PUIGDEMONT AMAGA CON 'DINAMITAR' EL PARTIDO

El PDeCAT inicia hoy un congreso en el que discutirá si se convierte en el PNV catalán

El cónclave tiene sus riesgos: el expresidente catalán Carles Puigdemont está dispuesto a dar la batalla para controlar el partido, aun a riesgo de estrellarse

Foto: La coordinadora general del PDeCAT, Marta Pascal (2d), durante la presentación de la iniciativa promovida por el expresidente catalán Puigdemont, Crida Nacional per la República. (EFE)
La coordinadora general del PDeCAT, Marta Pascal (2d), durante la presentación de la iniciativa promovida por el expresidente catalán Puigdemont, Crida Nacional per la República. (EFE)

El PDeCAT afronta desde este viernes y hasta el domingo la asamblea nacional (similar a un congreso) en que definirá su estrategia futura y elegirá una nueva dirección para pilotar la formación en una de las épocas más inciertas de la política catalana. La actual coordinadora general, Marta Pascal, se perfila como la indiscutible líder de la organización si no hay ninguna sorpresa de última hora. Pero el cónclave tiene sus riesgos: el expresidente catalán Carles Puigdemont está dispuesto a dar la batalla para controlar el partido, aun a riesgo de estrellarse. En caso de que no pueda, queda abierta la posibilidad de que se produzca una escisión y Puigdemont 'vuele' solo arropado por una nueva estructura que pondrá en marcha después del verano.

Pascal, que lleva las riendas de la formación desde su creación, en julio de 2016, no lo tiene fácil. Por un lado, su intención es aplicar el ‘modelo PNV’ a Cataluña, es decir, establecer una dirección fuerte en el partido y otra, diferente, en las instituciones, que esté controlada desde la formación. “Necesitamos un partido central, fuerte, de gobierno. Dentro de la efervescencia política actual, estamos permanentemente en guerra. Por tanto, se impone el posibilismo. Hemos de ser capaces de administrar el poder dentro de una cierta normalidad”, explican a El Confidencial fuentes internas del PDeCAT.

Este posicionamiento choca frontalmente con el de Carles Puigdemont, que quiere una dirección única (centrada en su persona), ávido del control de la estructura partidista y del Govern. El primer aviso fue hace unas semanas: el ‘expresident’ presentó el Moviment 1 d’Octubre, una plataforma de diputados de JxCAT afines a su figura como una estructura etérea. El pasado lunes, viendo que no tendría opción de vencer a Pascal en el congreso de este fin de semana, dio una nueva vuelta de tuerca y presentó la Crida Nacional per la República, otra plataforma que aspira a ser el núcleo de un nuevo partido que se formalizará el próximo otoño. Su intención es integrar al PDeCAT en él. O sea, dinamitar a la formación que no puede controlar.

Abandonar la unilateralidad

Además, ya ha avisado a Pascal de que si cambia el rumbo y la estrategia política, se dará de baja del PDeCAT. Y es muy posible que eso se materialice próximamente, porque el otro gran revés que espera al ‘expresident’ es la renuncia a su principal línea estratégica, que es la unilateralidad. El PDeCAT quiere abandonar esa senda para centrarse en gobernar y volver a ser el partido soberanista de referencia, como lo fue Convergència en sus buenos tiempos. “No renunciaremos a la independencia, exigiremos la libertad de los presos y la vuelta de los ‘exiliados’, pero abriremos las puertas a un diálogo con el Estado”, advierten desde el partido. Aquí se encuentra una de las razones principales por las que a Puigdemont no le interesará seguir dentro del PDeCAT si no lo controla: no puede ser que el ‘expresident’ se pase el día reclamando desobediencia, unilateralidad y confrontación con el Estado y su partido vaya por otra vía totalmente diferente.

En el PDeCAT creen que “la política la hace la gente. Se acabó la época de los personalismos, porque solo llevan a actuaciones absolutistas que llevan, en consecuencia, al populismo. Y el absolutismo impide la democracia interna”. Un aviso en toda regla a Puigdemont.

Un tercer punto de confrontación de Puigdemont con la estructura del PDeCAT reside en el hecho de que el ‘expresident' ha intentado por todos los medios apartar a Pascal y a su equipo de los puestos de responsabilidad. Para ello, no ha dudado en recabar el apoyo de la vieja guardia de Convergència, que no había podido mantener sus privilegios en el congreso fundacional de 2016, pero que ahora vuelve a conspirar.

Hombres de partido como los exconsejeros Josep Rull o Jordi Turull han sucumbido, finalmente, a los encantos de Puigdemont. También Francesc Homs, que visitó a los presos varias veces en las cárceles españolas y que ya ha realizado varias visitas a Lledoners y Pla d’En Basses. Algunas fuentes apuntan a que Homs “es la correa de transmisión de las órdenes de Puigdemont. Por ejemplo, fue él quien transmitió las órdenes esta semana para que Rull, Turull y Jordi Sànchez hiciesen pública una carta solidarizándose con la Crida Nacional de Puigdemont y llamando al PDeCAT a integrarse en ella. ¿Qué hace Homs entrando y saliendo casi a diario de la cárcel?”. Una persona cercana al exconsejero de Presidencia admite esas visitas, pero asegura que “le han escogido como el coordinador de las defensas y por eso su frenética actividad”.

La vieja guardia, al ataque

Pero, a estas alturas, nadie duda ya de que los intentos de Puigdemont han caído en saco roto. Su candidato a desplazar a Pascal, Joan Ramon Casals, alcalde de Molins de Rei, no cuenta con los votos necesarios para tomar las riendas del PDeCAT, y algunos apoyos públicos de dirigentes que en un principio se habían alineado con el ‘expresident’ se están pasando a la línea oficialista de Pascal. Pero a Puigdemont le quedan todavía cuadros fieles importantes dentro del partido, cuyos integrantes habían tenido, en su mayor parte, cargos importantes en gobiernos anteriores.

Incluso el mismísimo Artur Mas está jugando a dos barajas, apoyando algunas iniciativas de Puigdemont y dando oxígeno (poco) a Pascal. Y, por supuesto, le queda un núcleo acérrimo dentro del propio Govern, empezando por el presidente, Quim Torra (que no es militante del PDeCAT). En este terreno, Puigdemont también ha sido hábil y ha sabido atraerse a personas que antes eran consideradas “muy de partido”, como los consejeros Miquel Buch, Damià Calvet (hombre de confianza de Felip Puig) o Jordi Puigneró. En otras palabras, sus huestes no son para desdeñar.

A estas alturas, nadie duda ya de que los intentos de Puigdemont han caído en saco roto

Pero este alineamiento demuestra que, en realidad, quien apoya a Puigdemont es la vieja guardia de CDC, los cuadros que no pudieron acceder a los resortes de control en 2016. Y son reductos de CDC que Pascal quiere ver lejos de ella. “Se necesita un partido transparente, sin aromas de corrupción”, destacan desde la formación posconvergente.

Curiosamente, dentro del partido hay una sorda batalla entre dos generaciones de la Juventud Nacionalista (JNC), los cachorros de Convergència. Y Pascal, que es de las últimas generaciones, está enfrentada en esta ‘guerra’ a sus antecesores, como Jordi Cuminal, ex secretario general de la JNC, alineado con el ‘expresident’. Y también Miquel Buch, David Saldoni (alcalde de Sallent y presidente de la Asociación Catalana de Municipios), Víctor Puig (responsable de relaciones internacionales del PDeCAT) o el mismísimo Josep Rull, del bando de Puigdemont, habían tenido cargos de relevancia dentro de la JNC.

Cómo integrarse en la Crida

Pero la historia juega en contra del independentismo hiperventilado de Puigdemont y su núcleo duro. En el sector independentista está calando una idea muy cierta: “Hay una trama de personajes que juega con los sentimientos de personas para preservar posiciones de privilegio. Y hay que acabar con eso”.

El congreso del PDeCAT es entendido, así, como la puesta en funcionamiento de una estructura al servicio de unos ideales. “Sin una estructura que funcione, es imposible luchar para llevar a cabo sus objetivos políticos. El partido debe apoyar a los candidatos y no debe articularse a través de movimientos populistas o asociativos”. Y, ante las amenazas de Puigdemont, recalcan que “no hay nada más demócrata en un partido que el que los afiliados decidan votando cuál es el futuro de la organización”.

El cónclave tiene sus riesgos: Carles Puigdemont está dispuesto a dar la batalla para controlar el partido, aun a riesgo de estrellarse

Pascal dejará la puerta abierta a discutir cuál es la relación que ha de tener con la Crida Nacional. En algunos sectores del partido, se argumenta que “la nueva propuesta de Puigdemont no cuenta con el poyo de ERC, ni de la CUP ni de parte del PDeCAT. Es exactamente igual que Junts per Catalunya. ¿En qué se diferencia la Crida de JxCAT? En nada. Es lo mismo, es otro JxCAT pero con nombre diferente. Por tanto, nosotros debemos seguir en el mismo sitio”.

En consecuencia, el PDeCAT abrirá una vía de diálogo con el nuevo ‘invento’ de Puigdemont, “pero sin perder la personalidad propia”. Una de las fuentes consultadas por este diario se explaya más en esta cuestión y argumenta que antes de tomar cualquier decisión “ha de conocerse en qué forma se integrará en la Crida y el contenido de esta". "Y, por último, la relación debe ser validada por el voto de los afiliados”, añade.

En ese supuesto, Puigdemont no lo tendría fácil para diluir el PDeCAT dentro de su nueva plataforma.

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