CÓMO PREPARA LA 'GUERRA' CONTRA EL ESTADO ESPAÑOL

Torra devuelve a la Generalitat a los tiempos de Puigdemont, pero con tácticas nuevas

El President quiere "recuperar el espíritu del 1 de octubre" y entre sus principales intereses está el control de los Mossos y el regreso de los cargos nombrados por Puigdemont y cesados con el 155

Foto: Quim Torra durante el concierto del 25 aniversario de ACEM. (EFE)
Quim Torra durante el concierto del 25 aniversario de ACEM. (EFE)

"Nuestra prioridad es la restitución del Govern". La frase fue pronunciada en más de una ocasión, tanto en público como en privado, por el actual presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra. Y resume muy bien el espíritu del nuevo Govern: una vuelta atrás, a los tiempos en que Carles Puigdemont apostaba por la confrontación con el Gobierno español para desgastarlo. Poco ha cambiado desde aquel Govern que iba a todo trapo avanzando con el 'procés' y el nuevo que surgió de las cenizas del artículo 155. El equipo es casi el mismo, pero Torra es un hombre cerebral que no caerá en los errores de su antecesor. O, al menos, eso dicen los que le conocen de cerca.

La trayectoria del antiguo Govern terminó abruptamente tras el referéndum del 1 de octubre y la proclamación de la República en el Parlament, hecho contrarrestado con la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que intervino la autonomía. De momento, lejos de aprender de los errores, Quim Torra lo tiene claro: lo suyo es "recuperar el espíritu del 1 de octubre". Por eso nombró como miembros de su Gobierno, en primera instancia, a los exconsejeros presos y huidos, manteniendo un pulso al Gobierno central que perdió a los pocos días.

Desde las filas independentistas se admite que el Govern de Quim Torra está manejado desde la distancia por Carles Puigdemont y la crispación del 'expresident' se deja notar. "Pero hemos de dar tiempo a Torra para ubicarse. Es una persona muy inteligente y sabe perfectamente lo que ha de hacer. Poco a poco, se desprenderá de la tutela de Puigdemont y calculamos que en otoño habrá cortado amarras definitivamente y tendrá libertad total para aplicar su propia estrategia", augura a El Confidencial una persona cercana al actual 'president'.

A Torra le falló su primer intento de restitución del Govern, pero supo encontrar solución: rescató lo que pudo de la antigua tripulación gubernamental y repartió sillones a los antiguos altos cargos que ya estaban con Puigdemont. Algunos, cesados por el 155, fueron incorporados a sus antiguos puestos. Otros fueron cambiados de consejería, en virtud del nuevo equilibrio de poderes entre JxCat y ERC. El ofrecimiento de Quim Torra a Josep Lluís Trapero para volver a ser el jefe de los Mossos d’Esquadra (que Trapero declinó) es una muestra de su compromiso.

El ex jefe de los Mossos d'Esquadra, Ferrán López. (EFE)
El ex jefe de los Mossos d'Esquadra, Ferrán López. (EFE)

El control de los Mossos es una de las principales patatas calientes sobre la mesa del 'president'. Los rumores de caza de brujas dentro del Cuerpo son cada vez más insistentes. Un comunicado de Fepol (el sindicato mayoritario de los Mossos) emitido este viernes, expresaba su malestar "por las formas con que el nuevo equipo del departamento de Interior está tratando a todas las instituciones que lo forman y, en particular al Cuerpo de los Mossos d’Esquadra". Asegura el sindicato que desde hace días "solo oímos hablar de ceses y de cambios futuros, que parecen responder más a razones de cuotas políticas o de venganzas del pasado que a razones estrictamente organizativas". ¿Habrá represalias contra los mandos policiales que pilotaron a los Mossos tras la aplicación del 155? Todo parece indicar que las cosas van por ese camino y de ahí la sorpresiva renuncia del jefe de los Mossos, el comisario Ferran López.

El rescate de los 'duros'

La estrategia de controlarlo todo y de tener a personal de máxima confianza en todos los puestos del organigrama es la prioridad del Govern. Medios de comunicación, Hacienda, Ciberseguridad y Mossos son las cuatro grandes áreas donde el Govern quiere un control absoluto. El nombramiento de Brauli Duart como secretario general de Interior (estaba de presidente de la CCMA) o el rescate de los 'duros' de Puigdemont para pilotar el área de Comunicación de Presidencia son señales que apuntan a que no habrá relajación en la tensión.

Antoni Molons tras prestar declaración en la comandancia de Barcelona en el mes de marzo. (EFE)
Antoni Molons tras prestar declaración en la comandancia de Barcelona en el mes de marzo. (EFE)

A Torra ya le va bien contar con ese núcleo duro, para lo que no ha dudado en crear nuevos cargos para dar entrada a personas que han estado trabajando al lado de Puigdemont los últimos meses: por ejemplo, Joan Maria Piqué, el responsable de comunicación internacional del 'expresident' huido. Piqué es, a partir de esta semana, director del Programa Internacional de Comunicación y Relaciones Públicas Eugeni Xammar, un cargo que ya ocupaba cuando fue cesado el pasado 28 de octubre. Ahora, vuelve a Presidencia con un salario de casi 80.000 euros. Lo mismo ocurre con Roc Fernández, exresponsable de Contenidos Digitales en Presidencia, cesado el pasado 28 de octubre tras la aplicación del 155. Torra también lo rescata con el mismo cargo y un salario similar al de Piqué. Pero también restituyó a Antoni Molons, destituido el pasado mes de marzo, tras su detención por la Guardia Civil debido a su implicación en la organización del 1-O. Molons es el nuevo secretario de Comunicación.

Fiel a esa idea, antiguos asesores, secretarios o directores generales han vuelto a la Generalitat como premio a su posicionamiento. En cierto modo, la circunstancia de estar investigado por un juzgado es un mérito para entrar a formar parte del organigrama de la Administración autonómica y cobrar, al mismo tiempo, suculentos sueldos del erario público. "No se puede echar en cara que quiera disponer del equipo que había, no solo porque es de su confianza, sino porque supo estar a la altura de las circunstancias", advierte a este diario un alto cargo desde el PDeCAT. Pero también reconoce que, en estos momentos, "Torra es un instrumento de Puigdemont".

Sede de la Generalitat en Barcelona. (Reuters)
Sede de la Generalitat en Barcelona. (Reuters)

"No queremos diálogo"

Los sustitutos de las vitales consejerías de Territorio, Presidencia o Vicepresidencia y Economía, en realidad, ya formaban parte del equipo de los encarcelados, por lo que los cambios, ideológica y operativamente hablando, han sido mínimos. De este modo, la Generalitat vuelve a estar en manos de los mismos que condujeron la situación hacia el conflicto rupturista del 1 de octubre. Pero hay una diferencia: el capitán no es el mismo. "Torra no es un kamikaze como Puigdemont. No está dispuesto a vulnerar la ley ni dará motivos para que pueda volver a aplicarse un 155. Habrá una manera de hacer distinta, que se irá desvelando con el paso del tiempo", advierten fuentes cercanas el Govern.

Pero hay un detalle que no ha de pasar desapercibido: desde la Generalitat no se pide diálogo al Gobierno central. No interesa. "Torra quiere negociar, que es una cosa muy diferente a dialogar. La negociación implica que tú te sientas con otro de igual a igual. Y eso es lo que se pide ahora desde Cataluña", admite una persona vinculada al actual presidente catalán. El propio 'president', muy activo en redes sociales, dejaba caer este viernes que "la relación entre Cataluña y el Estado español ha de ser bilateral, de gobierno a gobierno. Si el Gobierno del PSOE considera que no es urgente reunirnos y nos sitúa en el paquete de las comunidades autonómicas es que no ha entendido nada".

El 'president' no se ha cortado nada al admitir pública y privadamente que es preciso mantener la tensión y, esencialmente, la tensión en la calle

Con esa premisa encima de la mesa, la hoja de ruta solo pasa por otro pulso al Estado, aunque con nuevas reglas y distintas tácticas del Ejecutivo catalán. Porque el propio 'president' no se ha cortado nada al admitir pública y privadamente que es preciso mantener la tensión y, esencialmente, la tensión en la calle. "Eso es cosa de las organizaciones cívicas. A ellos les corresponderá en el futuro próximo movilizar a la ciudadanía. Desde el Govern, lo que se reclama es negociación con el Gobierno central para encontrar una solución política a un conflicto que es político". En resumen: la tensión estará en las calles; la negociación, en los despachos.

Y, más allá de que el 'president' actual devuelva a la Generalitat a la noche de los tiempos, sí tiene claro cuáles son sus prioridades: subrayar ante la opinión pública el espíritu combativo del Govern, que ni bajará la guardia ni está dispuesto a renunciar a sus principales peticiones: liberación de los presos y vuelta de los huidos, retirada de las acusaciones de rebelión y sedición y apertura de negociaciones para organizar un referéndum de independencia.

Cataluña

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