Ahora ya no es así. La fragmentación del espacio independentista hace muy complicado saber quién está el frente, según fuentes políticas y económicas consultadas. De modo que mientras en Madrid y Barcelona los políticos se llenan la boca con la palabra diálogo, identificar interlocutores válidos en Cataluña resulta más difícil que nunca. Una consecuencia imprevista de haber querido asumir todo el poder de manera unilateral ha sido que en la práctica el poder real de la Generalitat se ha diluido.

Hay una versión independentista a esta cuestión, que argumentan políticos de estos partidos. En Cataluña manda Carles Puigdemont. Según este punto de vista, nada que no pase por la residencia de Waterloo en Bruselas puede prosperar sin su visto bueno. En este esquema, bien intencionado, debajo de la cúspide que encabezaría Puigdemont estaría un triunvirato que intentaría influenciar en mayor o menor medida al 'expresident', según el momento. Las tres personas que lo integrarían serían la 'consellera' de Presidencia y portavoz de la Generalitat, Elsa Artadi; el vicepresidente y 'conseller' de Economía Pere Aragonès (ERC) y el 'conseller' de Territori, Damià Calvet.

El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)
El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)

En este organigrama el papel del presidente Quim Torra no pasaría de una figura alegórica a la que, además, se ha despojado de la mayor parte del simbolismo de la presidencia: sin despacho, renunciando a buena parte de la pompa presidencial, Torra ejerce de presidente representativo pero nada ejecutivo. En sus primeros cien días ha sacado adelante cuatro proyectos de Ley del gobierno anterior y un concurso de telecomunicaciones desarrollado en buena parte bajo el 155. Y tampoco en el terreno institucional parece poder imponer su criterio: intentó hacer el vacío al Rey, pero en tres meses ya ha acudido a dos actos con el monarca. Y hasta su conferencia política de la semana que viene ha estado sujeta a la estrecha tutela de Puigdemont.

Pese a su falta de peso político, Torra ejerce de principal interlocutor en el diálogo con el Gobierno español. Está previsto que Pedro Sánchez y él vuelvan a reunirse, esta vez en Barcelona, a principios de noviembre. Sin embargo… ¿tiene sentido dialogar con un interlocutor privado de poder de decisión? Esta semana Quim Torra anunció que había un acuerdo de JxCAT y ERC para desbloquear el Parlament. Luego resultó que no había pacto alguno, que se estaba negociando. En un país en el que el presidente hubiese tenido poder real hubiese quedado desautorizado. En Cataluña, ni El Punt Avui publicó las declaraciones.

La versión española

La versión española a la gran pregunta es mucho más radical: en la Generalitat no manda nadie. El problema de Cataluña en este momento no es de falta de soberanía sino de vacío de poder. El hiperliderazgo de Puigdemont sobre el independentismo no se ha traducido en poder efectivo. Las expectativas creadas alrededor de una Elsa Artadi que fuese la mujer fuerte de la Generalitat se han ido diluyendo con el paso de los meses.

Al contrario que en el pasado, no hay un presidente de la Generalitat que pueda ejercer su poder no sólo en la administración catalana sino sobre el Parlament. Al revés, la cámara catalana ha suspendido la actividad para no hacer evidente la falta de acuerdo entre JxCAT y ERC. Si Puigdemont manda tanto… ¿cómo es que se ha quedado sin escolta? ¿cómo es que no puede votar en el Parlament? ¿Cómo, incluso, ha perdido su salario de diputado?

Puigdemont es el líder del independentismo pero en los últimos tiempos los acontecimientos apuntan a que pueda estar mucho más débil de lo que parece

Su nuevo partido Crida Nacional per la República todavía no está registrado en el Ministerio del Interior, se encuentra todavía en proceso de inscripción. Y el PDeCAT de David Bonvehí se sigue resistiendo a la integración, según fuentes de la propia formación. Al ritmo que va, la Crida como nueva marca electoral no llegará a tiempo para las municipales, las mismas que el propio Puigdemont ha calificado de claves para volver a plantear otro choque frontal con el Estado.

Urkullu, preocupado

En algunos ámbitos ya se ha detectado esta falta de interlocutores y se quiere poner remedio. El lendakari Íñigo Urkullu visitó en la cárcel a Oriol Junqueras el pasado 14 de agosto. Después pidió su excarcelación, defendiendo Urkullu que el discurso moderado y realista del presidente de ERC ayudaría a resolver el conflicto. Urkullu, en esencia, estaba pidiendo un interlocutor claro. O, en términos menos diplomáticos, que se resolviera de una vez la ecuación de quién manda en Cataluña. La situación derivó en una crisis puesto que Quim Torra acabó telefoneando a Urkullu para protestar porque no hubiera pedido la libertad del resto de los presos, según publicó 'El Correo'. Pero fuentes del entorno de Palau explican que la llamada de Torra respondía, en realidad, al profundo malestar que había provocado en Puigdemont la visita a Junqueras. El lendakari estaba poniendo el dedo en la llaga: el problema de Cataluña no es tanto el independentismo como el vacío de poder.

Urkullu ha apostado por Oriol Junqueras para llenar el vacío de poder en Cataluña pero para que funcione el presidente de ERC ha de salir de prisión

Sin nadie al timón, el soberanismo lo fía todo a las movilizaciones, que este otoño servirán para recordar los hechos de octubre. Sin embargo, la nostalgia no es lo mismo que la acción política. Una fuente socialista apunta que los independentistas deberían repasar textos marxistas y asumir que tras la moción de censura de Pedro Sánchez, las “condiciones objetivas” que les permitieron declarar la independencia el año pasado han desaparecido. Y que, por tanto, el otoño caliente, tan profetizado por Puigdemont y Torra, tiene muchos números para quedarse en nada. Por eso, y porque nadie manda en Cataluña.

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