insiste en su nuevo partido, Movimiento 1-O

Puigdemont rechaza presidir el nuevo PDeCAT y se aleja de sus compañeros

La asamblea que el PDeCAT celebrará el 20 de julio culminará con el alejamiento no solo físico sino oficial del 'expresident' de su antigua formación

Foto: El presidente de la Generalitat, Quim Torra (c), su antecesor en el cargo, Carles Puigdemont, y la consejera de la Presidencia, Elsa Artadi. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (c), su antecesor en el cargo, Carles Puigdemont, y la consejera de la Presidencia, Elsa Artadi. (EFE)

El ‘expresident’ de la Generalitat Carles Puigdemont ha dado calabazas a su partido. La mano tendida de Marta Pascal, coordinadora general del PDeCAT, para que sea el próximo presidente de la organización independentista ha sido rechazada de plano por el mandatario fugado, que de este modo se convierte en un ‘outsider’, un francotirador que tiene como prioridad absoluta la confrontación directa con el Estado español desde un nuevo partido.

El ofrecimiento fue realizado la pasada semana: tras el paso al lado de Artur Mas (presidente de honor) y de Neus Munté (presidenta, que se centrará en la batalla por la alcaldía de Barcelona), el sillón de presidente del PDeCAT estaba destinado a Puigdemont tras la conferencia nacional (o congreso) que el partido celebrará entre los días 20 y 22 de julio.

Pero eso parece quedar cada día un poco más lejos. La familia convergente ya no existe. Los distintos clanes que han florecido los últimos años han dado al traste con el principal partido de Cataluña y han sembrado el centro derecha del independentismo de reinos de taifas donde todos tratan de ser el referente. Pero con la negativa del ‘expresident’, las ya de por sí precarias relaciones de Puigdemont con el PDeCAT quedan tocadas de muerte. “Se ha rodeado de un círculo de radicales que no le hacen ningún bien. Pero el país lo que necesita en estos momentos no es más radicalidad, sino fuerza en sus convicciones y defenderlas en todos los foros y espacios”, aseguran a El Confidencial fuentes del PDeCAT.

Puigdemont se ha convertido en el último bastión del ultraindependentismo más irredento. Además, sus relaciones europeas escaman a sus hasta ahora compañeros de viaje por los posicionamientos ultraderechistas y xenófobos, como los de la Liga Norte o de los holandeses de NVA, que son los que le apoyan públicamente. “Una cosa es la firmeza y otra la locura”, se duelen desde el PDeCAT, mientras observan atónitos la deriva ultra del ‘expresident’.

La negativa a presidir el PDeCAT es uno más de los preocupantes síntomas de radicalidad de Puigdemont. “La decisión es firme, aunque no nos consta que haya presentado la baja como afiliado del PDeCAT”, señalan las fuentes. Pero en realidad, ya era un posicionamiento esperado. “Desde que los más radicales, como Agustí Colomines, montaron el Movimiento 1 de Octubre, ya sabíamos que eso podría ser el embrión de un nuevo partido, que sería una bala en la recámara que tendrían para amenazar con una escisión”, explica otra fuente del PDeCAT. Y añaden que “ha dicho que no a presidir el partido porque sabe que no domina el aparato y que sería un presidente más honorario que otra cosa, cuando lo que él quiere ser es el primer ejecutivo. Su meta es mandar, dominar. Y difícilmente lo puede hacer desde Alemania”.

Colomines es el ánima de esa nueva plataforma puesta a su servicio, que en principio nació para dar cobertura mediática a los diputados independientes de Junts per Catalunya, entre los que se encuentra su propia pareja, Aurora Madaula. Son los incondicionales de Puigdemont, que estarían dispuestos a traicionar al PDeCAT sin ningún remordimiento.

Su estrategia, dinamitada

Por el contrario, desde el PDeCAT aseguran que el partido “tiene palabra y tiene honor, y no romperemos JxCAT. Puigdemont seguirá siendo el presidente legítimo de Cataluña y estamos seguros de que en el momento en que quede libre de todas las acusaciones todavía tendrá un papel muy importante que hacer. Pero, de momento, no puede ser ‘president’. No se puede presidir un país desde la distancia”.

El congreso que el PDeCAT celebra dentro de tres semanas, por si fuera poco, va a enmendar aún más la plana a la estrategia de Puigdemont. “Lo que debemos hacer es olvidarnos de la unilateralidad, pero eso no implica no tener firmeza. El PDeCAT no tiene que renunciar a ninguno de sus principios. Queremos que el congreso sea el de la integración con todas las corrientes, en el que se haga un reconocimiento a la gente que está presa o exiliada, a la gente que lo está pasando mal. Y debemos nombrar una ejecutiva coherente y seria que ocupe la centralidad del país, dentro de los marcos existentes”, explica a este diario un cargo del partido.

De lo que deben huir es, añade, de “dar bandazos: hemos de integrar desde el catalanismo y el nacionalismo hasta el independentismo, pero desde una posición de firmeza, sin unilateralidad ni radicalismos de pose que no llevan a ningún sitio. Y no debemos confundir firmeza e ideas base dentro de un marco político con debilidad. Defenderemos la libertad de los presos y lucharemos para que queden libres, pero no estamos dentro de posiciones de radicalismo o de confrontación. Nuestra lucha ha de ser democrática y política”.

Ahí es donde chocarán con Puigdemont de nuevo, más proclive a alimentar la confrontación con el Estado español que a otra cosa. “Pero esas prioridades [las del expresidente] no tienen futuro —advierten desde el PDeCAT—. Crear estados emocionales positivos está muy bien, pero, a corto y medio plazo, eso no tiene futuro”. Ante esa disyuntiva, la figura de Puigdemont va divergiendo poco a poco de lo que era su partido y va convirtiéndose en el símbolo de una estrategia sin sentido. Por eso, con su negativa a integrarse en el organigrama del PDeCAT, el ‘expresident’ comienza a sentir la soledad del francotirador.

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