EL 'EXPRESIDENT' GANA LA BATALLA POR EL CONTROL DEL PARTIDO

La 'guerra sucia' de Puigdemont aparta a Pascal y desmonta el PDeCAT

Se creará una comisión de seis personas para integrar el partido con la Crida Nacional per la República

Foto: Carles Puigdemont y Marta Pascal en un acto en 2017. (EFE)
Carles Puigdemont y Marta Pascal en un acto en 2017. (EFE)

El 'expresident' Carles Puigdemont le ganó la partida a Marta Pascal y no solo controlará el PDeCAT, sino que maniobrará para integrarlo en su nueva estructura, de la que quiere hacer un partido político a su medida: la Crida Nacional per la República. La 'guerra sucia' desplegada por los afines a Puigdemont surtió efecto y Pascal no pudo resistir los embates de un sector ultraindependentista cuya única obsesión era controlar el PDeCAT y evitar que el partido heredero de Convergència retomase vías posibilistas de hacer política. El sectarismo ha ganado en la batalla de las familias postconvergentes.

Así, Pascal renunciará a ser secretaria general, tal y como le pedían los afines de Puigdemont. En una breve comparecencia a última hora de la tarde de este sábado, Pascal fue directa: "No puede ser que la líder del partido no tenga la confianza del 'president' Puigdemont. Y yo no la tengo, como se ha visto. Por tanto, renuncio a presentarme como máxima responsable del partido", dijo.

Tras esa amarga despedida hay un sinfín de zancadillas y una auténtica 'guerra sucia' practicada desde los círculos más próximos a Puigdemont. Estos sectores incluso habían previsto la presentación de una moción para eliminar la figura de secretaria general, con lo que barrían de un plumazo a Pascal. En la mañana del sábado, retiraron la moción para intentar transaccionarla. Pero su propuesta siguió encima de la mesa: habrá un presidente del partido, que será el actual coordinador organizativo, David Bonvehí, y una vicepresidenta, que será la diputada Miriam Nogueras. Y no habrá modelo PNV en Cataluña. Porque a Puigdemont no le interesa, claro, al menos por ahora.

A Marta Pascal le ofrecieron una secretaría sectorial y su integración dentro de la ejecutiva del PDeCAT, pero la hasta ahora líder de la formación lo rechazó. En su despedida, la hasta ahora líder del PDeCAT dijo que pedía a Bonvehí que siguiese al frente de la formación y anunció que seguirá "fiel al partido que me lo dio todo en mi trayectoria política". Pero lo cierto es que ya se lo habían dado todo mascado. En realidad, Pascal resistió hasta límites insospechados, puesto que contra ella conspiraban las estructuras del Govern, los altos cargos que habían tenido el mando en Convergència y que ahora están ávidos de volver a 'tocar' poder y una parte de las estructuras del propio PDeCAT fieles a Puigdemont. Demasiados enemigos y demasiado poderosos.

Pascal, en la segunda jornada de la Asamblea Nacional del PDeCAT. (EFE)
Pascal, en la segunda jornada de la Asamblea Nacional del PDeCAT. (EFE)

Hacia la integración en la Crida

Durante la jornada de este sábado, además, los partidarios de Puigdemont forzaron la aprobación de una moción que prevé hacer efectiva la República "de manera inmediata", allanando el camino a las tesis de Puigdemont, cuyo eje estratégico es la confrontación con el Estado español.

Pero, además, la ponencia política aprobó hacer un llamamiento a todos los afiliados al PDeCAT para que se inscriban en la Crida Nacional de Puigdemont. Eso sí, ese llamamiento se realiza "a título individual y voluntariamente".

Porque la segunda parte de la maniobra de Puigdemont se iniciará tras el congreso de este fin de semana: una comisión formada por seis personas negociará cómo integrar el PDeCAT en la Crida Nacional. Los hombres del 'expresident' son conscientes de que una plataforma política no puede durar mucho tiempo funcionando si no tiene un partido político con su estructura detrás. Y lo que tratan de hacer es sustituir al PDeCAT por la Crida: se servirán de lo que queda de Convergència para construir otro partido que pretende ser 'transversal'.

La transversalidad es ficticia: la Crida de Puigdemont no es más que otro nombre de Junts per Catalunya (JxCAT)

Pero esa transversalidad es ficticia: la Crida de Puigdemont no es más que otro nombre de Junts per Catalunya (JxCAT), la firma con la que se presentó en las últimas elecciones. Y la transversalidad no viene dada por el hecho de que las demás familias independentistas apoyen el proyecto, sino porque incluye a amigos y personas de confianza del mismo Puigdemont, además de los militantes del PDeCAT.

La consecuencia de la victoria de Puigdemont es que ahora el 'expresident' tiene ascendencia no solo sobre el Gobierno, donde están sus amigos Quim Torra y Elsa Artadi, sino también sobre el partido, cuya cúpula estará dominada por sus fieles. Lo cual significa que el posicionamiento del Govern estará en sintonía con los postulados del fugado y, de rebote, con el partido que ahora controla este: radicalidad pura y dura y confrontación con el Estado. Los ultraindependentistas necesitan choque de trenes con el Estado español y hacia ahí se dirigen. Esa radicalidad se trasladará a la comisión de integración del PDeCAT en la Crida, donde quiere imponer a los exconsejeros que están encarcelados (Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn) y al exconsejero Lluís Puig, fugado en Bélgica.

Marta Pascal abandona la dirección del PDeCAT

"Lo que quiere con eso es liquidar el partido", critican fuentes oficialistas en declaraciones a este diario. Los partidarios de Puigdemont prometen que la comisión trabajará coordinadamente con la dirección del partido, pero los oficialistas del PDecAT no se fían ni un pelo, ya que consideran que, en cuanto pueda, el 'expresident' barrerá al partido y convertirá a la Crida en el nuevo y único instrumento de acción política.

Desde las filas oficialistas critican la obsesión de Puigdemont con Marta Pascal, a quien acusa de torpedear su defensa jurídica

"Pascal era partidaria de que la Crida eche a andar y de apoyarla desde el partido —argumentan a este diario fuentes postconvergentes—. Pero ha dejado claro al círculo de Puigdemont que el PDeCAT tiene vida propia, cosa que no choca con el hecho de concurrir a las elecciones junto a la Crida, realizar acciones conjuntas o mantener una estrategia paralela y unitaria. Pero el país necesita un partido fuerte".

Carles Puigdemont en una imagen de archivo. (Reuters)
Carles Puigdemont en una imagen de archivo. (Reuters)

Mucha 'guerra sucia'

El 'expresident' ha intentado utilizar todas las artimañas para desalojar a Pascal de la cúpula del PDeCAT: promovió el posicionamiento de los presos, alineándolos con sus tesis, prohibió al presidente de la Generalitat, Quim Torra, asistir al congreso de este fin de semana, e hizo que su mano derecha, Elsa Artadi (a la que obligó a romper el carnet del PDeCAT), amenazase a los altos cargos del partido con cesarles si no apoyaban sus tesis en el cónclave. Eso, sin contar la presentación de la Crida Nacional el lunes, solo unos días antes de que el congreso tuviese lugar. Y, para colmo, manifestó a una representación de alcaldes postconvergentes que le visitó en Alemania este miércoles que estaba dispuesto a irse del partido si Pascal sigue al frente. O sea, que no tendrá inconveniente en romper la formación para iniciar un periplo personal a partir de la Crida. Demasiada guerra sucia en solo unos días.

Desde las filas oficialistas critican la obsesión de Puigdemont con Marta Pascal, a quien acusa de torpedear su defensa jurídica al apoyar la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy. "Fue la gota que colmó el vaso. Puigdemont había dado orden de no apoyar esa moción. ¡Pues solo hacía falta que el PDeCAT apareciese como el que salva a Rajoy!", critican los contrarios al 'expresident'. Además, enfatizan que "Puigdemont no tiene argumentos contra Pascal. Todo es visceralidad". Lo que tiene en cuenta el mandatario es que su figura es uno de los principales activos que tiene el PDeCAT y juega con esa ventaja. Pero la línea vital, la esencia del partido, no está basado en un personalismo acérrimo: "El PDeCAT apuesta por la democracia interna. Y el absolutismo impide la democracia interna", argumentan. A buen entendedor…

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